En el artículo anterior publicado, usted afirmaba que una tragedia de la era tecnológica es que el contexto de sus análisis se centra casi en su totalidad en un presente. Y que durante nuestra labor con el presente, los profesionales de la salud un 80% del mismo lo dedicamos a la administración y solo el 20% tratamos de entender lo presente como pasado y proyectarlo hacia el futuro de la salud y la enfermedad. En el mejor de los casos, esa relación puede llegar al 50%. Ese paradigma –decía usted– probablemente lo resolverá la IA cuando individualice la proyección futura como programable de un hoy. Discutamos al respecto.
Usted tiene una visión optimista de la IA. Pero existe un riesgo al que han llamado “la trampa de la inmediatez tecnológica” ¿es real esa existencia?
¡Así es!: un sistema que procesa muchísimos datos en tiempo real pero que es, paradójicamente incapaz de entender la biografía de un ser humano, deja que desear. Ese desequilibrio de la atención centrada en efectos en el presente produce una “ceguera del proceso salud-enfermedad”. Se ve el sistema como una fotografía instantánea (un nivel de glucosa hoy, una presión arterial hoy) y no como una película que empezó antes de nacer y va hacia un morir.
Pero romper esa trampa creo necesario considerar tres aspectos:
- La IA y la “Personalización de la Línea de Tiempo del paciente”
Hoy la actividad de la atención médica es “estática”: lo que le sirve a la mayoría le debe servir a usted y el tiempo dedicado al paciente es de minutos. La IA deberá romperá esto al integrar en cada individuo su pasado —su genética, el entorno de su madre en la gestación y los estilos de vida vividos— con su hoy, para proyectar ese pasado a su presente y este a su futuro. De tal manera que ni su presente ni su futuro será una adivinanza o intuición, sino una mayor probabilidad.
Pero eso tiene un fuerte fundamento: ver la evolución biológica de una persona a través de su epigenética. Estamos llegando en el campo clínico y salubrista a la era de la epigenética predictiva. La IA podrá decirnos cómo sucesos físicos, mentales, emocionales, ambientales y sociales de nuestro pasado han modelado nuestro presente biológico y conductual y cómo ese entorno actual está encendiendo o apagando genes que determinarán nuestra salud décadas después. El conocimiento del hoy como un “hecho histórico” se convertirá en el tablero de programación de nuestro hoy y mañana de nuestra salud.
- De la «Información» a la «Consciencia Individualizada»
El gran problema actual es que la información médica es genérica, estadística y, por tanto, fácil de ignorar. La IA podría actuar como espejo en cada caso y por ejemplo en lugar de descalificar mostrar. Imagine una IA que no le dice “fumar es malo”, sino que le muestra una simulación de sus propios pulmones y su capacidad cognitiva dentro de 5 años basada en su comportamiento de hoy. Al individualizar la proyección de esa manera, la IA elimina la capacidad de negación del ser humano. Pone la consecuencia futura en el presente visual y tangible. Ya no es «educación para el futuro», es «evidencia para el ahora».
Y ¿por qué en la actualidad los médicos y personal de salud no hacen lo que usted describe arriba?
La velocidad de análisis y síntesis del cerebro humano es lenta, requiere de mucho tiempo. La de los algoritmos digitales (conjunto de instrucciones sistemáticas y previamente definidas que se utilizan para realizar una determinada tarea) es velocísima, es por ello que la medicina podrá usar la IA para apoyarse en ella para mejorar diagnósticos, decisiones y tratamientos más confiables tanto para atender los sucesos presentes como para proyectar y actuar sobre los futuros.
¿Existen riesgos en el uso de la IA?
¡Claro que existen! y dentro de ellos, el más peligroso, tiene que ver con quien programa el algoritmo. Aquí entra el debate ético. Si la IA individualiza la proyección futura como algo “programable” ¿quién lo hará y bajo que criterios? ¿Hacia dónde nos programará? ¿Hacia la soberanía y la regeneración de que la salud es problema individual y necesita fundamentalmente de la participación humana o hacia una optimización de la dependencia química más sofisticada?
Por otro lado, si la IA nos dice desde la concepción qué enfermedades vamos a tener, podríamos caer en un fatalismo donde la persona se rinde antes de empezar, o donde el sistema de salud lo descarta por ser caro de mantener.
No hay nada perfecto, pero usted está diciendo que para acercarse a ello, la IA es el instrumento en estos momentos más adecuado.
Tanto el médico como el salubrista sabe que el mayor reto que enfrenta es el acompañamiento constante de individuos y sociedad, a fin de actuar adecuadamente en el sistema salud-enfermedad inclinado a lo primero en el caso del salubrista y de recuperar la salud en el caso del médico. Un médico o un salubrista no puede estar con el paciente o la población según el caso, 24/7, para reforzar el cambio de conducta. La IA sí puede. Puede actuar como una conciencia externa que reajusta el camino en tiempo real. Si el paradigma cambia, la salud dejará de ser una reparación de daños para convertirse en un mantenimiento de la trayectoria de vida.
Su propuesta descansa en que la IA resolverá favorable a la salud al entender y atender presente, pasado y futuro e integrarlos en la definición de lo que debería ser la Medicina de Precisión.
