La operación militar que se hizo en Venezuela constituye el modelo que potencialmente podría continuar funcionando en los siguientes años bajo la administración de Trump. Este suceso, ciertamente, representó el inicio de una perspectiva de largo plazo en materia de geopolítica que amerita preocupación, así como de articulación para evitar que vuelva a ocurrir en cualquier suelo y país del mundo.
El presidente Maduro no era un gobernante que pudiera ser defendible, al contrario, sus actitudes, sus discursos, sus formas de gobierno resultaban propias de un autócrata, el modelo económico no se puede calificar más que un fracaso, pero eso sí, las intervenciones en materia de dotación de bienes públicos esenciales para la mayoría de la población -que se iniciaron desde Chávez-, fueron claves para generarse una enorme simpatía en los grupos más desfavorecidos de la sociedad venezolana.
Pero igual, no resulta defendible, al contrario, cuestionable, pero aún así, la intervención norteamericana en Venezuela para secuestrarlo y capturarlo marca un punto de inflexión en la política exterior americana que resulta preocupante de cara al futuro. Esta es una nueva forma de imperialismo, operaciones que resultaron cuestionables en diferentes países del mundo como Irán, Irak, Guatemala, República Dominicana, Chile, Panamá, entre otras, hoy vuelven a renacer y con mayor fuerza.
El presidente Trump ya lo subrayó: el acuerdo entre Demócratas y Republicanos en materia de política exterior fracasó, así que hoy la actual gestión de Estados Unidos se lanza a reconfigurar el imperialismo, para lo cual no va a dudar en realizar intervenciones en los países que se le opongan, tal como amenazó a Colombia y México.
Ahora el caso de Venezuela, con un presidente poco confiable, resulta totalmente contradictorio con el caso de Israel y su política de genocidio en la franja de Gaza, ahí Trump no dijo nada, no hizo nada, únicamente declaraciones absurdas de crear un parque en dicho lugar. Esta contradicción se puede explicar cuando se analiza que las grandes reservas petroleras de Venezuela le resultan primordiales a Estados Unidos, pero que bajo el control de Maduro, no iban a resultar en una negociación fácil.
Desde esta perspectiva se urdió una forma de intervenir. Declarar al presidente Maduro, primero, terrorista y luego, vincularlo al Cártel de los Soles, una organización de narcotráfico que ya se comprobó por la propia justicia norteamericana que no existe. Así que el juicio amañado que tendrá que enfrentar Maduro es una burda mentira.
¿Pero qué va a pasar en Venezuela?, es la pregunta más importante. Es difícil predecirlo, pero se pueden elaborar algunas hipótesis. Trump no va a aceptar que la salida del presidente Maduro se resuelva institucionalmente; es decir, que la vicepresidenta asuma y que el resto de instituciones sigan funcionando. Trump no va a aceptar esto, tal como dije, pero es una hipótesis.
La segunda hipótesis sería que se convocara a elecciones libres, pero para Trump esto es complicado también, pues si lo hace, enfrenta el gran riesgo de que gane el o la candidata afín al proyecto chavista y esto es una realidad.
Y la última hipótesis, creo que resulta la más segura, es que Trump imponga a un candidato o candidata de la oposición y con ello mantendrá el control político de Venezuela y por lógica común, el suministro de petróleo de ese país.
Desde cualquier punto de vista, la acción contra Venezuela resulta cuestionable bajo cualquier punto de vista, representa un retorno a un imperialismo del siglo XXI, que puede constituir en una amenaza constante contra la soberanía de todos los países del mundo, un grave peligro para la humanidad -pues el eje Rusia y China, que mostraron su desacuerdo con esta deplorable acción-, podrían constituirse en un segundo eje político en el mundo y con ello catapultar una posible conflagración mundial.







