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Por: Luis Fernández Molina

El domingo recién pasado marcó un cambio; concluyó el tiempo ordinario y abrió un nuevo periodo y qué mejor cierre con broche de oro que la celebración de Cristo Rey. ¡Viva Cristo Rey! Es un parteaguas que da paso al Adviento lo que en el contexto popular se entiende como tiempo navideño. Las cuatro candelas de la corona de Adviento representan cada uno de los próximos domingos hasta llegar al magno día de Navidad.

En las lecturas de ese último domingo se hace referencia a la proclamación del reinado de Jesús. Clavado en la cruz y en avanzada agonía ofrece a quien estaba a su lado, igualmente crucificado, que “esa misma tarde estaría en el Paraíso.” Ciertamente es una de las expresiones más sublimes que cualquier ser humano pueda escuchar, esa oferta y garantía del mismo Dios, que estaría en breve gozando del cielo. Dichosísimo ese crucificado cuyo nombre no registran los Evangelios. Tampoco menciona sus antecedentes. Ni siquiera sus nombres. Es la tradición la que nos ha transmitido sus nombres: Dimas y Gestas.

La misma tradición identifica a Dimas como “el Buen Ladrón”. Una composición muy extraña, un perfecto ejemplo de oxímoron, esto es, una expresión que contiene una contradicción en sí mismo (ej. los sonidos del silencio, crecimiento negativo, ignorancia enciclopédica, pacifista militante). Si era ladrón no podía ser “bueno”.

No importa cuál haya sido su nombre, lo que sabemos es que es el único ser humano cuya inscripción en el libro de los Santos ha sido directamente reconocida por Jesús. De todos los bienaventurados tenemos constancia de su santidad a través de los procedimientos de canonización que implementa la Iglesia Católica, el cual incluye dos milagros debidamente acreditados. Con Dimas no hubo necesidad de dicho trámite siendo que el mismo Jesús aseguró su entrada al cielo. Por ende, no hay duda: está en el cielo. Cabe decir que en el martirologio romano incluye al Buen Ladrón, pero no cita su nombre. Su día es el 25 de marzo. Tampoco hay elementos para determinar quién estaba a la derecha o a la izquierda; la tradición asume que Dimas se encontraba a la derecha de Jesús, es por eso que en la mayoría de las representaciones de la crucifixión la cabeza de Jesús gira hacia la derecha.

Hay un paralelo entre Juan el Bautista y el ladrón Dimas. Ciertamente eran contemporáneos, aunque poco probable que se hayan conocido, Juan se mantenía retirado en el desierto y además no frecuentaba a ese tipo de personas. ¡Ufff! Pero existen otros puntos en común. Juan Bautista fue el primero en reconocer la divinidad del Mesías y Dimas fue el último en hacerlo. En efecto, nos relata san Lucas que poco después de la Anunciación, cuando la Virgen María llegó a visitar a su prima Isabel ésta declaró que “el niño saltó en mi vientre”. Juan Bautista era, en ese momento, un feto, pero ya tenía vida, personalidad. Repito, al igual que todas las criaturas que crecen en los vientres de las madres ¡son seres humanos! Al dar ese salto de regocijo Juan Bautista reconocía la inmediatez del divino Mesías que también se encontraba en el seno virginal de María.

Por su parte, Dimas reconoció a Jesús en El Calvario y en los últimos minutos de su vida (en los tiempos de reposición diría un deportista). Nos relata Mateo que al principio ambos ladrones se burlaron de Jesús, aunque Lucas hace referencia únicamente a uno de ellos, a Gestas. En todo caso, en medio de su tortura, Dimas encontró la claridad mental y el soplo de sabiduría para reconocer la divinidad e investidura de Jesús y pedirle que lo tuviera en cuenta cuando estuviera en “su reino”. Si iba a “su reino” es porque era un rey y eso fue lo que confesó Dimas con sus últimos suspiros. En todo caso Jesús declaró su reino con los brazos extendidos, clavados en un madero. Sin duda alguna Dimas era un hábil ladrón. San Agustín, admira de su sagacidad con la que hasta, logró “robarse el cielo” con los últimos alientos de su vida mortal.

Jesús no calificaba a las personas, no les ponía adjetivos. En diferentes escenarios encomiaba la fe de ciertas personas con una frase que se repite: “tu fe te ha salvado”. En otras palabras calificaba a esas personas como creyentes o piadosas. Pero a Dimas lo declaró, de hecho, un santo. Acaso el único adjetivo o ponderación que registran los Evangelios es lo que dijo Jesús respecto del Bautista: “entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor que Juan” (Lc. 7:28).

Otra lección que nos da la lectura es que la gracia es una oportunidad que se nos brinda en el momento oportuno conforme los planes de Dios. Puede ser en nuestra juventud, mediana edad, vejez; en la bonanza o en crisis; en plena salud o enfermos. Esta oportunidad nos recuerda a los operarios de la huerta en que contrata a los últimos casi al final del día y les ofrece la misma paga de aquellos que faenaban desde tempranas horas. Dios es el dueño de la huerta, los tiempos de Dios no son los nuestros.

Con todo, a prepararnos para sentir profundamente el significado del Adviento, más allá de los convivios, regalos, comidas, etc. Bien por ello, pero debemos dedicar momentos para reflexionar en ese profundo misterio de la Encarnación del Señor.

Reflexiones Dominicales

Colaboración especial para compartir con los parroquianos y, de paso, con algún sacerdote que pueda sentirse inspirado para su prédica dominical.

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