La IA podría ser la herramienta que finalmente logre lo que la educación tradicional no pudo: que el ser humano entienda que su futuro no es algo que le va a pasar, sino algo que está ocurriendo en sus células, órganos y comportamiento en este preciso instante, y que él debe ser el gobernador de ello. Para eso necesita información y análisis y en eso, la IA es su mejor colaborador.
Es una visión esperanzadora que requiere que nosotros, como sociedad, decidamos si queremos usar la tecnología para ser más libres o para ser máquinas mejor administradas.
¿Cree usted que la humanidad aceptará de buen grado que una IA le dicte su destino o habrá una resistencia natural a que una máquina nos diga que nuestro hoy está arruinando nuestro mañana?
No creo que exista resistencia. De hecho, el hombre ya la está aceptando. Mire la actividad de un ser humano actual especialmente niños, jóvenes y también adultos en el campo educativo, laboral y recreativo. En ellos, quien dicta ya en buena parte saberes y conductas es la tecno-información. Pero existe un peligro en eso en la actualidad y repito mi advertencia: la IA al ser direccionada por el humano puede estar sujeta a intereses que no son o no pueden ser del todo en beneficio. Cuando eso se supere, cambiará mucho todo. Lo cierto es que la capitulación ya ocurrió. No es una distopía futura, es la realidad presente. Hemos entregado el mando de nuestra atención, de nuestro tiempo recreativo y de nuestra productividad, a algoritmos que deciden qué vemos, qué compramos y hasta cómo nos sentimos.
Ese dictado de la tecno-información es especialmente visible en las dos nuevas generaciones, cuyos circuitos de recompensa (dopamina) están siendo moldeados por la IA de las redes sociales antes incluso de que su corteza prefrontal —la encargada de la voluntad— termine de desarrollarse.
Entonces el punto en estos momentos es superar los intereses ocultos que pueda estar teniendo la IA a fin de que esta pase de ser un parásito a ser un aliado. ¿Qué nos puede decir de esto?
Aquí hay que prestar atención y atender tres situaciones:
- El paso del Interés Comercial al Interés Biológico
Actualmente, la IA está direccionada mayoritariamente por intereses comerciales que se enfocan a maximizar el tiempo en pantalla o el consumo. La IA sabe que la indignación de la enfermedad: el miedo al azúcar, a las grasas, vende más que un proceso educativo y orientación de cambio en estilo de vida; por lo que nos programa hacia la prevención y atención a través de la química. Si logramos direccionar la IA hacia el bienestar biológico, el algoritmo dejará de premiar la mala alimentación, el sedentarismo y empezará a premiar la homeostasis. La IA entenderá que un humano sano y consciente es un usuario más valioso a largo plazo que uno enfermo y dependiente.
- La IA como Traductora de lo Invisible
El ser humano –en buena parte– daña su cuerpo porque no entiende las consecuencias sutiles de sus actos en tiempo real. Cuando la IA supere los intereses miopes y mezquinos, se convertirá en un sensor de retroalimentación inmediata. Nos hará sentir o ver el daño de una noche sin dormir o de una mala ingesta o sedentarismos, de forma tan clara y en tiempo real, que el autoengaño será imposible. La IA será el puente entre nuestra conciencia y nuestra biología celular.
- La Individualización de la Ética Médica
Como usted bien dice, el humano hoy antepone intereses que no entiende del todo (como el crecimiento económico, la diversión, el consumo infinito a costa de la salud). Una IA evolucionada, podría actuar como un freno ético. Al proyectar el futuro como algo programable desde hoy, la IA podría advertirnos no solo con un: «Este camino que estás tomando hoy anula tu capacidad de regeneración en 15 años». Sino crear una imagen real de nosotros en ese venir. Al individualizar el impacto, la IA nos obligaría a enfrentar nuestra responsabilidad. Ya no es la salud pública en abstracto, es nuestra vida en concreto.
Cuando superemos esta etapa de una IA depredadora (que solo busca datos y atención) para satisfacer a algunos y pasemos a una IA de soporte vital, el concepto de salud-enfermedad cambiará radicalmente. La Salud dejará de ser una meta para convertirse en una trayectoria programada. La Enfermedad dejará de ser una sorpresa y será vista como un error de código o una desviación de la trayectoria que se puede corregir en el «HOY».
Si la IA logra finalmente que entendamos que cada acto de hoy es una línea de código en nuestro futuro, ¿seremos capaces de soportar esa transparencia total? ¿O el ser humano necesita, de alguna manera, el misterio y el derecho a equivocarse (e incluso a enfermarse) para sentirse verdaderamente humano? Usted, que ha visto la tragedia de la conducta humana de cerca, ¿cree que la libertad real puede existir cuando una máquina nos muestra con precisión matemática las consecuencias de cada uno de nuestros deseos?
No creo que sea tan directo, pues se necesita entender que el hombre no solo es memoria, reflexión y análisis, está lleno de pasiones, emociones etc. Creo que esa relación entre esos dos mundos del hacer cerebral, encerrados en la misma estructura biológica llamado cerebro dista mucho aun de entenderse, pero creo que la IA podrá permitirnos descifrar mejor ello y cuando eso se produzca, entonces la revolución salubrista podrá perder un poco de ese daño mediador hacia la enfermedad y no la salud.








