La sociedad se organiza a partir de la familia, el primer grupo social al cual pertenecemos, cumpliendo funciones vitales para nuestra supervivencia como especie. Además de cubrir las necesidades básicas, protección y seguridad, es donde adquirimos valores y aprendemos, lo que nos prepara para salir al mundo e integrarnos en él.
Pero no todas las familias logran cumplir con la protección, algunas pueden constituir una fuente de estrés crónico y experiencias traumáticas muy dolorosas. Esas son las familias tóxicas o disfuncionales.
Sucede que muchas veces se toleran conductas dentro de la familia que jamás toleraríamos a otras personas, ya que creemos que las acciones de los familiares siempre son correctas y van en nombre del amor. Y la persona termina atrapada en un sistema donde cada vez está más confusa y bloqueada, muchas veces sin saber bien cómo actuar o replicando patrones tóxicos.
El primer paso es reconocer que nuestra familia posee dinámicas disfuncionales, algo que no es sencillo porque normalizamos o evitamos ver comportamientos en casa que realmente se alejan de lo normal.
Como la presencia de conflictos constantes, especialmente con acciones violentas entre los distintos miembros.
Críticas permanentes con comentarios orientados a hacer daño o abusar del otro.
Vínculos poco seguros sin cercanía ni conexión, actuando de manera independiente sin considerar al resto.
Déficits en la comunicación al no lograr establecer un estilo asertivo para llegar a acuerdos.
Control y manipulación de parte de un miembro que trata de coartar la libertad de otros, impidiendo su independencia y su reafirmación.
Roles poco claros donde los límites se desdibujan y generan dinámicas muy problemáticas en el sistema familiar y social.
Problemas de salud mental, lo que no es de extrañar en familias disfuncionales con el consumo de drogas y/o alcohol.
Las familias con conductas tóxicas dañan la salud emocional. Y las consecuencias son la baja autoestima, el sentimiento de soledad, inutilidad, desconfianza hacia los demás, sensación de vacío interior…
Ya se ha hablado del origen de los pandilleros, procedentes de hogares desintegrados, con bajos recursos y baja escolaridad, pocas expectativas para la vida y escaso apego familiar, lo que plantean los estudiosos como un campo fértil para el ingreso a las pandillas, donde, de alguna manera, a los jóvenes les hacen sentir que son parte, que pertenecen y que tiene quien les cuide. Además de recibir el incentivo económico que en su casa escasea.
Quizás la migración a las áreas urbanas y la dificultad que representa para poblaciones poco preparadas para enfrentar las exigencias es lo que nos ha llevado a tener tanto joven con vidas poco productivas para la sociedad.
Por ello es necesario fortalecer el interior del país con servicios básicos para que las empresas puedan situarse allí y brindar empleos a las familias, proporcionando capacitaciones y trabajo digno y es la escuela la que debe conducir a una formación socialmente positiva, sin malos ejemplos de los docentes.
Pero no sólo en las clases menos favorecidas vemos las familias tóxicas. También entre los diputados, empresarios y funcionarios del Estado, quienes amasan fortunas a través de la corrupción, desviando fondos que podrían servir para la educación y la salud de la población, hacia sus cuentas personales, asignándose salarios que rebasan por mucho diez veces el salario mínimo, elevando los precios de productos básicos y no brindando los servicios que la población necesita y para lo cual se recaudan los impuestos.
Conocí una familia donde todos parecían llevarse bien y vivir tranquilos. Sin embargo los padres vendieron terrenos que no le pertenecían, incluso a sus propios familiares, el padre llegó a estar preso por estafa. Y la madre fue denunciada por malos manejos en una institución de la que se apropió, como hizo con bienes que no le pertenecían.
Y de allí pues, una hija fue asesinada por su distribuidor al quedarse con dinero que no le pertenecía de la venta de drogas, un hijo tuvo que vivir exiliado por un tiempo por vender un vehículo que no le pertenecía y tener amenazas de muerte, otro se apropió de producto de la empresa donde laboraba para venderlo por su cuenta.
Un ejemplo donde pese a ser una familia unida se destila toxicidad. Sin embargo, sus orígenes humildes y su afán por escalar posiciones económicas y sociales los llevaron a esta situación. Porque la familia normaliza acciones tóxicas pasando por encima de personas trabajadoras.
¿Y tú familia cómo funciona?







