En el artículo anterior hacía ver el equívoco en el concepto de salud, caracterizado por una dependencia sistémica a los fármacos que erosiona la autonomía biológica del ser humano.

En él sustentaba que los sistemas de salud actuales (MSPAS e IGSS) no gestionan la salud, sino que funcionan como “talleres de reparación” de enfermedades. Que estos sistemas operan bajo una lógica de inmediatez, donde el médico limitado por el tiempo, se enfoca en extender recetas en lugar de educar al paciente. Esta dinámica fomenta una “fragilidad sintética”, en que se prefiere la anestesia química de la pastilla sobre la disciplina de cambiar hábitos tóxicos como el estrés, la mala alimentación y el sedentarismo.

A la vez, identificaba tres obstáculos principales para la educación en salud: La formación médica: Centrada en farmacología y patología, dejando de lado la nutrición y la psicología del cambio. La biología humana: El cerebro busca la dopamina del placer inmediato, resistiéndose a cambios que ofrecen beneficios a largo plazo. El marketing: Las industrias de ultraprocesados y farmacéuticas, seducen al consumidor con soluciones mágicas, superando el alcance de los folletos educativos tradicionales.

Y concluía diciendo que esta situación genera un “analfabetismo biológico”: personas que dominan la tecnología, pero desconocen su propio metabolismo, convirtiéndose en pacientes obedientes, aunque no sanos.

Afirma entonces usted que existe una cultura de salud equivocada

Sí. A la mayoría le interesa el hoy. La sociedad actual es una “máquina de hoy”. Todo es streaming, comida rápida, mensajería instantánea. La salud es un proyecto de mañana. Por eso, el sistema de salud no está preparado: porque el sistema mismo es hijo de la inmediatez. El sistema de salud actual no se preocupa ni entiende que el que deja un mal hábito como lo es entender y atender la salud para curar la enfermedad, debe encontrar un placer nuevo que demanda de cambio en estilo de vida y disciplina y a esto no le pone la debida atención y enseñanza. Es casi imposible romper el hábito en soledad. Quienes lo logran, suelen rodearse de otros que buscan lo mismo. El sistema actual nos quiere con nuestra enfermedad, aislados frente al médico y se ha olvidado que la salud se recupera en comunidad. Las personas que tienen éxito, viven dentro de una comunidad con pensamientos afines sobre la salud y con fines similares.

 

¿Hay alguien que lo logre?

Sí, pero generalmente son personas que han decidido “salirse del rebaño”. Vivir con salud requiere una fuerza mental para decir: “No voy a aceptar una vida anestesiada a base de píldoras que me venden como normal”.

Por décadas fui salubrista y vi que cambiar conducta y cultura son casi imposibles con los métodos y las herramientas salubristas tradicionales. Esa es la tragedia, a menos que se ubique ese cambio en algo novedoso y nuevo en beneficios no a tan largo plazo. He visto morir proyectos, programas y personas, no por falta de medicina, sino por la rigidez de la conducta humana y la obsolescencia de los métodos educativos de «pizarrón y folleto».

Hablando a lo moderno ¿Cómo hackear la inmediatez a favor de la salud y no de la medicalización?

Me es difícil recomendar algo, pero se me ocurre que: si no podemos luchar contra la tiranía del HOY, debemos poner la salud a trabajar para el HOY. Aquí propongo tres rutas para mover el beneficio del cambio desde el futuro lejano al presente inmediato, que es donde vive el deseo humano moderno.

 

1. Cambiar salud por rendimiento y energía

 

Palabra Salud para un adulto, suele sonar a hospital, medicina a prohibición y a vejez. Es una recompensa que se siente lejana. El educar a la gente, debería llevar como centro explicar que el HOY no consiste en “evitar un infarto en 10 años”, sino en “tener la energía para jugar con tu nieto esta tarde” o “tener la claridad mental para terminar este proyecto hoy mismo”. En otras palabras, la educación debe enfocarse en la biotransformación inmediata. Si la persona siente que, tras una caminata o un cambio de comida, su mente está más afilada a HOY, el beneficio deja de ser abstracto. Lo que estoy tratando de decir es que se necesita el paso de la medicina preventiva a la medicina de optimización. Solo una constante praxis y la participación permiten eso.

