En un momento crucial para Guatemala, donde el presidente Bernardo Arévalo enfrenta desafíos para consolidar la democracia, la resistencia universitaria emerge como un faro de esperanza. Mientras el Ejecutivo navega entre promesas y realidades, la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), nacional y autónoma, muestra signos de recuperación gracias al esfuerzo colectivo de estudiantes, docentes y ciudadanos comprometidos. Nuestra historia guatemalteca está marcada por la resiliencia y la lucha contra la corrupción, cualidades que el actual gobierno podría potenciar para honrar las expectativas depositadas en él tras años de gobiernos manipuladores y autoritarios.
Arévalo asumió el poder en enero de 2024 con un mandato claro: desmantelar las estructuras corruptas heredadas. Sin embargo, a más de dos años de su administración, persisten interrogantes sobre su determinación para confrontar directamente al «Pacto de Corruptos», una red de influencias que ha cooptado instituciones clave.
El año 2026 ha iniciado con batallas emblemáticas por la justicia. En el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG), un grupo de profesionales del derecho se postuló para integrar la comisión de postulación al Tribunal Supremo Electoral (TSE). Apoyados por colegas de diversas disciplinas, candidatos como Gregorio Saavedra y Edgar Ortiz recibieron un respaldo significativo. Aunque el proceso culminó en un listado de 20 aspirantes controlado por figuras cuestionadas —incluyendo al rector usurpador de la USAC y rectores de universidades privadas como la Panamericana y la Francisco Marroquín—, esta lucha resalta la necesidad de reformar las comisiones de postulación.
Posteriormente, en la elección de magistrados para la Corte de Constitucionalidad (CC) por parte del CANG, la contienda fue intensa. A pesar de intervenciones controvertidas del Ministerio Público (MP) y la exclusión ilegal de profesionales de ciencias afines por la CC, prevaleció la democracia. La elección de Astrid Lemus, a menudo etiquetada como «oficialista» en narrativas polarizadas, representó un revés para candidatos vinculados al Pacto de Corruptos, quienes han contribuido al deterioro académico de la USAC. Estos eventos, aunque no perfectos, demuestran que la resistencia organizada puede erosionar el control de las mafias.
La lucha más inspiradora se desarrolla en la USAC, donde estudiantes y docentes, en una resistencia digna y persistente, avanzan hacia la elección de un nuevo rectorado capaz de restaurar la excelencia académica. El Pacto de Corruptos ha perdido terreno: la fiscal general Consuelo Porras no ha podido mantener su influencia sobre la institución, debilitando la impunidad que antes la amparaba.
No obstante, los desafíos son estructurales. El Consejo Superior Universitario aún incluye miembros con mandatos vencidos, lo que podría repetir irregularidades electorales pasadas, como la exclusión de opositores. Para superar esto, urge una reforma profunda: limitar el rol de la USAC y de todas las universidades en comisiones de postulación políticas, priorizando su misión educativa.
Urge crear un sistema nacional de educación superior que enfoque las universidades en investigación y docencia, no en politiquería, con financiamiento basado en méritos y no en lealtades.
En resumen. La resistencia universitaria es inspiradora, pero el problema de la USAC y de las universidades guatemaltecas requiere de una profunda reforma a través de la creación de un verdadero sistema de educación superior que puedan enfocar a las universidades guatemaltecas en la vida académica, no en la politiquería. Eso urge y eso puede ser una propuesta suya señor presidente. La academia no puede quedar abandonada a su suerte para ser cooptada por corruptos. Es hora de cambiarla. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.







