El fin de semana pasado arrancó con el amotinamiento coordinado de presos de alta peligrosidad y toma de rehenes en tres centros carcelarios del país, reclamando mejores condiciones, ante la negativa del nuevo equipo del Mingob, de ceder a las prerrogativas que los presos tenían. Se logró retomar el control de las cárceles sin víctimas mortales en los operativos, pero con la cauda de 10 policías muertos en las calles, producto de represalias de las maras.
Me parece que el nuevo ministro de Gobernación, Marco Antonio Villeda, y su equipo de viceministros y directores son mucho mejores que sus antecesores, principalmente el exministro Jiménez, quien dio cátedra de incompetencia y descontrol, además de presuntos negocios con allegados de este gobierno, compra de pistolas, picops y un largo etcétera, además de declaraciones cantinflescas, fueron la constante durante su lamentable gestión.
El presidente Arévalo, sin embargo, no puede desentenderse de su responsabilidad al haber nombrado al ministro anterior y de tolerar su clara incompetencia por casi dos años. Tampoco puede ponerse a dar excusas si en casi dos años de gobierno no hizo absolutamente nada por retomar el control de las cárceles, hasta que tomó posesión el ministro Villeda, que tan solo tiene tres meses en el cargo. Es justo decir que ninguno de los gobiernos anteriores hizo esfuerzo alguno por tener control de las cárceles. Fue más cómodo negociar privilegios con los reos a cambio de “tranquilidad”. Fue la misma estrategia que utilizó este gobierno durante el mandato del exministro Jiménez, con el beneplácito del presidente.
No se puede ser corto de memoria. Al ocurrir la fuga de 20 reos de alta peligrosidad que detonó la destitución del exministro Jiménez y su equipo, salieron a luz verdades tales como que ni siquiera se sabía cuántos reos había en ninguna de las cárceles del país. Es decir, nadie tenía idea de la cantidad de presos y de sus identidades en el sistema penitenciario nacional. Contar e identificar por lo menos dos veces diarias a los presos debiera ser una tarea rutinaria en cualquier cárcel. Es como que el cajero de una agencia bancaria no sepa cuánto dinero tiene al iniciar y al finalizar sus actividades.
El presidente Arévalo hizo bien en decretar un estado de sitio, dada la magnitud y gravedad de los acontecimientos. En el Congreso, sin embargo, se dio el acostumbrado circo de legisladores que llegaron a dar discursos vacíos, e incluso varias bancadas, destacando Vamos y Une, intentaron bloquearlo, tratando de llevar, cuando no, agua a su molino.
En mi humilde opinión, dar apoyo al estado de sitio decretado y al gobierno en esta crítica situación que atravesamos como país es lo correcto. El ministro Villeda, en este corto tiempo, ha demostrado ser un funcionario probo, capaz y comprometido en ejercer su cargo con capacidad y honradez. Se le debe apoyar.







