Eduardo Villatoro
No me imaginé que mis contados lectores tomarían en serio el articulejo que publiqué el lunes con ínfulas de sátira acerca de que la CICIG y el Ministerio Público investiguen los fracasos de las selecciones de fútbol en competencias internacionales, que se remonta a casi setenta años, durante los cuales obtuvieron una medalla de oro y dos de plata en certámenes en las que participaron, según investigación del acucioso Alejandro García
Sin embargo, varios aficionados asumieron con formalidad mis socarrones argumentos, con parecida circunspección con la que enfoqué el tema hace años, porque me causaba desagrado que los jugadores fueran tan incapaces hasta de empatar con Belice y que los dirigentes de la federación no tuvieran un asomo de vergüenza al empecinarse en los cargos ejercidos “ad honórem”, supuestamente porque hay muchos negocios ocultos y canonjías que no quieren perder.
(Muy cercano está el caso de la Concacaf y las ¿victorias? de México).
Don Víctor Manuel Solís Álvarez comparte mis argumentos expuestos en su momento, en el sentido de que Guatemala se retire de competiciones futbolísticas durante unos diez años, por lo menos, a sabiendas que sería objeto de sanciones de los no menos corruptos dirigentes de la FIFA y su filial la Concacaf; que el dinero que el Estado le proporciona a la Federación se destine a establecer escuelas de fútbol para niños y adolescentes; construir modestos estadios bien acondicionados para que los futuros seleccionados, sin desertar de sus estudios, bien alimentados y auxiliados por preparadores y entrenadores con sueldos acordes a la economía nacional, que se dediquen a sus tareas, en vez de viajar, parrandear y ganando salarios desproporcionados para nuestro medio, como el que devenga el entrenador Sopenco, como lo llama el señor Solís.
Así procedió Costa Rica hace años y los frutos no han sido estériles. La selección tica cuenta con jugadores que no superan los 23 años de edad. ¿Y los guatemaltecos? Se pregunta el mismo don Víctor Manuel ¿Cuántos años tendrán para el Mundial de Rusia 2018? ¿Hay figuras de renombre y de roce internacional?
Prevalecen problemas sociales y económicos en el país que merecen toda nuestra atención como para destinar dos columnas al fútbol. Pero para el guatemalteco común y corriente –como lo soy yo, mis hijos y nietos-, la práctica de ese deporte está al alcance de niños y jóvenes que no requiere de gastos extraordinarios para sus padres, además de que la afición es tan entregada a los combinados nacionales que vuelcan todo su entusiasmo hacia los miembros de esas selecciones, por más que sólo sufra desengaños y que carezcan de otros atractivos que puedan cimentar un poco el patriotismo, aunque el término sea despreciado por exquisitos intelectuales que se mofan de los seguidores del menguado balompié.
¿O acaso los políticos proponen en sus planes de gobierno un proyecto que brinde solaz y esparcimiento a los millones de guatemaltecos, incluyendo a la despreciada chusma, cuyo mayor entretenimiento es el fútbol?
(El lector Alfonso Villacorta le comenta a Romualdo Tishudo: Al sumarse el pisto gastado en siete décadas, dividido en tantos anotados, Guatemala rompería la marca de los goles más caros del mundo).







