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Semana Santa es momento preciso y precioso para visitar el Altiplano. Sumergirse en ese conjunto armonioso de montes verdes y pueblos originales. Hace unos años los campos eran mantos labrados donde se tejían los colores del trigo: amarillo, verde y dorado. Ya no. Las casas de adobe y teja se las llevó el terremoto. Las remesas trajeron estilos entrecruzados donde predominan los vidrios de colores, balaustradas, arcos, azulejos vistos, etc. Los paisanos que desde el extranjero quieren exponer su éxito en las tierras del Norte. Bien por ellos y sus familias. Y a pesar del crecimiento desordenado que afea la vista, los basureros y las talas de bosque, el Altiplano sigue embrujando con su magia. Con el aire frío con aroma de pinos. Sigue siendo bello y un paseo digno de transitar. Y el medio del Altiplano, que es la caja, está la alhaja que es Xelajú, la ciudad de las 10 colinas.

A cualquier visitante en estos días (pero especialmente en septiembre de cada año) le llamará la atención que en las calles de Xela ondean dos banderas: la blanca y azul (o celeste) de Guatemala, a la par de otro emblema de colores azul, blanco y rojo, en disposición horizontal. Es la bandera orgullosa de lo que fue un estado. En 1838 existía la Federación de Centroamérica. Cinco eran los estados originales, pero en ese año, Quetzaltenango se declaró oficialmente como un estado independiente bajo compromiso federal: el Sexto Estado de la Federación (o sea formado dentro de la unión), el Estado de Los Altos –que reclamaba su propio territorio que hasta entonces compartía con el Estado de Guatemala.

Pero la situación de la Federación era caótica y se fue desmembrando. Al separarse el Estado de Guatemala su gobernante, el “Adorado Caudillo de los Pueblos” (¡cultura de sobalevas!) ordenó la reintegración del territorio nacional por una expedición militar a occidente, en lo que allá se registró como “la invasión del Estado de Los Altos”. Rafael Carrera ocupó Quetzaltenango el día 27 de enero de 1838, redujo a prisión al jefe de gobierno del Sexto Estado, Marcelo Molina y a los miembros de su Gobierno y declaró reincorporado aquel Estado al de Guatemala. El 2 de abril ordenó que fueran fusilados todos los miembros de la Municipalidad de Quetzaltenango, a quienes se considera “Los Mártires del Sexto Estado”. Mientras esto sucedía en occidente, el general Francisco Morazán, hondureño y liberal (a diferencia de Carrera), reiniciaba la guerra en contra de Guatemala, con el objeto de derrotar a los conservadores (más inclinados a la independencia de cada Estado) y restablecer la Federación. Llegó a la capital, que salvajemente saqueó, el 18 de marzo de 1840. Por decirlo así Rafael Carrera tenía dos frentes, uno en occidente con el objeto de restituir el Estado de Los Altos y uno en oriente para oponerse a Morazán que a su vez quería reincorporar al estado guatemalteco a la federación. Finalmente, Carrera contraatacó y Morazán rompió el sitio en la madrugada del 19 de marzo y se dirigió a El Salvador. Una vez controlado el “frente oriental” Carrera se concentró en el Occidente y ordenó en 1840 que formalmente se anulara el Sexto Estado al de Guatemala. Pero en julio de 1848, un año después de la creación de la República de Guatemala, se volvió a proclamar el Estado de Los Altos pero de eso hablaré en otra ocasión.

Recapitulando: A) La creación del Estado de Los Altos fue una realidad de hecho y jurídica que se hizo en el marco legal, conforme la vigente Constitución Federal; B) La iniciativa no fue promovida ni alentada por caudillo o dictador, fue una decisión del pueblo; C) El 2 de febrero de 1838, dicho pueblo quetzalteco, consciente y orgulloso de su importancia y laboriosidad se reunió “con el fin de promover su propia felicidad y la de los pueblos de Los Altos” y “motivada por el abandono y falta de atención de la capital, que se había convertido como en la actualidad en un succionador de las riquezas de los demás departamentos” (sic); D) En la fría madrugada del 2 de abril de 1838, Carrera ordenó la ejecución, en el Parque Central, de los principales cabecillas del Sexto Estado. Dicen las crónicas que, mientras sonaron los disparos, Carrera estaba tranquilo, tocando una guitarra.

Los “chivos” ondean con mucho orgullo su bandera tricolor (primera bandera en cuyo escudo aparece un quetzal). No es un gesto de rebeldía ni separatista. Nada que ver (como la bandera confederada en Estados Unidos). Lo hacen como un símbolo de pertenencia, como muestra del apego a su tierra, la que comparten con el resto de la nación guatemalteca.

HONOR A LOS MÁRTIRES ALTENSES DEL 2 DE ABRIL DE 1840

Sonaron veinte disparos
antes de romper el alba
de rojo la madrugada
rompió la paz de la noche.

Los chivos de Olintepeque
se levantaron de golpe
y por los llanos de Urbina
relinchaban los caballos.

¿Escuchó doña Chonita
esos tiros hoy temprano?
¿A quién quitaron la vida
antes de que el sol los viera?

Fueron 18 valientes
que su torso descubrieron
sin temor a los fusiles
con el rocío en sus labios.

¿En qué delito incurrieron
para que así los castiguen?
Ningún delito, Mercedes
cometieron esos hombres.

Entonces ¿por qué el aliento
arrancaron de sus pechos
temprano por la mañana
en una esquina del parque?

Si acaso falta incurrieron
fue defender a su tierra
y sin cuartel se opusieron
a quien venía de oriente.

Ni un paso atrás y de frente
sin juicio previo, ni audiencia,
fueron pasados por armas
por órdenes de Carrera.

¡Ay! Comandante Carrera
¡Ay! “Adorado Caudillo”
Que pronto tengas tu juicio
Que dicten ya tu sentencia.

Las aguas del Xequijel
Volvieron a teñir de rojo
Y 10 caciques bajaron
De los 10 cerros del valle.

Llevaban como mortaja
la bandera tricolor.
Y cuando asomó la luna,
lloró lágrimas de plata.

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