Actualmente, en el Congreso de Guatemala se discuten las iniciativas de ley 6531, impulsada por la diputada Sandra Jovel y la Comisión de Comunicaciones del Congreso; y la 6541, impulsada por la Cartera de Comunicaciones.
Ambos frentes buscan “impulsar” el desarrollo del país. Sin embargo, al analizarlas con mayor detenimiento, ambas presentan falencias importantes. La iniciativa 6531 no es una ley de modernización de puertos, sino que es una modificación al sistema nacional de contrataciones públicas, para darles, según la ley, mayor estructura y uniformidad al sistema de compras y contrataciones del Estado. En el caso de la iniciativa 6541, aunque la misma sí es una ley general de puertos, más parece un “Frankenstein legal” que una ley diseñada para atender las necesidades presentes y futuras del sistema portuario nacional.
Al final del día, como es usual entre los miembros del Ejecutivo y el Legislativo, gobierne quien gobierne, lo que buscan es tratar de llevar agua a su molino con estas iniciativas para catapultar su campaña presidencial, en el caso de la exministra de Relaciones Exteriores de Jimmy Morales, y de intentar lavar su deterioradísima imagen, en el caso del presidente Arévalo y su ministro Díaz, ponente de la iniciativa 6541.
Como es la costumbre en Guatemala, lo que falta es planificación y diseño y lo que sobra, principalmente en la obra pública, es la improvisación. El caso de los puertos nacionales no es la excepción. Puerto Quetzal, el puerto con mayores problemas en la región para recibir barcos de carga que no viene en contenedores, se encuentra subdimensionado para atender la demanda actual, ni hablar de la demanda futura. Esto se debe a que jamás se utilizó el plan maestro de crecimiento, sí ese que tenían engavetado en Puerto Quetzal y que se planificó y diseñó (aunque usted no lo crea) en la década de los 80, durante el gobierno del General Romeo Lucas García, y que ahora es la “gran solución”.
Creo que los ponentes de ambas iniciativas de ley no han tomado en cuenta factores que son cruciales para las operaciones portuarias. ¿Y cómo lo van a saber si jamás en sus vidas han puesto un pie, para trabajar, en un puerto? Únicamente van de visita, a tomar tours guiados por las autoridades. Créame, estimado lector, que ninguno de los ponentes de ambas iniciativas tiene la menor idea de cómo debería funcionar un puerto, menos cómo diseñarlo, planificarlo u operarlo.
Temas urgentes, extremadamente urgentes, como el dragado de Puerto Quetzal, aún no se ha realizado. ¿Por qué? Quien sabe, pero ciertamente no es interés de los ponentes de las iniciativas entender por qué motivo no se ha realizado la tarea más urgente y necesaria para Puerto Quetzal. El día que encalle un barco de gas entenderán el gravísimo error que están cometiendo.
Para resolver los problemas portuarios, se necesita que los mismos sean abordados por personas con perfiles técnicos en vez de políticos, y que las decisiones sean a largo plazo, no obtusas y miopes, como han sido hasta ahora.







