Refutación de Samuel Pérez enviada a La Hora
Foto La Hora

El diputado Samuel Pérez envió a La Hora un correo electrónico dirigido a la directora editorial, Doménica Velásquez, y a la jefa de Redacción, Grecia Ortíz. La carta, sin destinatario específico, responde a la nota titulada: «Cómo las acciones de Samuel Pérez fracturaron al oficialismo y activaron al lobby antiembajada» y al editorial de este medio «Información ante todo«.  A continuación, se publica íntegro el documento:

«La Hora fue, durante muchos años, un medio de comunicación de referencia, con rigor periodístico y una línea editorial crítica frente al poder y las estructuras criminales.
Hoy, lamentablemente, ya no está ni cerca de lo que fue.

En la actualidad, el diario parece haberse transformado en una cuenta de redes sociales que, si bien cuenta con reporteros muy profesionales, responde a una línea editorial errática, más cercana al ánimo personal de su director, Pedro Pablo Marroquín, que a una postura consistente de fiscalización de los actores de poder.

En esta ocasión, y haciendo uso de mi derecho constitucional de aclaración y rectificación, me referiré específicamente a la cobertura dirigida hacia mi persona.

Desde finales de 2024, han aparecido publicaciones con titulares provocadores y un tratamiento inusual hacia mí, construidos sobre tres narrativas que considero falsas y profundamente distorsionadas.

La primera busca encasillarme como un actor radical responsable de una supuesta fractura irreconciliable entre el Gobierno y Semilla, ahora Raíces. Esto no solo es incorrecto, sino contrario a mi actuación pública. No existe un solo discurso, declaración o publicación mía que promueva una ruptura con el Gobierno; por el contrario, mis intervenciones han estado orientadas a respaldar el proyecto político del gobierno, desde mi rol que corresponde al Congreso, reconociendo plenamente que la ejecución corresponde al Presidente y su equipo.
Esta narrativa resulta particularmente dañina porque pretende instalar una idea de división entre fuerzas democráticas, beneficiando a quienes buscan debilitar ese espacio.

Un ejemplo de esta línea editorial es el titular: “Frente al discurso de choque de Samuel Pérez por la CC, analista llama a evitar la radicalización”. En dicha nota, se consulta a una sola persona y el contenido se limita a cuestionar nuestras actuaciones para evitar la reelección de Roberto Molina Barreto en la Corte de Constitucionalidad. No hay mención alguna al lobby internacional pagado por CACIF en Washignton, a las presiones diplomáticas locales ni a los actores políticos que sí lograron colocar en la CC a un defensor de maras, narcos y China.
Otro titular en esta misma línea, incluso llevado a portada, fue: “Acciones de Samuel Pérez que provocaron una fractura en Semilla y la intención de un nuevo partido”.
Aquí cabe preguntarse: ¿a quién beneficia la construcción de esta narrativa de división, y por qué un medio como La Hora la promueve aun sabiendo que carece de sustento?

La segunda narrativa intenta vincularme, de forma muy forzada, con el diputado Luis Aguirre, atribuyéndome responsabilidades por sus decisiones y acciones. Mi relación con él ha sido estrictamente política y puntual, limitada a la coordinación de votos en temas específicos dentro del Congreso para impedir la victoria de Allan Rodriguez, Felipe Alejos o Alvarito Arzú.

Sin embargo, se han publicado titulares como: “Samuel Pérez empoderó a Luis Aguirre; Bernardo Arévalo y Gobierno ahora ven las consecuencias”, o “Los apoyos de Luis Aguirre, Samuel Pérez y Roberto Arzú complican la candidatura de Rony López para la CC”.

Aquí resulta legítimo cuestionar si es casualidad que La Hora tenga exactamente la misma narrativa que el blog de Rodrigo Arenas llamado República GT.

La tercera narrativa es la más grave. En ella se intenta vincularme con supuestas operaciones corruptas y golpistas. Más allá del daño reputacional, esto representa una falta ética profunda, y evidencia que La Hora dejó de ser el medio serio y riguroso que alguna vez fue.

La nota titulada “Cómo las acciones de Samuel Pérez fracturaron al oficialismo y activaron al lobby antiembajada” constituye un ejemplo preocupante: se omite la mayor parte de mis declaraciones y, basándose en una sola fuente anónima, se me atribuyen hechos de corrupción sin prueba alguna, acusándome directamente del control de pagos irregulares en el Ministerio de Comunicaciones y liderar intenciones de remover al Presidente Arévalo para promover a la Vicepresidenta Herrera.

Nada más alejado de la realidad. Mis convicciones y mi actuación pública ha estado consistentemente orientada a combatir la corrupción y evitar un golpe de Estado. Como resultado de ello, he enfrentado múltiples acciones legales, más de una docena de solicitudes de retiro de antejuicio, la cancelación arbitraria de mi partido y bancada, el bloqueo de la posibilidad de ocupar la presidencia del Congreso, comisiones de trabajo y la entrada a jefes de bloque. He sido objeto de seguimiento con el objetivo de publicar mi vida privada en redes sociales, además de recibir constantemente diversas formas de presión y amenazas.

En ese contexto, que se me pretenda vincular con prácticas que he combatido frontalmente resulta inaceptable.

No sé si estas notas están motivadas por un capricho personal de Pedro Pablo Marroquín, por su amistad con Ricardo Quiñonez, por la pauta que reciben de la Muni, o por la cercanía con sus clientes como abogado privado, que incluyen a algún expresidente de CACIF o inmobiliarias vinculadas con la Muni.

He sido, y seguiré siendo, respetuoso de la existencia de medios de comunicación críticos, incluso de aquellos con líneas editoriales contrarias a mis posiciones políticas, ideológicas e incluso personales. Ese es el costo de asumir cargos públicos pero es también la virtud de la vida en democracia.

Sin embargo, cuando el contenido publicado deja de cumplir estándares mínimos de rigor y un intento de nota periodística no se puede distinguir entre si la escribe La Hora, República GT, Xela News o Vader, entonces esto ya no se llama periodismo, se llama propaganda con objetivos políticos y aquí sí toca alzar la voz.

Ojalá, así como han llevado un conteo riguroso de los días que el MP no investiga a Giammattei o Miguel Martínez, lo llevaran también de los días que La Hora no cuestiona a los Unionistas, particularmente al alcalde Ricardo Quiñonez, sus satélites de CREO, o bien directamente a CACIF. Cuestionar a los actores de poder debería ser el estandarte de los medios de comunicación democráticos.

Escribo estas líneas con el objetivo de aclarar hechos y defender mi nombre. Estoy consciente que he cometido errores y, como cualquier persona, puedo cometerlos en el futuro.

Por eso, como funcionario público, me someto a la crítica y al escrutinio, siempre y cuando se base en hechos y no en interpretaciones antojadizas. Los medios de comunicación no son un adversario a derrotar, pero la difusión de propaganda y desinformación sí son hechos que no debemos consentir ni dejar impunes.

Samuel Pérez Alvarez»

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