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En el informe presidencial «La Segunda Cosecha», correspondiente al segundo año de gobierno del presidente Bernardo Arévalo, se destaca un cambio en el enfoque para combatir la pobreza: de intervenciones ministeriales aisladas a un modelo multidimensional basado en el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM). Este índice, que considera dimensiones como educación, salud, vivienda, agua y acceso a servicios, representa un paso hacia intervenciones más integrales y sostenibles. Sin embargo, como se argumenta en este análisis, este modelo sigue siendo insuficiente si no se integra de manera decisiva a la ciencia, la tecnología y la innovación como motores de desarrollo, especialmente en municipios abandonados como Santa Bárbara en Huehuetenango, uno de los municipios reportado como de los más pobres de Guatemala. 

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2023, la más reciente disponible del Instituto Nacional de Estadística (INE), el departamento de Huehuetenango registra una incidencia de pobreza general del 81.2%, posicionándolo como el tercero más pobre del país, solo por detrás de Alta Verapaz (90.3%) y Quiché (86.4%). Esa fue la herencia de gobiernos corruptos como el de Giammattei y su amante, así como del payaso Morales y su hermano comediante.  

A nivel municipal, datos históricos del INE y mapas de pobreza combinados de ENCOVI indican que Santa Bárbara, una comunidad mayoritariamente Mam, ha mantenido niveles extremos de pobreza, superando el 90% en mediciones pasadas, con privaciones en educación, salud y acceso básico. 

Esta persistencia en la pobreza estructural de comunidades, como Santa Bárbara, se debe a factores estructurales: dependencia de cultivos de subsistencia como maíz y café, influencia del narcotráfico en aldeas remotas y falta de infraestructura, como carreteras destruidas que conectan a Santa Bárbara con la cabecera departamental y la misma carretera de Huehuetenango con Quetzaltenango y de Quetzaltenango a Retalhuleu, las que siguen destruidas en este gobierno. Así no se cosechará nada o se cosechará poco. 

El discurso del informe presidencial es elocuente: «Cuando un camino es intransitable, el costo de los insumos sube, el valor de la cosecha baja y el acceso a servicios vitales desaparece.» Sin embargo, esta retórica no se traduce en acciones concretas. ¿Por qué no se resolvieron problemas crónicos como la carretera Cito Zarco, las rutas del sur o el eje Rancho-Izabal, vitales para el transporte de cosechas y de otros productos y mercancías nacionales e internacionales? Huehuetenango, con su alta pobreza, sufre directamente por la destrucción de la carretera hacia Quetzaltenango, lo que agrava el aislamiento económico.

Otro ejemplo casi poético del informe presidencial: «Durante mucho tiempo, la pobreza y la malnutrición se midieron con frialdad estadística sin que los datos se tradujeran en cambios profundos para la gente. Nosotros decidimos dar un giro a esa lógica.» Pero este «giro» omite el rol esencial de la ciencia y la tecnología. Santa Bárbara, rica en minerales y potencial agrícola, sigue atrapada en el narcotráfico y la subsistencia. 

No basta con remozar escuelas, como la ampliación de la primaria en Xoconilaj; un caserío de Santa Bárbara, Huehuetenango, se necesita un currículo que transforme la producción local, convirtiendo maíz en productos procesados o minerales en materiales innovadores. Sin innovación, las intervenciones multi ministeriales reproducen el asistencialismo, ignorando que países desarrollados invirtieron en ciencia, tecnología e innovación para elevar su productividad.

Para ser justos, el gobierno de Arévalo ha logrado avances en 2025, según el propio informe «La Segunda Cosecha». El crecimiento económico alcanzó el 4.1%, liderando la región y superando promedios latinoamericanos, aunque según analistas, como los análisis de Emilio Matta aquí en La Hora, indican que este crecimiento se debe al incremento de remesas. A pesar de esto, no se puede comparar al gobierno de Bernardo Arévalo con los gobiernos corruptos de ladrones compulsivos como Alejandro Giammattei y Jimmy Morales, que no invirtieron nada realmente en estas abandonadas comunidades porque todo, todo se lo robaban. 

En educación, sigue el informe, se remodelaron más de 10,000 planteles en 2025 (sumando a los 11,500 de 2024), se convocaron 13,000 plazas docentes y se aplicó un aumento salarial del 5% para maestros públicos. Se hizo una excelente lucha en contra del pseudo sindicado de Joviel Acevedo, algo de elogiar de este gobierno, 

En seguridad, se reportan progresos en la lucha contra el crimen organizado transnacional, y en desarrollo agrícola, se entregaron 1.26 millones de raciones alimentarias a más de 1.1 millones de familias. Estos logros, junto con mejoras en salud y abastecimiento de agua, indican un esfuerzo por el desarrollo territorial.

¡Ah! Casi se me olvida que fuimos a los juegos olímpicos y gritamos nuestra primera medalla olímpica de oro de Adriana Ruano gracias a las gestiones del presidente Arévalo ante el Comité Olímpico, aunque el deporte federado sigue igual de corrupto en muchas federaciones, como la fracasada Federación de Futbol de Guatemala, otra fuente de corrupción activa.  

No obstante, estos avances son limitados sin integración de ciencia, tecnología e innovación. Por ejemplo, las remodelaciones educativas no incluyen reformas curriculares en educación técnica, y las metas en carreteras (500 km prometidos) solo alcanzaron 162 km construidos, según críticas independientes. Además, fugas en cárceles como Fraijanes 2 en 2025 cuestionan el control sobre el narcotráfico en zonas pobres.

Para superar estas deficiencias, se debe agregar al esquema multi ministerial el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYT) como actor central. Aquí, algunas propuestas detalladas y accionables:

  1. Reforma Curricular en Educación Técnica: En municipios como Santa Bárbara, implementar un plan piloto con alianzas entre el Ministerio de Educación y universidades como la USAC o URL. El currículo incluiría módulos de agroindustria (e.g., procesamiento de café con biotecnología para derivados de alto valor) y minería sostenible (transformación de minerales locales usando herramientas digitales). 
  2. Innovación en Producción con Tecnología: Desarrollar «hubs» de innovación rural, usando drones y sensores para monitoreo agrícola, reduciendo pérdidas por clima o plagas, descrito en forma general en su último artículo por Alfonso Matta aquí en La Hora. En Santa Bárbara, explotar minerales con técnicas de extracción ecológica, creando empleos en procesamiento local. Ya hay un proyecto del CUNOC, el campus de la Universidad de San Carlos en Quetzaltenango, que estudió el uso de arcillas para mascarillas faciales con fondos de CONCYT. 
  3. Recuperación de Territorio del Narcotráfico: Usar tecnología moderna, como sistemas de vigilancia satelital y apps de denuncia comunitaria, para recuperar aldeas abandonadas. Integrar esto con educación técnica en seguridad digital, formando jóvenes locales en ciberdefensa contra carteles.

Estos pasos están inspirados en países exitosos, donde la inversión en ciencia, tecnología e innovación rompieron el ciclo de subdesarrollo. La educación técnica, abandonada por este y gobiernos anteriores, es el vacío existencial que debe llenarse para una cosecha verdadera. Hagámoslo ahora. Pongámosle atención a la educación técnica porque si no es ahora, no será nunca. 

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