Hace 82 años, el 5 de marzo de 1954, la Delegación de Guatemala presidida por Guillermo Toriello Garrido, ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno revolucionario, más conocido como el “Canciller de la dignidad”, asistió a la X Conferencia Interamericana de la Organización de Estados Americanos (OEA), que ese año se realizó en Caracas, Venezuela.
En aquella ocasión, Toriello denunció con vehemencia el plan que el Gobierno imperialista preparaba mediante una invasión mercenaria a Guatemala, para derrocar al Gobierno constitucional y democrático del coronel Jacobo Árbenz Guzmán, esperaba obtener apoyo para impedir que se consumara la perversa acción del Gobierno estadounidense, pero su decepción fue grande al comprobar que la OEA les dio la espalda. Cito extractos del discurso que Toriello pronunció en la OEA. Inició afirmando: “…con fe y entusiasmo por las doctrinas democráticas que inspiran nuestra Revolución del 20 de Octubre de 1944, enteramente acordes con las aspiraciones de progreso integral de las naciones de este continente. Se presenta la Delegación de Guatemala con la frente en alto a expresar las legítimas aspiraciones de nuestro pueblo y del Gobierno de la Revolución, sólidamente unidos en el anhelo y en el esfuerzo de lograr la efectividad de su independencia política y económica mediante el ejercicio de la democracia, el respeto absoluto a los derechos políticos y sociales del hombre y el desarrollo de un programa económico acorde con las necesidades actuales y futuras de la nación”.
Siguió narrando el interés de América Latina por el proceso guatemalteco y ratificó el carácter esclavista y colonialista de las “brutales tiranías” de españoles invasores y de los criollos; expresó absoluto respeto a las normas del derecho internacional y agregó: “Los pueblos de América se mostraron interesados desde el principio en los sucesos que se vienen desarrollando en Guatemala a partir de las jornadas heroicas de junio y octubre de 1944. Guatemala que fuera asolada a través de su historia por regímenes esclavistas que tuvieron origen durante la colonia y por brutales tiranías que ejercieron tanto españoles como criollos, ambos de tipo eminentemente feudal, surgió de los escombros de ese trágico pasado con la determinación inalterable de forjar su propio destino, sin interferencias extrañas, a través de un sistema democrático de gobierno, consecuente con las necesidades vitales de su pueblo, respetuoso de las normas del derecho internacional y animado del firme propósito de mantener cordiales relaciones con los países amigos y cumplir fielmente con sus compromisos internacionales”.
Al referirse a la concentración de la tierra en pocas manos, explicó en qué consiste la política del Gobierno revolucionario: “La política de rescate de las riquezas y recursos nacionales, mantenidos en abandono por décadas enteras, no tiene más inspiración que la propia miseria de nuestro pueblo, provocada por la concentración de la tierra y por la estructura atrasada de nuestra economía. Por otra parte, dicha política se ajusta a las resoluciones que en materia económica han adoptado las Naciones Unidas y sus organismos especializados, la Organización Internacional del Trabajo y la Organización de Estados Americanos, en cuanto a desarrollo económico, reformas agrarias, inversiones de capital, política de recursos y riquezas naturales en beneficio de los pueblos.”
Afirmó que: “Nada novedoso ni extraño a las preocupaciones de esta Organización de Estados Americanos que estamos realizando en beneficio del pueblo de Guatemala. Toda la política de mi gobierno está encuadrada dentro de los amplios marcos de la democracia representativa y tiene tres grandes y fundamentales objetivos: el acrecentamiento y el respeto absoluto de las libertades democráticas; la elevación del nivel de vida de los guatemaltecos mediante la transformación de una economía semifeudal y semicolonial en una economía capitalista; y la defensa de la soberanía y la independencia nacionales.”
Sobre el respeto a los derechos humanos dijo: “Es por ello que en Guatemala las libertades de expresión del pensamiento, de prensa, de asociación, de sindicalización y de organización política, así como la de profesar cualquier credo religioso, no son simples palabras contenidas en las leyes sino realidades tangibles que el pueblo goza en forma absoluta. Guatemala está decidida a fortalecer y ampliar esas libertades y no podrá suscribir en lo interno o en lo internacional, compromiso alguno que vulnere los derechos de uno solo de nuestros connacionales.”
Al explicar los fundamentos de la política económica y social indicó: “Nuestra política económica y social se asienta fundamentalmente en las siguientes tareas constitutivas:
- La humanización de las relaciones obrero-patronales dentro de las empresas industriales y agrícolas, por medio de la promulgación de leyes orgánicas del trabajo que, lejos de propiciar levantamientos violentos de trabajadores, desesperados por la miseria, institucionalizan dichas relaciones obrero-patronales dentro de un sistema de justicia social mínima y de resoluciones administrativas y judiciales ajustadas a la ley.
- El establecimiento de un sistema de seguridad social que cubre apenas accidentes comunes de los trabajadores, accidentes de trabajo y un mínimo programa de atención materno-infantil, puesto en ejecución con gradualidad mediante la clásica y conservadora contribución tripartita de patronos, trabajadores y Estado.
- La organización de un sistema monetario y bancario adecuado a las necesidades crediticias, cambiarias y de expansión y estabilidad de nuestra economía, y a las ideas más modernas sobre moneda y banca central originadas en los acuerdos internacionales.
