“En todas las tierras el sol sale al amanecer”. George Herber
No cabe la menor duda que nuestro país se desangra constantemente debido a situaciones no resueltas en el sistema penitenciario, por lo que la historia carcelaria del país se encuentra escrita con un sinnúmero de hechos sangrientos, en los que se haya actuado como se haya hecho, los resultados siempre se critican, porque las cosas se salen de control por un tiempo que no se mide en horas ni días, sino que en consecuencias.
No podemos ver de lado lo sucedido el fin de semana, como tampoco la pérdida de vidas humanas, que no se debieron haber destruido, menos de la forma en que ha sucedido, la muerte es un hecho natural, pero no cuando la vida es arrebatada violentamente, menos aun cuando es producto de un plan macabro para desestabilizar el país, algo desafortunadamente muy recurrente.
Desde hace muchísimo tiempo, nos hemos pronunciado respecto al sistema penitenciario y su necesaria reestructuración para acoplarse a los tiempos actuales, la cárcel no solamente deber ser percibida como un castigo, sino que, una forma de reinsertar al ser humano a la sociedad, y que deje de ser un peligro para la misma, regresando a ella para servirla, no para servirse, algo que no se cumple porque nuestro sistema es obsoleto como el que más, y no ha dado respuesta alguna a una población víctima cada vez más del crimen en todas sus manifestaciones porque, que descienda la criminalidad beneficia a toda la población.
La noticia del suceso criminal tiene un contraste, en la creación de un elefante blanco más, el que surge acompañado de discursos que nada tienen que ver con la realidad del país, que queremos vender como moderno, pero no lo es, porque arrastra esa vieja sociedad colonialista de elites instalada en el Estado marcando diferencias sustanciales económicas con relación a los demás, como ha sucedido con la Superintendencia de Competencia, la cual según algunos diputados debía ser una propuesta ambiciosa, solo que no nos dijeron en qué sentido, hoy sabemos que la ambición estaba encaminada con relación a los salarios de sus directores, que suman nada más y nada menos que el 40% del presupuesto sólo para siete personas, lo que no estaría mal, si no fuéramos un país tercermundista que lucha por no salir de su situación, si como lo leyó, por no salir.
Uno de los grandes problemas del comunismo, fue entre otros una burocracia excesiva, que hizo crecer al Estado en forma desmedida con exceso de reglas junto a procedimientos y trámites administrativos lentos, ineficaces con costos innecesarios, en contraposición con las sociedades liberales que propugnaron un Estado más pequeño y eficaz, en la actualidad en el país, sin ser comunistas se ha regulado todo, lo que nos convierte en un país hiperregulado a lo que indiscutiblemente se suma la creación de cada día más instituciones, con ello más gasto público, no solamente en gastos corrientes de las instituciones creadas, significa que hay más costo humano estatal, en el que hay quienes ganan demasiado, comparado con la generalidad que sin discutir la preparación de cada quien ganan muy poco, llevando a cabo funciones tan importantes como las de los que perciben más.
Desde que los diputados se autoaumentaron los salarios sin pudor alguno, hasta normalizarlo porque hoy son derechos adquiridos, y aunque algunos hayan puesto en escena que iban a donar parte del aumento a X institución, no solamente no cumplieron, sino que se regularizó más aún, que se llega al Estado para obtener mejores ingresos, no para servirlo.
El contraste entre lo que gana un policía que es una profesión de alto riesgo y lo que gana un diputado, y hoy un miembro del Directorio, la diferencia es abismal, ¿Es justo y equitativo?
La función pública se ha convertido en un espacio de élites económicas, sin importar que toda función estatal es valiosa, las hay que deberían ser mejor valoradas, como las de mayor riesgo, y la de seguridad pública junto a las de salud y educación lo son, mientras el presupuesto se empobrece sin resultados reales.
El Gasto Público es una institución financiera política que incide en el mayor o menor desarrollo de un país.







