Esta semana quedó marcada internacionalmente por la visita que la política venezolana Corina Machado hizo a la Casa Blanca para entregarle a Donald Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz que ella recibió este año y que el Presidente de Estado Unidos había reclamado porque sostiene que él ha traído paz al mundo. El Premio no es transferible, pero no es primera vez que la medalla es traspasada a cambio de algo. En el año 2022 el periodista ruso Dmitri Muratov subastó la medalla que había recibido por la cifra de 105.5 millones de dólares para recaudar fondos para una fundación que ayuda a los niños ucranianos afectados por la guerra.
Es una marcada diferencia entre lo que hizo Muratov y lo que hizo Machado, puesto que mientras el primero juntó dinero para proporcionar ayuda a miles de niños que resultaron seriamente dañados por la guerra entre su país y Ucrania, la política venezolana
o que pretendía a cambio, obviamente, era que el Presidente de Estados Unidos la colocara en la presidencia de Venezuela tras el derrocamiento y la captura de Nicolás Maduro.
Sin embargo, el mandatario norteamericano dejó en claro que, según él, ella no está preparada ni es apta para dirigir los destinos de su país, con lo que la “negociación” de la medalla del Premio Nóbel se tradujo en una vergonzosa devaluación de ese símbolo,
antaño muy respetado alrededor del mundo. Los mismos miembros del Comité Noruego del Nobel han expresado su disgusto y malestar por la actitud de la política venezolana que no solo tuvo que sufrir un riguroso registro a su entrada a la Casa Blanca, sino que además terminó saliendo con las manos vacías.
Informaciones publicadas recientemente dan cuenta que la administración Trump tuvo contactos durante muchas semanas con la gente del gobierno de Venezuela y seguidores de Hugo Chávez, razón por la cual están muy cómodos de tratar con Delcy Rodríguez como presidenta. Tanto que la ha elogiado abierta y públicamente, no solo antes sino también después de que Machado le dejara la medalla del Nobel de la Paz para que la pudiera agregar a su colección tan peculiar de adornos en el Despacho Oval.
El daño al premio parece ser muy grande, pero no se puede negar, en ningún sentido, la responsabilidad de quienes el año pasado decidieron que Corina Machado era merecedora de ese magno reconocimiento al esfuerzo que cientos de personas han realizado para contribuir a la convivencia pacífica en el mundo. Obviamente, se equivocaron al seleccionar a la ganadora quien ha confirmado que para ella el Premio simplemente es una moneda de cambio que, según supuso, le permitiría regresar a su país con la más alta investidura, evidenciando también que el talento no es uno de sus atributos.