- El desarrollo de un mercado interno amplio, mediante el aumento de la capacidad adquisitiva y los niveles de vida de la población, las inversiones públicas y el fomento de la economía campesina, hasta ayer marginal y no monetaria.
- La liberación de la economía nacional a través de la construcción de vías de comunicación a los puertos y zonas de producción; la construcción de muelles nacionales; el desarrollo de un plan de electrificación que atienda las necesidades industriales y de consumo del país; y el sometimiento de las empresas monopolistas extranjeras a las leyes vigentes -en igualdad de condiciones con las nacionales-.
- La industrialización del país mediante la organización de las instituciones bancarias apropiadas y la política económica y legislativa de fomento industrial seguida por el Estado con la finalidad de incrementar el ingreso nacional y el intercambio comercial interno y externo.
- La liberación de los campesinos mediante la liquidación de los sistemas semifeudales y casi esclavistas del pasado.
- El desarrollo de nuestra economía mediante la redistribución de los latifundios improductivos, la consolidación de la tenencia de la tierra en pequeñas propiedades, el aumento progresivo de los acervos de capital y la organización de crédito fácil y oportuno para los campesinos beneficiados por la reforma agraria democrática que se está ejecutando por medios legales en el país desde 1952.”
Hizo notar la importancia de la Ley de Reforma Agraria: “Entre estas medidas tendientes a la liberación económica del país, merece destacarse por su especial importancia, la emisión de la Ley de Reforma Agraria.”
Con relación a las estadísticas dramáticas e injustas derivadas de la concentración de la tierra explicó: “El censo agropecuario de 1950 reveló esta pavorosa verdad: en el país, los pequeños campesinos que tenían extensiones menores de 3.5 hectáreas (la mayoría de ellos en calidad de simples arrendatarios) constituían el 72% de la suma de productores agrícolas, poseyendo en su conjunto solamente el 9% de la superficie total de tierras. Y, en cambio, en el otro extremo de esta realidad, encontramos que el 2% de los propietarios de fincas poseían en conjunto el 70% de las tierras; y que, entre ellos, 22 propietarios latifundistas con más de 9,000 hectáreas cada uno, poseían el 13% del total de las tierras.”
Al referirse al total de beneficiarios de la Ley de Reforma Agraria subrayó: “Al 20 de febrero de este año ya habían sido beneficiados 55,734 campesinos que recibieron 247,833 hectáreas, pero la cantidad de tierras en proceso de distribución, de acuerdo con la Ley, es hasta hoy de más de 915,000 hectáreas, que alcanzan aproximadamente el 25% del total registrado en el Censo Agropecuario de 1950 antes citado, o sea que solo en año y medio de la aplicación de la Ley, una cuarta parte de las tierras afectables han sido ya otorgadas sin provocar ningún trastorno económico de importancia. Por el contrario, la producción ha mejorado en algunos renglones y se ha logrado una distribución más justa y equitativa del ingreso nacional y como consecuencia empieza a mejorarse sustancialmente el nivel de vida de la población.”
También lamentó el nulo apoyo que no esperaban: “Parecía que todos estos esfuerzos -realizados con recursos propios y sin ayuda del exterior- merecieran aliento espiritual y apoyo moral… ¡Y sin embargo no ha sido así! Nunca un país tan pequeño ha estado en América sometido a una presión tan grande.”
“El pueblo de Guatemala trae la preocupación enorme de ver que, cuando un pueblo digno, liberado de brutales tiranías, ansioso de superarse y de poner en práctica los postulados más nobles de la democracia; cuando el anhelo y la decisión firme de poner fin a los procedimientos coloniales y la explotación inicua de sus nacionales más humildes, se encuentra con la desalentadora realidad que, quienes se jactan de estimular a otros pueblos en el camino de liberación política y económica, pretenden marcarle un alto, tan solo porque el interés máximo de su pueblo es incompatible con la subsistencia de privilegios otorgados en mala hora por los tiranos, como medio de alcanzar impunidad y garantía para mantenerse inamovibles en el trono de su despotismo”.
Su discurso también contiene fuerte crítica a la prensa corporativa, señalándola de prostituida, porque según Toriello se prestó a la mentira y la calumnia. Afirma: “Y esos privilegios son tan importantes para saciar ambiciones desmedidas, y los privilegiados son tan poderosos, que, pese a los nobles postulados del panamericanismo, han desatado contra Guatemala la más inicua campaña, y no han tenido vergüenza de recurrir a las armas más cobardes para difamar, desviar y desvirtuar uno de los movimientos más puros que ha habido en este continente; han recurrido a la enorme maquinaria de los medios de difusión -instituidos para irradiar la verdad a todos los ámbitos del mundo- y los han prostituido haciéndolos un instrumento de mentira y de calumnia, y han pegado a las espaldas de Guatemala la etiqueta de “comunismo”.
Toriello alude al papel de la prensa, que se prestó al juego imperialista de difundir la narrativa de que el Gobierno revolucionario guatemalteco era “comunista”, por tal razón, era necesario provocar su caída para evitar que fuera “mal ejemplo para otros países.”
Tengo la plena certeza que, si el Gobierno imperialista no hubiera interrumpido el proceso revolucionario en Guatemala la situación política, económica, social y cultural de la población fuera menos angustiante y complicada de lo que es ahora.







