Es alentador que el sistema de salud en Guatemala esté abriendo nuevos puestos de salud, con 31 inaugurados en el periodo reciente. Sin embargo, el verdadero desafío no es solo la cantidad, también lo es la calidad. El reto actual es dotar a estos centros con los recursos necesarios para ofrecer una atención integral.
Una queja constante de la población guatemalteca es la sobrecarga y el mal equipamiento del sistema de salud en todas sus unidades. A esto se suma la fragmentación de los niveles de atención, lo que impide una atención escalonada, eficiente y afecta la coordinación de la atención médica y preventiva entre el primer nivel (centros y puestos de salud), el segundo nivel (hospitales generales) y tercer nivel (hospitales nacionales con alta especialidad).
El primer nivel de atención es crucial. Es la primera línea de defensa para la prevención y el control de enfermedades comunes, detección y el seguimiento de casos con enfermedades limitantes, crónicas y la vigilancia epidemiológica. Reforzarlo es una necesidad urgente, ya que, según análisis de expertos, la atención primaria en Guatemala presenta fallas críticas: Inversión insuficiente y un enfoque erróneo.
Dos de los problemas más graves que debilitan la atención primaria son la falta de inversión y el enfoque centralizado en los hospitales. La inversión en salud de Guatemala, estimada en un 2.5% del PIB, es significativamente inferior al 6% que los expertos consideran necesario. Aunque el reciente aumento presupuestario y la asignación de fondos a la salud y educación de los pueblos indígenas, son pasos en la dirección correcta. La falta de pertinencia cultural en su ejecución sigue siendo deuda.
La brecha en infraestructura de la atención primaria es crítica, con una carencia de más de 3,000 puestos de salud. Pero también la es, entre personal dedicado a la atención médica y la prevención y se hace necesario mejorar estándares y modelos de gestión. El Dr. Cristian David Osorio Figueroa, en su ensayo sobre la atención primaria durante la pandemia de COVID-19, criticó el enfoque excesivamente hospitalario que relegó el papel de la atención primaria en la prevención y el seguimiento de casos. Resaltó que un sistema de atención primaria territorializado y con adscripción poblacional, es la clave para reducir las inequidades en salud.
Los expertos también coinciden en la falta de personal médico capacitado, especialmente en el primer y segundo nivel de atención. La baja capacidad institucional para formar nuevos profesionales y la preferencia de los ya formados por el sector privado, debido a los bajos salarios e inestabilidad del sector público, agravan esta situación.
En el evento de hace dos años «¿Cuáles son los retos de salud en Guatemala?» Los doctores Edgar Santos, Rodrigo Arévalo y Luis Aragón, destacaron que el sistema actual no está preparado para enfrentar desafíos de salud de manera integral. Este es un vacío que urge resolver.
En resumen, la atención primaria en Guatemala, a pesar de su potencial, está debilitada por el bajo financiamiento, la falta de personal calificado y una infraestructura inadecuada. Es fundamental abordar estas tres problemáticas de manera simultánea si realmente se quiere mejorar la salud de los guatemaltecos.