 

2. La gamificación y el refuerzo biotecnológico

 

El cerebro moderno es adicto al feedback (respuesta rápida). La pastilla hemos visto que da una respuesta rápida. El cambio de hábito suele ser silencioso. Pero, si por ejemplo, los monitores de funciones fisiológicas se universalizarán (presión arterial, glucosa, funcionamiento cardíaco, metabólico) para su uso en tiempo real, al igual que ver resultados de actividad en tiempo real o virtual, ver en una pantalla cómo una caminata de 15 minutos baja tu glucosa en ese instante u oxigena el músculo. Eso convierte el esfuerzo en un juego de resultados inmediatos. Es darle al cambio de conducta la misma recompensa visual que tiene un videojuego o una red social. Y eso está ya al alcance.

3. El hedonismo de lo natural (El placer como guía)

 

El método tradicional de enseñanza actual dentro del sistema de salud es poco real “sufre hoy para vivir mañana” es insostenible. Se debe buscar colocar el HOY dentro del placer inmediato en lo sano. No es recomendable “omitir la grasa de la ingesta”, es descubrir el sabor real de los alimentos no procesados o el placer de la dopamina natural que genera el movimiento (la “euforia del corredor”). En otras palabras –y debe buscarse cómo– debemos enseñar a la gente a sentir su cuerpo de nuevo. La mayoría de las personas están tan anestesiadas en su diario vivir, que no saben que se sienten mal. Cuando redescubren la sensación de ligereza o la ausencia de inflamación tras 24 horas de comer bien, ese bienestar se vuelve el nuevo placer inmediato.

Como salubrista, usted sabe que el lenguaje médico es paternalista y punitivo. “Usted no debe…”, “Usted tiene que…”. Para poner el cambio en el HOY, necesitamos un lenguaje de empoderamiento y curiosidad ¿no es lo que ha estado diciendo?

En realidad, así es. Por ejemplo, dejar de vender “Vida Larga”. Empezar a vender “Vida Ancha” (intensidad y calidad hoy). Acá es donde el salubrista necesita del apoyo del pedagogo y el psicólogo, para pasar de la teoría a la práctica. Por ejemplo, el cambio de identidad que se proponga, debe ser una cuestión de orgullo. «Soy el tipo de persona que no se deja engañar por la industria». Ese sentimiento de superioridad intelectual y autonomía, es una recompensa emocional inmediata y cómo lograrlo debe ser trabajo del psicólogo salubrista.

La tragedia que usted menciona…

Es real: el sistema no sabe hacer esto porque el sistema es una estructura de control no de inspiración. Cambiar una conducta es un proceso espiritual y emocional que demanda de conocimiento y práctica multidisciplinaria, y la salud pública tradicional ha iestado tratándolo erróneamente como un proceso mecánico!

Usted está diciendo que la educación en salud debe dejar de ser un aula, una enseñanza maestro-alumno, y convertirse en una experiencia de liberación. Eso ¿acaso no significa que el sistema debe soltar el manual y empezar a escuchar la emoción del paciente?

Así es, el problema es romper con la educación para el futuro, por una educación de un hoy, poniendo la enfermedad en todo su espacio y tiempo al igual que la salud. Eso es lo que no hace el sistema de salud cuando habla de salud-enfermedad; ya que lo hace viendo a ellos como rivales no como consecuencias que dependen del individuo y su medio. Esta es la visión clave para una revolución en la salud pública: dejar de ver la salud y la enfermedad como dos reinos enemigos y empezar a verlos como un continuo; como las dos caras de una misma moneda que se acuña en el presente, considerando el pasado y previendo el futuro. El sistema de salud tradicional comete el error de ver la salud como un “estado estático” que se pierde y la enfermedad como un “invasor” que llega sin ver el fenómeno como consecuencia mutua.

