En las últimas semanas, la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) ha vivido un despertar colectivo sin precedentes recientes. Lo que comenzó como una resistencia estudiantil y docente contra la continuidad del usurpador a la rectoría Walter Mazariegos —cuyo acceso al cargo en 2022 fue denunciado ampliamente como fraudulento— se ha consolidado en un movimiento que trasciende los muros universitarios y se perfila como un actor social clave para la democracia guatemalteca.
Recordemos los hechos de 2022: en mayo de ese año, solo un puñado de electores (alrededor de 72 de 170) pudo participar en el Parque de la Industria, bajo un clima de exclusión de planillas opositoras (SOS Usac y Avante), presencia de grupos armados y represión que impidió el voto libre. La Corte de Constitucionalidad validó posteriormente el proceso al denegar amparos, pero las irregularidades —incluyendo la inclusión de Mazariegos en la Lista Engel del Departamento de Estado de EE. UU. por socavar la democracia— siguen siendo denunciadas por sectores independientes.
Desde entonces, el Consejo Superior Universitario (CSU) ha operado con graves anomalías: consejeros en cargos vencidos o vacantes sin renovación pese a órdenes judiciales, bloqueo a representantes electos legítimos (como el estudiante de Ingeniería) y un control mayoritario alineado con la administración actual. Sin embargo, el proceso electoral para el rectorado 2026-2030 ha roto esa inercia.
En febrero de 2026, las elecciones de cuerpos electorales estudiantiles y docentes en las 10 facultades marcaron un punto de inflexión. Planillas opositoras lograron victorias contundentes en facultades clave: Medicina, Farmacia, Veterinaria, Arquitectura, Ciencias Económicas, Ciencias Médicas y otras. En este momento la oposición tiene12 cuerpos electorales (equivalentes a 60 votos en el Cuerpo Electoral Universitario), frente a solo 5 del oficialismo (25 votos). Con 31 cuerpos electorales vigentes en total, Mazariegos necesitaría al menos 21 para reelegirse (dos terceras partes). Matemáticamente, su continuidad ya no es viable sin maniobras extraordinarias —como anulaciones selectivas o exclusiones, que ya se denunciaron en casos como Odontología y Farmacia.
Esta primera semana de marzo es decisiva porque los colegios profesionales eligen sus cuerpos electorales. Algunos colegios han sido históricamente cooptados por grupos minoritarios, imponiendo requisitos ilegales o bloqueando planillas opositoras. Sin embargo, a diferencia de 2022, los amparos judiciales están funcionando mejor, y la participación ciudadana crece.
El movimiento estudiantil universitario ya no es solo estudiantil: ha contagiado a docentes, egresados y sectores profesionales y hasta a la misma población. Precandidatos como Hada Alvarado (exdecana de Química y Farmacia), Rodolfo Chang (exdecano de Veterinaria), Marco Vinicio de la Rosa Montepeque (Dignidad y Rescate) reflejan un movimiento de transparencia y autonomía real. Su emergencia refleja un hartazgo más amplio contra la corrupción que vincula al “Pacto de Corruptos”, el debilitamiento institucional post-CICIG y la captura de instituciones clave.
Convertir este impulso en un movimiento social sostenido es la tarea urgente. La USAC no es solo una universidad: nombra magistrados, representantes en el IGSS, influye en políticas públicas y forma a generaciones de líderes. Recuperarla puede ser el catalizador para desmantelar redes de impunidad y fortalecer la democracia guatemalteca.
A los egresados sancarlistas: esta semana su voto en los colegios profesionales definirá si la Usac regresa a la sociedad o permanece capturada. A la ciudadanía: vigilemos, exijamos transparencia y apoyemos la organización colectiva. La honestidad y la valentía ya han derrotado matemáticamente al usurpador en las facultades; ahora toca sellar esa victoria en los colegios profesionales y en las urnas del 8 de abril.
No es solo por la Usac, es por Guatemala. Si no actuamos ahora, con unidad y organización, el cambio puede dilatarse décadas: Recuperemos nuestra universidad pública, nacional y autónoma. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca,







