El Día del Cariño suele recordarnos los afectos personales, pero en un país como Guatemala también debería invitarnos a reflexionar sobre una pregunta más profunda: ¿cómo se demuestra el cariño hacia una nación marcada por desafíos estructurales, desigualdades persistentes y una frágil confianza en sus instituciones?
Una respuesta posible está en la prevención. En salud, sabemos que las enfermedades no surgen de manera súbita; son el resultado de procesos acumulativos que pudieron haberse evitado con atención oportuna. La caries dental y la enfermedad periodontal –que afectan a una gran parte de nuestra población– son ejemplos claros de cómo la falta de prevención termina generando costos humanos y económicos elevados. Lo mismo ocurre en el ámbito social y político.
Numerosos estudios han demostrado que la salud oral se relaciona estrechamente con enfermedades sistémicas como la diabetes y los padecimientos cardiovasculares. Por ello, invertir en educación sanitaria, promover hábitos saludables y garantizar acceso a servicios de calidad no es un lujo, sino una obligación ética de cualquier sociedad que aspire al desarrollo.
Sin embargo, la prevención también tiene una dimensión institucional. Los acontecimientos que han rodeado a figuras públicas como José Rubén Zamora y Patricia Gámez evidencian que la confianza social se erosiona cuando prevalecen la confrontación, la descalificación y la percepción de arbitrariedad. Más allá de interpretaciones particulares, estos episodios nos recuerdan que la estabilidad democrática requiere vigilancia constante, respeto al debido proceso y un compromiso genuino con el Estado de derecho.
La educación superior –y en particular la Universidad de San Carlos de Guatemala– desempeña un papel esencial en este escenario. Formar profesionales críticos y éticamente comprometidos es, en sí mismo, un acto de prevención frente a la improvisación y el deterioro institucional.
De igual forma, las decisiones en materia de desarrollo, desde la promoción de energías alternativas como el etanol hasta proyectos de movilidad que busquen reducir la congestión urbana, reflejan la necesidad de planificar con visión de largo plazo. Prevenir es anticipar riesgos, no reaccionar cuando las crisis ya son inevitables.
El verdadero cariño hacia Guatemala no se expresa únicamente en discursos ni en celebraciones simbólicas. Se manifiesta en la voluntad de construir políticas públicas responsables, fortalecer la institucionalidad, cuidar la salud de la población y promover una cultura de respeto y legalidad.
En este Día del Cariño, quizá la reflexión más honesta sea reconocer que amar al país implica asumir responsabilidades compartidas. Prevenir –en la salud, en la educación y en la vida pública– es la forma más concreta de proteger nuestro presente y de asegurar un futuro más digno para las próximas generaciones.







