0:00
0:00

Principiará una vez más, la guerra de los chismes; es decir, de los comentarios en los cuales siempre irán punteando en las encuestas los candidatos que, por medio directo o partidario hayan contratado los servicios de las supuestamente honestas, correctas y verídicas empresas publicitarias que se dedican a esa clase de trabajos, especialmente en épocas de campañas políticas.

La comentocracia es un término usado frecuentemente para definir al grupo de analistas, columnistas y comentaristas de los medios que influyen en la agenda pública, polarizan el debate y defienden los privilegios de sus patrocinadores políticos y económicos.

Su objetivo: demostrar a la población lectora, radioescucha, televidente o cibernética potencialmente en condición de voto, la supuesta aprobación de las masas para los candidatos a cargos de elección popular; indicando que su margen de error es mínimo.  Pero más allá de las estadísticas en sí, se deberían cuestionar los marcos de referencia de la comentocracia para observar e interpretar la realidad política.

Convendría a los ya perfilados candidatos realizar cambios y referentes en su lenguaje, que sus análisis no descalifiquen a otros candidatos con esquemas político-mentales tradicionales como: marxista, comunista, guerrillero, prosoviético, chavista, neoliberal, liberacionista, conservador, nazista, genocidas, retrógrado, militarista, corrupto, anticomunista, ladrón, hueco o lesbiana y demás etiquetas que aún persisten en el imaginario guatemalteco cual si fueren herederos de dichas doctrinas o corrientes políticas.

Cada uno de esos adjetivos tiene marcos de referencia concretos y su uso por la comentocracia pretende definir la postura ideológica, religiosa, económica y social de los candidatos, para defender o criticar el saqueo del erario nacional, combatir la corrupción y mantener los privilegios que se autorrecetan los funcionarios públicos entronizados en el ejercicio del poder.

La comentocracia niega que la corrupción, privilegios, impunidad, complicidad y privatización de los recursos nacionales sea un tema de interés público; además, sigue reciclando con arrogancia política e ideológica los marcos de referencia viejos e inútiles que se niegan a entender los cambios del contexto global cambiante en que nuestra sociedad está inmersa

Que todo siga igual, como fue en las anteriores administraciones es lo que esperan los comentócratas que han vivido muchísimos años de la fafa gubernamental, es decir: desean seguir replicando el modelo neoliberal sin miramientos de ninguna clase, sin una verdadera oposición que pudo haber funcionado como importante contrapeso para lograr una política de beneficio social en general y no sólo para los financistas, exfuncionarios y empleados públicos que asaltaron el erario de forma vulgar, inmisericorde e ingrata.

Se pretendió justificar que la administración del Estado haya distribuido recursos públicos a determinadas instancias privadas surgidas como resultado de supuestos procesos democráticos; léase: oenegés y asociaciones fantasmas, en pocas palabras, el predominio del neoliberalismo empequeñeció al Estado, abrogó funciones sustantivas y vitales como la energía eléctrica, promocionó  empresas comerciales y mercantiles de carácter privado financiadas con recursos públicos para supuestamente suplir las ausencias del Estado mismo.

En general, la connivencia y complicidad de las pasadas administraciones gubernamentales, tuvo como objetivo el simular atención a determinados problemas sociales, pero en realidad fue para privatizar el dinero público en negocios y esquemas de enriquecimiento privado.

En tiempo de campaña, todos los candidatos se creen “muy de a huevo” y prometen resolver todos los problemas que aquejan a la población; para ello, se nutren de la comentocracia que les favorece y se pavonean cuando sus empleados de confianza les transmiten la supuesta admiración de la población por su pasado; de forma ilusa creen en la veracidad de la comentocracia que les hacen llegar o escuchar.

Fernando Mollinedo

mocajofer@gmail.com

Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

post author
Artículo anteriorDe la resistencia universitaria a la recuperación democrática: El momento decisivo en la Usac
Artículo siguienteMundial 2026: Qué pasa si Irán decide no participar y cuáles selecciones podrían sustituirla