Eduardo Blandón
La reducción es el deporte de la mente. Extraviamos el camino y falseamos la realidad cuando la inteligencia, desprevenida, se conforma con apreciaciones generales abandonando el detalle. Creemos que esas aparentes minucias son despreciables y no constituyen lo sustantivo de las cosas mismas. Error mayúsculo.
Por ello afirmamos orondos, por ejemplo, que Jimmy Morales es solo un triste comediante, favorecido por la rueda de la fortuna. No tiene mérito alguno, juzgamos, porque su incapacidad política y falta de experiencia es más que obvia. Lo suyo, decimos, es solo una especie de premio mayor en el que el destino es el único responsable. Punto.
Lo mismo decimos del actual presidente del Congreso a quien juzgamos en estado psiquiátrico: “el loco Taracena”. Vemos en él a un sujeto desequilibrado, histriónico, pero sobre todo misógino, capaz de dirigir con excelencia un circo… justo el Congreso de la República. Y con franqueza, pocas razones hay para pensar de otra forma.
Sin embargo, ni Jimmy Morales es solo un comediante con suerte ni Mario Taracena un demente inútil. O sea, en el caso del Presidente, aún y cuando hay que reconocer que el conjunto de constelaciones estelares se ordenó a su favor, él supo aprovechar los medios necesarios para alcanzar el poder. Hizo una campaña exitosa y ofreció un discurso vencedor. Los votantes pusieron sus esperanzas en él y como resultado ganó las elecciones.
¿Qué decir de “el loco Taracena”? No hay duda que merecería el Federico Mora, convengamos en ello. Pero no piense que su condición anula su capacidad de raciocinio. Es un sujeto que en medio de su torpeza conoce bien el tinglado político. Es un ajedrecista del poder, con suficiente intuición para sacar provecho de su locura. Su capacidad lo ha mantenido en la arena política por bastantes años y ahora lo tiene como flamante (vergonzoso) Presidente del Congreso.
Seamos cautos, en consecuencia, con la simplificación del mundo. Los seres humanos somos complejos y muchas veces es ese universo extraño el que nos impide hacer pronósticos y juzgar correctamente. No nos vayamos con la finta que la vida puede darnos muchas sorpresas, como las que recientemente hemos recibido en la figura de nuestros particulares gobernantes.







