Licenciado, maestro, doctor ¿Importa para el cargo público de magistrado del TSE? Tengo mis dudas al respecto. Los títulos siguen siendo un «filtro» esencial para llevar a alguien a tan alto puesto y entiendo que, a nivel mundial, su valor como indicador de habilidad real está en declive frente a las competencias demostrables y lo que enseña nuestra historia.
La premisa de mayor título, mayor eficiencia y veracidad es producto de la historia. Históricamente esa premisa se basaba en la Teoría del Capital Humano, que sugería que: a más educación, mayor productividad. Sin embargo, estudios recientes (como los de LinkedIn y el World Economic Forum en 2024-2025) muestran que las habilidades predicen mejor que el título y en esa base, vemos que el 68% de los empleadores globales ahora priorizan las habilidades demostrables sobre el título académico. Hay otro elemento a considerar en base al título: Investigaciones de la Harvard Business School indican que la contratación basada en habilidades predice el éxito en el puesto hasta 5 veces mejor que el nivel educativo. Una última observación al respecto es el valorar si el nivel del título va a favor de un puesto, especialmente si este no lo requiere técnicamente, lo que genera costos innecesarios y excluye talento valioso.
La evidencia de la relación comportamiento-actuar es otro elemento: «habilidad primero» se ha vuelto un actuar en grandes corporaciones (Google, Apple, IBM), que han eliminado el requisito de título para muchos puestos. Se confía en certificaciones técnicas, bootcamps y portafolios. Otras grandes corporaciones afirman que: “como hay una alta oferta de graduados, el título ya no diferencia a nadie; lo que importa es la especialización y la experiencia práctica”. Ya existen mecanismos confiables para validar habilidades fuera de la universidad.
Pareciera entonces y lo pongo a discusión que: si tenemos un contexto donde no hay sistemas claros para validar quién sabe hacer qué (cosa que es en nuestro caso gran mentira) el título universitario actúa como una garantía mínima de disciplina y nivel sociocultural. No se puede decir y menos en la actualidad (en que la educación superior se ha vuelto negocio) que estándares académicos y éticos certifican en un título el comportamiento humano. Y como no quiero ser más papista que el Papa, puedo afirmar que, en sectores como la medicina o la ingeniería civil, el título sigue siendo innegociable por razones de seguridad y responsabilidad legal. En el sector creativo, digital o administrativo, su peso es cada vez menor.
La academia entrena el intelecto, no la moral. Pero incluso me atrevo a decir, el saber está en el actuar; la integridad es un hábito (una virtud aristotélica) que se cultiva en la práctica profesional, no en un aula de posgrado.
Creo que, como población, deberíamos tener claro que existe una gran diferencia entre «Saber Derecho» y «Tener Criterio». El papel de un magistrado en un Tribunal Electoral, el reto, no es solo leer la norma, sino aplicarla con prudencia. Y podeos ir un poco más lejos: La Licenciatura te da la herramienta. El Máster o Doctorado te da la profundidad (cosa que pongo en duda) Pero el Actuar (la carrera que he tenido lo real que he echo) es lo que valida si el individuo tiene el carácter para resistir presiones. Nuestro país está cundido de «eminencias doctorales y académicas» que se han dedicado a redactar sentencias que destruyen la democracia. Es más que claro que: el título profesional es una condición de capacidad, pero no una garantía de idoneidad. Correr el riesgo de llenar el tribunal electoral de «bárbaros ilustrados» es posible cuando otros factores de selección fallan.







