Miguel Saquimux Contreras

Algo similar pasó hace pocas semanas en Sololá, aunque siempre salvando las distancias con respecto de lo que ha representado la conocida “guerra santa” para el mundo, pero, tampoco se puede minimizar el hecho de haber expulsado a la comunidad Judía Ortodoxa que habitaba en aquel departamento. En este caso, la cultura de los pueblos indígenas que habitan en las cercanías del lugar de los hechos pudo verse amenazada, a lo que tal vez parezca ilógico, pero lo que sí está claro es que no se trata de pugnas por motivos económicos, sino más bien es producto de la defensa de las ideas de cada una de las culturas, situación que se manifiesta en ambas vías.

Como ya es comprobado que no es necesario trasladarse hasta recónditos lugares del mundo para ejemplificar como dañan las ideas radicales, podríamos tocar el tema de las distintas religiones que se profesan en Guatemala, en donde, vemos a una sociedad cada día más dividida, por trivialidades que parecieran de fácil conciliación, pero que a la vez no es posible. No tendría que existir objeción alguna en la conciliación de intereses, y de esta manera compartir las mismas visiones de crecimiento en beneficio del país, pero, ya está comprobado que, no importa el adorar a un mismo Dios, sino más bien prevalecen los radicalismos en algunos casos y en otros llegamos hasta ofensas de carácter verbal.

Dejando las creencias y culturas ancestrales por un lado, podríamos trasladarnos al plano de las ideas económicas, algo que tanto apasiona a los académicos del país, razón por la que se han librado guerras ideológicas, todo en defensa de posturas definidas desde una perspectiva de pensamiento o doctrina económica. Tal parece que para los ortodoxos marxistas, todo lo que no está aplicado de acuerdo con sus ideales es neoliberalismo –concepto despectivo para referirse a ideas monetaristas o neoclásicas–, y en contraparte, para los monetaristas o liberales todo lo que no está aplicado bajo la lógica de su pensamiento es comunismo o populismo, que dicho sea de paso son términos igualmente despectivos que el anterior; al decir despectivos no debe mal interpretarse pensando que no existen, sino más bien es por la intención con la que son utilizados.

En conclusión, los extremismos dañan más de lo que benefician, aunque en algunos casos si han dado buenos resultados, pero también esos resultados se han hecho acompañar de grandes costos sociales, culturales y económicos. Creo firmemente que en pleno siglo XXI no es posible seguir con dificultades en la convivencia humana, porque al final las ideas no son las dañinas, lo dañino son las actitudes individuales o colectivas, mismas que no debaten las ideas sino más bien se dedican a atacar a las personas que no poseen los mismos ideales, librando así guerras innecesarias.

Artículo anteriorAhora, no podemos solos
Artículo siguienteCorrupción generalizada