Jóvenes por la Transparencia

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María Gabriela González Bran

gaby.gonzalezb2002@gmail.com
IG: gabbz_gonzale

Soy estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rafael Landívar. Soy muy soñadora para los realistas y muy realista para los soñadores, pero todos estamos de acuerdo en que la defensa de la vida, la libertad y la dignidad humana son clave para poder lograr el cambio que todos queremos para nuestra Guatemala y para nuestro mundo.

El 3 de mayo, estaba leyendo en Prensa Libre las razones por las que Sandra Torres, Sammy Morales y Zury Ríos tienen mayor porcentaje de antivoto. Vi lo siguiente: “El semiólogo Carlos Velásquez dio una explicación neutral sobre la imagen del antivoto contra estos tres candidatos. Sobre Torres comentó que “está clara la misoginia que gobierna en la sociedad”, y aunque en términos generales se le asocia con la corrupción, no más que otros candidatos, el principal rechazo hacia ella “es su imagen como mujer, que refleja muy bien el machismo, el conservadurismo, solo por ser mujer” (…)”.

Me pareció una ridiculez lo que leí, pero dije “bueno, sabrá por qué lo dice”, porque, definitivamente, no creo que el principal motivo del antivoto hacia Sandra Torres sea por ser mujer. No podemos negar que sí puede haber personas que consideren que las mujeres son malas para la política. Pero tenemos que analizar un poco su papel en la política actual; por lo menos, de las candidatas que casi todos conocemos. Porque he conocido diferentes mujeres que estudian política en diferentes universidades, y son, simplemente, fenomenales y ejemplares. Sin embargo, ¿por qué no destacan? ¿Qué define que una mujer pueda o no estar en un puesto de poder?

Este es un artículo de opinión, por lo que me limitaré a comentar sobre la información que sé de algunas candidatas. De todas formas, como siempre, querido lector, lo invito a que me dé sus comentarios sobre lo que escribo.

Comenzaré brevemente con Sandra Torres. Destaca no solo el hecho que fue primera dama, sino también que, durante varias elecciones, ha ocupado los primeros lugares. Ella es del grupo de “los viejos conocidos”. La apoyen o no, hay que admitir que es poco probable que alguien no sepa quién es Sandra Torres. Ese reconocimiento no cualquier candidato lo consigue. Sin embargo, ha estado envuelta en polémicas, sobre todo, de corrupción; algo que cada candidato se toma la molestia de recordarle durante los foros presidenciales.

Por otro lado, está Shirley Rivera. Sobre ella vale la pena resaltar que es la tercera mujer presidente del Congreso de la República, y la primera en obtener la reelección. Pero el asunto es que en el Congreso ha sido criticada no solo por las iniciativas que aprueba, sino también por las que discute y cómo las discute. Las iniciativas han sido muy favorables al oficialismo -no a la población- y que al discutir es complicado que se oiga y se considere a la oposición. Esta gestión pone en duda el principio de “división de poderes”, en este caso, entre el Legislativo y el Ejecutivo.

Un caso muy particular es el que presenta la coalición Valor-Unionista. El ejemplo que daré es teniendo en cuenta algo tan sencillo que noté en los foros electorales. Por un lado, está la presidenciable Zury Ríos. Ella es impresionante, ya que tiene una excelente oratoria y un lenguaje corporal prudente. También es clara y concisa la mayor parte de las veces -algo que lamentablemente casi ningún candidato tiene. Por otro lado, está la candidata a la alcaldía de Mixco por el partido Valor, Melanie Müllers. Lastimosamente, ella no supo expresarse en un foro, parecía que tenía grabado su discurso, el cual repetía de forma monótona e insegura. No tiene esa habilidad que todo político que se postula a un cargo debería tener.

Con estos pocos ejemplos concluyo que no tenemos que exigir que haya mujeres en la política solo porque sí, cosa que suele pasar cuando se pide, por ejemplo, que haya paridad de hombres y mujeres en el Congreso. Querer llenar la cuota puede hacer que lleguen a los puestos mujeres que no están tan preparadas como otros hombres, o, viceversa, debilitando así la institucionalidad, y aumentando la perspectiva negativa que se tiene de la política.

Sí tenemos que exigir que haya igualdad de oportunidades, y luego dependerá de cada mujer aprovechar o no esas oportunidades. Por qué no destacan o por qué no se oye mucho en Guatemala que haya mujeres preparadas en el área política, seguramente, será una pregunta abierta, pero lo que sí quiero fomentar es la promoción de la meritocracia, pero no solo en la política, sino en todo. Si es mujer y quiere ser diputada, ¡por favor, hágalo! No la detengo, pero le suplico que se prepare de la mejor forma y tenga sus valores bien claros, para demostrar que las mujeres sí podemos ser buenas en política.

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