Mi tío por la línea paterna, Herlindo Villegas Orantes, nació a principios del siglo XX y ya en su juventud fue testigo de los levantamientos que sucedieron en los pueblos de Chiquimulilla, Guazacapán y Taxisco, entre los años de 1919 y 1922, primero para derrocar al gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera y después contra el gobierno del general José María Orellana. Esas insurrecciones ya eran propias en los santarroseños, pues hay que recordar que fue en Santa Rosa donde Rafael Carrera inició su lucha guerrillera contra el gobierno del doctor Mariano Gálvez. Parte de los hechos políticos de la historia de Guatemala, en los años de 1919 y 1922, han sido descritos por historiadores de profesión; pero, son vistos desde lo acontecido en la ciudad Capital. Sin embargo, con lo que se relata en el documento escrito por mi tío, se ve que la lucha entre liberales y unionistas también se dio en el interior de la República. Así que, por entregas, iré contando lo que dice el mencionado folleto sobre esos levantamientos y lo que sucedió en esos tres pueblos de la Costa Grande. Dice el documento:
I.-Los pueblos en Guatemala, a principios del siglo XX, vivían en calma debido a su falta de comunicación con la capital. Además, sumado a su lejanía, vivían en un atraso educativo, político y social, al grado de que la educación primaria en las provincias escasamente llegaba hasta tercer grado que se le reconocía como “elemental”: para niñas y para varones y de la secundaria no se sabía nada. La prensa era de escasa circulación y se reducía al Diario de Centro América que llegaba a las alcaldías y a dos o tres vecinos suscritos que se enteraban de lo que sucedía fuera de las poblaciones. No había caminos y eran pocos los que conocían la capital. Cada habitante se desenvolvía a su manera de pensar: el hacendado, el comerciante, el obrero y los campesinos desempeñaban sus actividades sin ninguna intervención del gobierno; de manera que todo estaba en manos de las municipalidades, que se sostenían a base del boleto de ornato y otros magros arbitrios. Dentro de esa aparente calma, las poblaciones vivían en un ambiente de guerras propias de todos contra todos: no se respetaba la propiedad, las escoltas allanaban las haciendas y se llevaban el ganado y a los hombres con el pretexto de que debían prestar servicio, contando con la ayuda de los Comandantes y los mayores de plaza, que estaban obligados a respetar las leyes y los reglamentos. Ese era el ambiente en que se vivía en las proximidades del año 1919. En el transcurso de ese año se supo que en la capital se había fundado el Partido Unionista, noticia que cayó como una esperanza porque habría otro partido para sus ideales, aun cuando se decía que el propósito era lograr de nuevo la unión de Centroamérica, que había terminado desde los tiempos del Presidente Carrera. Si embargo, poco a poco se fue filtrando la verdadera intención escondida, que era el derrocamiento del presidente Manuela Estrada Cabrera. En la entrega de la segunda prosa se conocerá los nombres de los vecinos que en los tres pueblos fueron actores en los movimientos políticos y encuentros armados de esos años, unos en el bando liberal, partidarios del gobierno, y otros en el bando de los unionistas.







