Seguir con la saga de cinco artículos sobre nuestra democracia, para conocer un poco de historia política a los jóvenes. Y retomamos con la columna del 18 noviembre, cuando escribimos sobre los cambios políticos, económicos sociales.
Y diré que el Doctor Juan José Arévalo Bermejo, nació en Taxisco, 10 de septiembre de 1904-y murió en Ciudad de Guatemala el8 de octubre de 1990, fue un estadista, educador, político, diplomático y escritor, fue presidente de Guatemala en 1944, fue elegido presidente de Guatemala de 1945 a 1951 tras la Revolución de 1944.
Se doctoró en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata en Argentina, desempeñándose luego como profesor en la Universidad Nacional de Tucumán y Universidad de Buenos Aires, secretario de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, inspector de la Universidad Nacional de Cuyo y organizador de la Escuela Normal de San Luis.
Es considerado el primer presidente libre y popularmente electo en ese país. Se definió a sí mismo como un socialista espiritual, que impulsó numerosas reformas para integrar a las clases más pobres de la sociedad guatemalteca, basado en el New Deal del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt; sin embargo, por ser estas reformas totalmente nuevas para Guatemala, la derecha de su país lo tildó de comunista. Durante su gobierno se produjeron más de 30 intentos de golpes de Estado. Firmó el Código de Trabajo de 1947 que puso fin a la llamada «ley de vagancia», que obligaba a los campesinos a trabajar 50 días al año en las haciendas. También incorporó el máximo de ocho horas, el salario mínimo, el descanso de los domingos y habilitó a los sindicatos. El trabajo infantil pasó a estar prohibido, el gobierno creó el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, legalizó el derecho a la huelga y el derecho al voto alcanzó a todos los varones mayores de edad y a las mujeres con capacidad de leer y escribir.
Fue embajador itinerante de Guatemala. Fue también un prolífico escritor, cuyas obras versan sobre temas de pedagogía e historia de Guatemala.[1] Durante su exilio fue embajador de Guatemala en Francia, Chile, Venezuela, República Dominicana e Israel, y regresó a Guatemala en 1978. Y murió en la Ciudad de Guatemala, el 8 de octubre de 1990. Es padre del actual presidente de la República de Guatemala Bernardo Arévalo de León.
En el gobierno de Juan José Arévalo Bermejo, hubo el 29 intento de Golpe de Estado. Fue utilizado para las clases en que se estudia el periodo del gobierno revolucionario, porque 70 civiles al mando del teniente coronel Carlos Castillo Armas lograron penetrar sorpresivamente a la Base Militar y atacaron a la guarnición, habiendo encontrado fuerte resistencia que produjo varios muertos y heridos, entonces lograron penetrar sorpresiva y fuertemente armados en el mimo de la base Militar -segundo Regimiento de infantería-de la Aurora.
Los asaltantes iniciaron el ataque contra la guarnición, jefes, oficiales y tropa lo rechazaron y dominaron el ataque respondiendo con fuego nutrido. Esta resistencia de las Fuerzas Armadas, que produjo inmediatamente bajas y heridos entre los asaltantes, obligó al resto de ellos a refugiarse en los barrancos circundantes desde donde continuaron disparando produciéndose algunas bajas más. A las diez y ocho horas el comando militar ordenó se suspendiera el fuego, dando por terminado el peligro.
El Jefe de las Fuerzas Armadas: Mayor Carlos Tejada, que en los momentos de empezar el ataque se hallaba en la Antigua Guatemala, se presentó inmediatamente al lugar de las operaciones y desde allí, sumándose a jefes, oficiales y tropa, terminó de sofocar el motín. Igualmente se hicieron presentes en el recinto de la Base Militar los ministros coroneles Elfego H. Monzón y Carlos Aldana Sandoval. Desde los primeros instantes la situación fue controlada y las operaciones coordinadas desde el Palacio de Gobierno por el ministro de la Defensa coronel Rafael O’Meany. El Presidente de la República permaneció en su despacho. Los restantes funcionarios del gobierno se hicieron presentes en el Palacio a medida que tuvieron conocimiento de los disturbios.
