“Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará”. Aristóteles
La historia es, ha sido y será quien juzga los acontecimientos grandes y pequeños que mueven al mundo, y aunque haya quien la quiera tergiversar, como sucede hoy, la verdad siempre sobrevive a lo que no lo es, por ejemplo el caso de Nicolás Maduro en algún momento será estudiado, así como otros sucesos lo han sido, porque no hay dictadura buena, y a pesar que sus defensores argumentan que acaba de haber elecciones que el “ganó” el mundo entero observó de primera mano, que perdió las elecciones, y no entregó el poder, porque típico de un dictador no reconoció el resultado real, y se inventó un resultado paralelo.
Los venezolanos que se encuentran en el mundo entero, porque han tenido que migrar huyendo de la falta de democracia en su país, son el mejor referente de lo que es una dictadura, reforzada por el crimen organizado que mantuvo a Maduro, lo que debe ser visto en toda su magnitud, porque así como no hay dictadura buena, también es necesario el respeto al Estado de Derecho de cualquier nación, también es cierto que a veces como sociedad nos vemos ante una disyuntiva en la que se tiene que tomar una decisión cuyo camino es de espinas, pero no hacerlo significa mantener una situación que daña a toda una sociedad.
Desafortunadamente hay acontecimientos que sobrepasan las teorías y los estudios realizados, en los que, los que nos consideramos demócratas nos vemos ante dos males, y tenemos que despojarnos de ideologías para concentrarnos en realidades, y la situación del país sudamericano colocó al mundo entero en una situación en la que nos tuvimos que ubicar en la equidistancia porque entre los derechos humanos de una generalidad y los derechos de un grupo, hay que hacer balance de lo que necesita la generalidad.
El caso Venezuela es especial, porque aunque haya quienes encuentren paralelismo entre la contrarrevolución de Guatemala en 1954, no es así ya que nosotros teníamos un gobierno democrático y legítimo, que con el apoyo de una oposición poderosa pero no la población en general, fue defenestrado, en Venezuela la población en general, celebró la detención de Maduro, porque eso significaba un cambio necesario, sin embargo conforme pasan las horas se observa desilusión debido a que la cúpula es la misma, aunque se diga que son los que ofrecieron llevar a cabo la transición todo ha quedado en un impase por lo menos los primeros días.
El venezolano común, que no es parte del sistema, pero que tuvo que migrar, en el mejor de los casos, y en el peor huir de una dictadura que no solamente se alimentó del crimen organizado, sino que encarceló o desapareció a las voces críticas, lo que llevó a que en las últimas elecciones de segundo grado, la oposición no presentó candidaturas para no legitimar un proceso corrompido, ese venezolano en el exilio se alegra de la detención de Maduro, creo que hay que comprender primero el dolor de la lejanía de sus raíces por un sistema corrompido, porque no se puede hablar de derechos de los dictadores, sin antes valorar los derechos de los oprimidos.
Creo que muchos apoyamos primero los DD. HH. de la población venezolana y después los del dictador, ya que si algo ha polarizado a la sociedad es cerrar los ojos ante los desmanes de los nuestros, haciendo énfasis en la ideología antes de la humanidad, sin tomar en cuenta que los dictadores no tienen ideología, los dictadores responden solamente a sus intereses personales y de los suyos, los verdaderos idealistas anteponen los derechos de los demás a los suyos propios, por lo que hemos de tratar de ser objetivos, pero ante todo racionales y distinguir el mal que tenemos enfrente.
La verdad siempre estará ahí, y aunque a veces se encuentre empañada por la desinformación que hoy predomina, el derecho de las personas siempre será más importante que el de un sistema que se ha corrompido, porque el sistema que se corrompe deja de ser sistema, y pasa a ser tiranía.
No hay sociedad que deba sufrir el éxodo de sus ciudadanos para que un dictador se sirva a sí mismo y a los suyos.







