Me sumo a título personal al boicot al Campeonato Mundial de Fútbol programado para junio y julio en Canadá, Estados Unidos y México. Al igual que para millones de aficionados en el mundo entero, incluidos miembros de mi familia en esos tres países, no ha sido una decisión fácil, porque sé que mucha gente quedará frustrada y desilusionada. Decisiones políticas de odio y codicia de Trump me han convencido de la necesidad de enfrentar al dictador de EE. UU., que quiere erigirse en dictador del mundo.
Este campeonato está manchado de sangre, con la tolerancia frente al genocidio de Israel contra los palestinos en Gaza, incluidas víctimas del equipo de fútbol palestino muertos durante los indiscriminados bombardeos. Cuando Israel iba a jugar contra Italia en las eliminatorias, mi firma se agregó a la carta que exigía a la FIFA que, de igual manera a la decisión de negar la participación de Rusia cuando ésta invadió a Ucrania, debiese negar la participación de Israel, que irrespetaba el derecho internacional humanitario. La carta alcanzó el millón de firmas, fue entregada y fue descartada por Gianni Infantino, presidente de la FIFA.
Las acciones posteriores de Infantino y Trump, que actuaban más como “socios”, hicieron perder la confianza en el primero y ratificar la megalomanía del segundo, al aprovechar éste el evento mundial de fútbol para ser el centro de atención internacional. Al realizarse en diciembre la ceremonia de designación de sedes y de grupos, Infantino, para consolar a Trump por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz, decidió otorgarle la “medalla de la paz de la FIFA”, inmerecida, sin valor alguno y sin precedentes. En sus relaciones, Infantino no ha hecho nada por garantizar la seguridad y tranquilidad de jugadores, equipos y aficionados, ni se ha atrevido a sugerir un trato amable a los aficionados de todo el mundo que desean asistir al evento.
Las medidas posteriores de Trump, en su loca y no declarada guerra contra América Latina y el Caribe, hacen de Estados Unidos el lugar más inhóspito del mundo para los visitantes que quieran asistir al Mundial. Al ver la lista actual de países, Trump puede dejar fuera de EE. UU. a las delegaciones de Irán y otros países con los cuales tenga diferendos, como Colombia y hasta Brasil. Puede eliminar jugadores en los trámites migratorios, con intención de imponer a EE. UU. como campeón mundial. Con su brutal ataque contra Venezuela y el secuestro del presidente de ese país ha demostrado que, para saciar su egolatría, tomará cualquier medida que invente su enajenado cerebro. Las huestes de ICE-Gestapo en EE. UU. agreden ahora a ciudadanos estadounidenses -se lamenta el asesinato de Renee Good, en Minnesota- y han disparado contra otras dos personas en Oregón. Para colmar su xenofobia, Trump ha anunciado la revocación de más de cien mil visas, así como la suspensión de visas para setenta y cinco países, incluido Guatemala.
Aficionados, acompañé los malogrados esfuerzos de Guatemala por llegar al Mundial; pero aún si hubiésemos clasificado, hoy, como ex futbolista del Don Bosco, mantendría mi posición personal de BOICOT TOTAL A ESTE MUNDIAL.