El saldo trágico de esta nueva intentona subversiva es ahora mayor que en oportunidades anteriores. La circunstancia de haber entrado a pelear al propio recinto de un cuerpo del ejército obligó a una defensa más enérgica. Hasta la fecha se han recogido diez y siete cadáveres de los civiles atacantes y uno de un soldado de tropa de la Base Militar. Los heridos llegan a siete, todos hospitalizados: cuatro de elementos del ejército y tres de los civiles atacantes. Entre los muertos han sido identificados hasta la fecha el coronel Miguel Aguilar Peláez, el mayor Leopoldo Pimentel, los señores Francisco Melgar, Max E. Donis; Rubén Ramírez y Mario Cordero, del grupo de atacantes. El muerto de parte de la tropa fue el cabo Rómulo Jacal Pérez. Heridos se encuentran el teniente coronel Carlos Castillo Armas, y los civiles Mario Arrivillaga y José Armas Leiva. De parte de la tropa defensora quedaron heridos los capitanes J. Antonio Díaz de León y Pedro Figueroa Retana, y los soldados Pablo Portela, Lorenzo Díaz Pérez y Andrés Cipriano Chacha, este último de suma gravedad.
Es de toda justicia aplaudir la unidad de acción, la rapidez y la eficacia con que los jefes, oficiales y tropa del Regimiento actuaron en esta penosa emergencia. Las restantes zonas militares han estado en constante comunicación con la Jefatura de las Fuerzas Armadas y en ninguno de esos cuarteles se ha registrado alteración del orden. Los otros cuerpos militares de la capital estuvieron atentos para entrar en acción en un momento dado.
Ese deplorable episodio al pueblo de la nación lo hace con la pena consiguiente, al comprobarse una vez más el espíritu conspirativo permanente en que se mueven círculos reaccionarios desde 1945. Por alguno de los nombres citados y por las informaciones complementarias de que disponen los órganos de investigación del Gobierno, se puede afirmar que es el mismo equipo de conspiradores que viene actuando después de la Revolución de Octubre.
Con el Coronel Jacobo Árbenz Guzmán, el golpe de Estado ocurrido en Guatemala en 1954 fue el resultado de la operación encubierta llamada PBSUCCESS (Criptónimo CIA). Esta fue organizada por la CIA estadounidense para derrocar a Jacobo Árbenz Guzmán, el Presidente de Guatemala democráticamente electo, por oponerse a los intereses de la United Fruit Company. El golpe de Estado fue justificado a través de la excusa de que el gobierno de Árbenz había permitido que los miembros del partido comunista de Guatemala –Partido Guatemalteco del Trabajo– influyeran en las decisiones más importantes de su gobierno.[1] Como resultado, se instaló la dictadura militar de Carlos Castillo Armas.
El Marco histórico. El gobierno de Jacobo Árbenz presentó una serie de reformas que el espionaje estadounidense consideró comunistas y atribuyeron a la influencia soviética. Entonces propagaron el temor a que Guatemala fuese a convertirse en lo que el director de la CIA, Allen Dulles, llamó «una cabeza de playa soviética en América» (posición enemiga para la invasión). Estas acusaciones fueron utilizadas por la CIA y la administración de Eisenhower, durante la era anticomunista del Macarthismo. Principalmente el presidente Árbenz promulgó una reforma agraria que perjudicaba a la multinacional estadounidense United Fruit Company, a los intereses de la oligarquía guatemalteca y movilizó a grupos de presión en Estados Unidos.