Para poner el cambio en el HOY, el sistema debe romper con la visión lineal del futuro que tenemos. Eso significa ver la salud de otra forma y atenderla pensando en:

  • La «Salud-enfermedad» como un equilibrio dinámico (homeostasis)

En lugar de enseñar que “si haces esto, no te enfermarás mañana”, la educación debería mostrar que cada decisión de hoy desplaza el equilibrio. En el hoy no estás sano, estás en un proceso de equilibrio. Si hoy eliges lo ultraprocesado y el sofá, tu cuerpo está activamente construyendo enfermedad en este instante. No es algo que “te va a dar”, es algo que estás haciendo. Al ideolizar así, se ve la enfermedad como una adaptación biológica a un entorno hostil (el estrés, la mala comida). El síntoma no es el enemigo, es el mensajero de un estilo de vida que ya no funciona.

  • Romper la ilusión del futuro

En la tradición el sistema enseña y funciona bajo este postulado: “Cuídate para que en el futuro no sufras”. Pero el cerebro humano no computa el futuro bien. En el HOY hay que poner la enfermedad en el espacio y tiempo presente. Por ejemplo: “Esa inflamación que sientes en las rodillas o esa neblina mental de esta tarde es la enfermedad manifestándose hoy”. Si logramos que la persona identifique que sus pequeños malestares cotidianos (insomnio, acidez, cansancio) no son gajes del oficio, sino la enfermedad en su etapa temprana, el cambio de hábito deja de ser un sacrificio para el futuro y se convierte en un alivio para el presente.

  • La educación como vinculación al acto de la consecuencia

Creo que el sistema no pone la enfermedad en todo su espacio y tiempo. Lo que sucede es que el sistema desvincula el acto de la consecuencia. Al dar la pastilla que quita el síntoma en minutos, el sistema rompe la lección natural del cuerpo. El cuerpo dice: “Esto me hace daño” (dolor), y la pastilla dice: “Cállate”. La educación debe reintegrar la consecuencia. Si el paciente entiende que su presión alta es la respuesta lógica (y hasta inteligente) de su cuerpo para bombear sangre a través de arterias inflamadas por su dieta, el paciente recupera la lógica. Deja de ser una “víctima de la suerte” y se convierte en un responsable de su proceso.

 

En otras palabras, el gran reto del salubrista: El “Marketing de la realidad”

Así es. Para lograr esto, la salud pública debería dejar de ser “clínica” y volverse existencial. Con esto quiero decir tres cosas:

  1. Visibilidad: Mostrar cómo el cuerpo se transforma minuto a minuto.
  2. Responsabilidad: Eliminar el concepto de “me dio” (como si fuera un rayo del cielo) por el concepto de “lo construí” (como consecuencia de mis actos en el tiempo).
  3. Inmediatez: Valorar el bienestar inmediato que produce la soberanía sobre el propio cuerpo. Nada se siente tan bien hoy como saber que no dependes de un químico para que tu corazón lata a su ritmo.

 

Entonces y para ir concluyendo

La tragedia de la que hablamos es que el sistema actual prefiere un paciente dócil (que obedece la receta) que un individuo consciente (que entiende la consecuencia). El individuo consciente es peligroso para la industria porque deja de consumir tanto el veneno como el antídoto.

Se conoce que esto requiere un cambio de paradigma casi filosófico. Por ejemplo, que los médicos recuperen el tiempo de conversar con el paciente. Creo que una tragedia de la era tecnológica es que el contexto de sus análisis se centra en un presente. Si tomamos el tiempo y el espacio en el hoy, el 80% del mismo lo dedicamos muchos a la tecnología y a su producto informativo y solo el 10% tratamos de entender lo presente como pasado y proyectarlo hacia el futuro. Ese paradigma probablemente lo resolverá la IA cuando individualice la proyección futura como programable de un hoy.

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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