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Mucho deploro todas las turbulencias que zarandean a la Universidad estatal, la que transita como maltrecho navío en medio del estrecho de la crisis de credibilidad, de transparencia, de certeza. Y no va mi lamento porque ganen unos u otros, o porque se decrete o no un amparo provisional. Tan reducida información interna sale a luz de ese laberinto que ignoro cuáles son las fuerzas reales, detrás de los rostros de los que visten de librea. No me decanto por ninguna corriente, no es ese mi punto, como sí lo es, quejarme de la toxina del ambiente, impropio de tan noble casa de estudios. Repito, ignoro quiénes son los que verdaderamente manipulan los hilos. Quisiera poder profundizar más en el tema, pero tengo limitaciones, en primer lugar la poca información articulada y fiable con que dispongo. Solo puedo acceder a lo que comparten los medios y, desafortunadamente también, las redes sociales. Son muy confusas las noticias que circulan: Que si las acreditaciones, que si los cuerpos electorales, que si la validez de los votos, que si las facultades, que si el CANG, amparos van y vienen, gases lacrimógenos, disparos, grupos de choque, fuerzas de seguridad privada, etc. etc. Por otro lado, me limita el hecho de que he colaborado con varias universidades privadas y actualmente sigo, desde hace varios lustros, con mi alma mater, no como empleado sino como catedrático, que no es lo mismo (una distinción laboral que ampliaré en otra ocasión). No pretendo que estas notas luzcan como una crítica enderezada contra la Usac, a la que le guardo hondo aprecio. No lo es, por cuanto no me refiero a la institución sino a su institucionalidad y tampoco es una crítica a los graduados. Ciertamente las universidades privadas han venido preparando profesionales de alta escuela. Después de todo se trata de ubicarlos en un mundo de competencia, como todo en la vida. Son jóvenes que quieren destacar en la vida y casas de estudio que procuran mejorar sus estándares. Alguien me dirá que, en las privadas, “hay pisto”. ¡Ciertamente lo hay! y precisamente la gente con pisto procura protegerlo y educar, en técnicas y en ética, a quienes habrán de resguardar ese dinero. Por otra parte también hay pisto en la Usac, para empezar un 5% del presupuesto, también hay pisto para reservar, por segunda ocasión, un hotel de 5 estrellas (realmente 6 estrellas) en La Antigua; para vuelos en helicóptero, etc. Y otro día hablaremos de los sueldos, aún de catedráticos que no llegan. No es pues, cuestión de pisto.  

Con todo, me siento plenamente autorizado para compartir estos comentarios por cuanto pago mis impuestos. También como académico me ocupo de la situación nacional y espero investigaciones profundas de las realidades nacionales de todo orden: ingenieros, doctores, arqueólogos, sociólogos, antropólogos, etc. Por último, como ser humano me solidarizo con esos con esos inquietos jóvenes bachilleres, mis compatriotas, que procuran una educación de calidad para culminar sus proyectos de vida, para justificar el esfuerzo de muchas familias humildes, de madres solteras, de adolescentes que han tenido que labrar su camino desde temprana edad. Pero también, como guatemalteco, espero que una generación de profesionales en favor de una sociedad sana, responsable, productiva, satisfactoria para todos los habitantes.

Hay algo más, he dicho en repetidas ocasiones que soy “medio nica”. Mi madre siempre quiso estudiar medicina y en ese entonces –cerca de 1946– la facultad de Medicina de la USAC era el faro que iluminaba la parcela centroamericana. En León había una prestigiosa escuela de Medicina pero nada se comparaba a las luces de la hoy centenaria. Se vino a estudiar y uno de sus profesores fue el Dr. Fernández Mendía. El resto es historia. Por mi parte estudié Arquitectura hasta que, por otras turbulencias, hubo “huelga de reestructuración” y la facultad se cerró por más de año y medio. Mejor me pasé a estudiar otra carrera a una universidad privada. 

La casa de estudios superiores fue un sueño del obispo Marroquín, allá por 1560 pero no se pudo materializar hasta un siglo después por la iniciativa de otro obispo, fray Payo Enríquez de Rivera (el mismo que trajo la imprenta). Para quedar bien con el rey Carlos II, se le puso el nombre de su santo patrono, Carlos de Borromeo, cardenal del norte de Italia, muy activo en la Contrarreforma protestante, quien había sido canonizado medio siglo antes, en 1610. Pero el nombre tan religioso no le pareció a Justo Rufino Barrios y lo cambió a Universidad Nacional de Guatemala. Por su parte, para el Benemérito de la Patria fue propicio ponerle Universidad Estrada Cabrera. ¡Qué tal! En la Constitución de 1945 se volvió al nombre original que actualmente ostenta. En todo caso, significa un elemento de equiparación, de apertura en favor de la población necesitada del país. En el contexto social, al igual que en la geología, se forman capas que se van compactando. En este sentido, la universidad pública viene a ser una especie de arado que rompe esa estratificación y permite que asciendan a la superficie aquellos estratos que de otra forma no tendrían posibilidad. La reja del arado debe cortar horizontalmente las capas de tierra, por eso debe tener firme filo. Tal era la función de la Usac.

Muchos rectores, en décadas recientes, han engrandecido el nombre de la Universidad. Federico Mora ¿algo les recuerda el nombre?, Carlos Martínez Durán, Rafael Cuevas del Cid, Edmundo Vásquez Martínez, Saúl Osorio, Mario Dary, Raúl Valdeavellano, entre otros. Y se inspiraron en las elevadas aulas muchos grandes personajes, por mencionar unos pocos, entre miles destacados: Rafael Landívar, Matías de Córdoba, Antonio de Larrazábal, José Cecilio del Valle, Mariano Gálvez, destacado catedrático y Cirilo Flores.

Entiendo la tendencia a una universidad estatal: facilitar el estudio a sectores necesitados. En ese sentido ¿qué tal sería considerar en una reforma constitucional, la posibilidad de que hubiera dos o más universidades públicas? Que sean los jóvenes quienes escojan, ello obligaría a los dirigentes a una superación constante. En todo caso que gane quien tenga más votos, pero en elección abierta, democrática, civilizada.   

“Id y enseñad a todos” es el lema de la Usac. Quien dijo esas palabras también proclamó: “Buscad la verdad y la verdad os hará libres”. ¿Qué significa eso? Pues que cada quien emita su opinión, por eso necesitamos formar a jóvenes, que sean los que reflexionen y no sean meras esponjas que absorban conocimientos; al contrario, mentes inquietas que cuestionen, que duden. Que, sobre todo, que defiendan sus intereses sociales porque yo, me encuentro en la tercera línea y si quienes están al frente no hacen nada. ¡Qué le vamos a hacer!

 

Luis Fernandez Molina

luisfer@ufm.edu

Estudios Arquitectura, Universidad de San Carlos. 1971 a 1973. Egresado Universidad Francisco Marroquín, como Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales (1979). Estudios de Maestría de Derecho Constitucional, Universidad Francisco Marroquín. Bufete Profesional Particular 1980 a la fecha. Magistrado Corte Suprema de Justicia 2004 a 2009, presidente de la Cámara de Amparos. Autor de Manual del Pequeño Contribuyente (1994), y Guía Legal del Empresario (2012) y, entre otros. Columnista del Diario La Hora, de 2001 a la fecha.

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