Autor: Ingrid Julissa De La Paz
X: @JulyDeLaPaz1
TikTok: @julydelapaz
Instagram: @_julydelapaz
Email: @ ingriddelapaz.98@gmail.com
Editorial: youngfortransparency@gmail.com

Sobre el Autor:
July De La Paz | M.A. en Control, Gestión y Fiscalización Gubernamental | CPA | Politóloga | Analista Política | Secretaria General Cocode Fraijanes


0:00
0:00

En diciembre, a los niños se les pregunta qué quieren de regalo: muñecas, pelotas, bicicletas, ropa nueva…, pero a cientos de niñas de 10, 11, 12, o 13 años en Guatemala, la vida les hizo otra pregunta: ¿juguetes o bebés?, y ni siquiera les dio la opción de responder.

La Navidad suele venderse como una celebración feliz, con luces, risas, posadas, tamales, ponche y familias reunidas; pero mientras decoramos, se preparan la cena y los cohetes, hay niñas que no están esperando regalos, sino controles prenatales, aprenden palabras que no deberían conocer, como “ecografía” y “parto”. La infancia, para ellas, no llega al 25 de diciembre, se quedó varada mucho antes.

Entre enero y noviembre de 2025, 1,911 niñas de entre 10 y 14 años quedaron embarazadas en Guatemala; este no es un “fenómeno social”, ni una “estadística fría”, es una tragedia que se repite con normalidad. Son niñas obligadas a ser madres, casi siempre tras haber sufrido violencia sexual, casi siempre en silencio, casi siempre con un Estado que mira hacia otro lado.

A estas edades se aprende a andar en bicicleta, no a criar a un hijo; los 10 años son la edad de los cuadernos, no de los pañales. Estas niñas están cargando una maternidad que no eligieron, mientras sus agresores siguen libres, sin nombre y sin castigo.

Entonces llega la Navidad, una Navidad que habla de familia, pero ignora a las niñas forzadas a formar una; una Navidad que celebra la vida, mientras normaliza infancias truncadas.

Lo verdaderamente incómodo de estos datos no es su cantidad, sino lo poco que nos conmueven. Nos horrorizamos un segundo, compartimos una imagen y seguimos como si fuera normal, como si una niña embarazada fuera parte del paisaje social, como si no fuera una derrota colectiva.

Esta columna no es para culpar a las niñas; es para incomodar a los adultos, a las instituciones, a una sociedad que romantiza la maternidad incluso cuando es forzada, a un país que prefiere celebrar la Navidad sin preguntarse qué infancia se está dejando atrás.

Este 25 de diciembre antes de abrir regalos, habría que hacernos esta pregunta incómoda: ¿Qué navidad puede tener una niña a la que le arrancaron los juguetes para ponerle un bebé en brazos?

Hasta que esa pregunta no nos duela lo suficiente como para actuar, la Navidad seguirá siendo una fecha luminosa para algunos, y una noche más de silencio para muchas niñas que nunca debieron dejar de serlo. 

Jóvenes por la Transparencia

post author
Artículo anterior¿Qué es el sistema Biometric Entry-Exit implementado por EE. UU.?
Artículo siguienteEl viejo tema de las promesas de fin de año