La operación, que apenas duró de finales de 1953 a 1954, estaba planeada para armar, entrenar y tomar el país a un «Ejército de liberación» de aproximadamente 400 rebeldes bajo el mando del oficial exiliado del ejército guatemalteco Coronel Carlos Castillo Armas coordinando con una compleja artimaña diplomática, económica y propagandista mayormente experimental. La invasión fue precedida desde 1951 por un plan, bautizado PBFORTUNE, para financiar y suministrar armas y provisiones a las fuerzas opositoras al presidente. Tras la invasión estaba la Operación PBHISTORY con el objetivo de dedicarse a reunir documentos gubernamentales para incriminar a Árbenz de ser un títere comunista.
Aquí hay algunos fragmentos de mi libro: Manojos de Rosas, Preludio y Conflicto. Genocidio, ignominia y violencia contra los Ixiles. Guatemala, octubre 2024, ISBN. 978-99939-35-83-4. “Porque en las décadas de los 60, 70 y 80 Guatemala experimentó la más despiadada, bárbara y deshumanizadora tarea de exterminio dirigida por las huestes fascistas encabezadas por el ejército nacional, alimentadas por la Guerra Fría, la doctrina de la Seguridad Nacional y por la sanguinaria ayuda militar y financiera proporcionada por los gobiernos y ejércitos de Estados Unidos. Estimamos no hablar demasiado sobre la invasión “liberacionista” del 54 porque ya se han escrito miles de páginas de horror y terror en nuestra sangrienta historia. Pero vale reafirmar que esa abrupta caída de la “Primavera Democrática” fue la que abrió los espacios de participación de la ciudadanía consciente y patriótica, sobre que el estado de las cosas tenía que cambiar por una vía o por otra: por elecciones o por las armas. También vale la pena una pequeña separación en aras de la verdad histórica: Si los apátridas no hubieran financiado la contrarrevolución echando al traste la democracia, Guatemala tendría hoy otros derroteros en el desarrollo integral del ser humano y aunque no fuéramos un modelo perfecto se habría generado el sentido exacto del Bien Común y el inicio de su materialización para todos. Pero los hermanos John Foster Dulles (secretario de Estado de Eisenhower) y Alen Dulles (primer director de la CIA), ambos con intereses económicos en la United Fruit Company, más los vendepatrias guatemaltecos, sobre todo el conservador y oligarca sector agroexportador, se encargaron maquiavélicamente de tirar una red de mentiras y de farsas contra el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán (“el Soldado del Pueblo”) y ello provocó la invasión con el títere, el traidor y el indigno militar, Carlos Castillo Armas a la cabeza con la iglesia católica del Arzobispo de Guatemala, Mariano Rossell Arellano”.
“El escritor Carlos Sabino en su libro “La historia silenciada”, afirma categóricamente: “La Liberación era un movimiento espurio, producto de la propaganda anticomunista y que solo protegía los intereses de Estados Unidos”. La historia posterior indica que las elecciones fueron una farsa; por eso, el camino fue la lucha armada. En Guatemala, los anales deberían ser forzosamente cambiados, de raíz. Porque como afirma la Comisión de Esclarecimiento Histórico -CEH-: “La ausencia de una política social eficaz por parte del Estado, con excepción de la época que abarca de 1944 a 1954, acentuó una dinámica histórica excluyente”. Hago aquí eco de Ernesto Sábato: “La historia no es mecánica, porque los hombres son libres para transformarla… esta es una idea antideterminista de la historia. El ser humano tiene en sus manos la posibilidad de cambiar su destino. La historia tiende a ser dinámica…”.
Termino mi artículo con esta saga, porque creemos que debe corregir sus fallas para poder cumplir con un destino histórico. “Hay que curar para decirlo con palabras de Alfred Smith: “ los males de la democracia con más democracia”. Y creemos que debe corregir sus defectos para poder cumplir con un destino histórico, y con una misiva a la juventud, “porque los jóvenes tienen el tiempo para sembrar y con la madurez, para cosechar” (Jean-Jacques Rousseau, porque son los valores y objetivos que cosecharemos más adelante.
FINAL.







