Biografía sin sujeto: antología en construcción

Matheus Kar, (Ciudad de Guatemala, 1994). Es escritor y psicólogo clínico, por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Se destaca en el contexto de la poesía actual guatemalteca, escrita por jóvenes. Fundador y miembro del colectivo Bartleby. Creador de La Poeteca: taller de escritura para sensibilidades creativas. Ha publicado los poemarios Asubhã con el que ganó el premio Editorial Universitaria de Poesía “Manuel José Arce” 2016. También Alturas de Wall Street, ganador del premio Ipso Facto; Ayer perdí mi sombra (colección el fuego perdido).

La anfisbena

A partir de Sylvia Plath

Hay en mi vida una serpiente de dos cabezas.
Una me estrangula y me dice:
¿Qué andas haciendo jugando al poeta?
Mientras la otra me llama
y me tiende una manzana donde se refleja una inocente
[Eva.
A veces quisiera que me asfixiara,
pero si muero ella muere.
La tarea de la Anfisbena es poblar mi carne
y hablarme y mantenerme despierto.

Hay en mi vida una serpiente de dos cabezas
que se esconde entre las hojas secas de mis
[párpados.
Una me habla de la vida doméstica, de los niños en los
[parques
y la herencia litigante del nombre.
La otra, de la rima y los crisoles, del útero-escritorio
y de las lecturas en café-bares.

A veces me señala un viejo roble. El roble es mi vida.
Las hojas son mi futuro. Y hay cuatro colores de
hojas.
La verde es la persona con quien debería compartir mi vida.
La roja, mis hijos corriendo en algún parque.
La amarilla, mi carrera como escritor.
Y la marrón, un brillante profesor universitario.
Pero mientras estoy tratando de elegir,
las hojas comienzan a pudrirse y a caer,
hasta que el árbol se queda sin hojas
y yo sin poder decidir.

La Anfisbena me habla,
se enreda en mi cuello
y estrecha el espacio que me obliga a elegir,
mientras mi vida se desmorona.

 

Palabras

En mi paladar hay un monumento,
ladrillos lingüísticos que no lograron romper
el ventanal del silencio.

Mis orejas son muebles, árboles muertos
tallados por los puños de mi padre.

La puntuación me falla cada vez que el agua de un vaso se
rompe. En las manos de un cigarro mi vida se va
consumiendo.

No lo entiendo,
hice todo lo que me dijeron:
fui amable, valiente,
cordial, humilde;
incluso cuando el mundo no lo fue conmigo.

V o
u I
e

Las palabras son muerte que emitimos,
así nos deshacemos del síntoma en la cabeza.

Se busca

Ayer perdí mi sombra.
Yo, que la sacaba a pasear
y la cubría cuando la luz le dañaba los ojos,
la perdí.

Pero la sombra de todos los hombres se parece.
Quizá no la he perdido,
tal vez me la robaron.
¿Pero cómo saberlo?
¿Cómo saber si la sombra que tengo
es la que nos han dado?

¿Cómo saber si la nítida silueta,
entre todas las que hay, es la correcta?

Quizá tengamos la sombra de otro
y otro tenga la nuestra,
y nunca lo sabremos.

Quizá yo soy la sombra de mi sombra
o la sombra de otro hombre.
Quizá yo también esté perdido
y quizá nadie me esté buscando.

El olvido

El olvido es el camino más corto,
es otra forma temprana de la muerte.
Atesoro y olvido momentos que no me pertenecen.
Esta celda musculosa me impone su memoria:
le pertenezco más al mundo que a mi cuerpo.
En mi pecho la gloria se ufana de sus breves
victorias.
Ni mi compañía ni la de otros rebajará este sentimiento
que, cobarde, solo yo siento.

Llegó el tiempo de ser otro hombre
y olvidar lo hecho en la Tierra.
Llegó el destierro divino, que para el viejo
resulta oportuno.
Al final, el huésped soy yo;
el anfitrión, como siempre, es el olvido.

Cómo encontrar el amor

¿Cómo encontrar el amor bajo el mar,
sin oxígeno, bajo la presión de las olas golpeando la
espalda,
entre las ruinas de una civilización soterrada por su propio
[fuego?

¿Cómo encontrar algo tan diminuto
desde un satélite que pretende abarcarlo todo,
que clasifica todo en números binarios
y computadoras en grandes almacenes?

¿Cómo saber que no es mi reflejo el que veo,
que no son mis ruinas las que toco,
que no soy yo quien descansa en forma de cifra
dentro de una computadora en grandes almacenes?

Tangled up in blue

Para el que está solo,
nadie lo bajará de la cruz,
nadie le eclipsará con monedas los ojos.

Para el que está solo,
no hay mapas o rutas que lo saquen de su olvido
ni sábanas que disimulen su condición de espectro.

Para el que está solo,
existen tedios más pequeños:
el silencio, los murmullos de la oficina,
firmar contratos sin leer las letras pequeñas
o una ciudad sin puentes donde poner fin al frío.

Para el que está solo (separado por el espacio
entre un minuto y otro, el látigo
de la memoria, la memoria de la cama,
la inercia de cubrir los espacios rotos),

la vida pasa como un desfile en ruinas
donde las grietas con el tiempo
superan el tamaño de los escombros.

(¡m) the end of the family line

soy el fin de la línea familiar
mi árbol no tendrá hojas

la serpiente ha comprendido
que el circulo se rompe
cortándose la cola

mi árbol no tendrá frutos
Adán jamás se lavará las manos
con los labios de Eva
los alemanes no invadirán Polonia
y Nagasaki no se llenará de sombras

soy el fin de la línea familiar
Edipo nacerá sin ojos
y Elektra no vagará por el mundo
buscando el origen del frío

Todo niño fue gato alguna vez

Mi gato precioso, bohemio de alfombra,
como la rata,
no es de ninguna raza importante.
No es más afín al queso o al cordón
que al humor de Schopenhauer.

Su atuendo le es indiferente.

Es más gato
por no tomar conciencia de sus pelos.

Mi gato es mío porque a él
me someto,
y a su gesto indescifrable.

Es cafecito por fuera,
y negro por dentro,
con algunas manchas de silencio.

Sigiloso, escapó a todos los nombres.
Yo (un poco necio) le puse Poe,
pero en casa (más necios aún) le dicen Manchas.
Y, a pesar de todo, en su inocencia de gato,
como no me entiende,
todavía conserva su nombre.

Mi gato, avión en reposo,
es una isla en el ombligo del mundo;
un ojo que fosforece en la noche.
Sus maullidos rebotan por la casa,
mientras él persigue un mundo
escondido en un rayo de sol.

Europa

Nada más triste
que una mujer
en un avión volando a Europa.

Domingo, el terrible domingo.
Ella en un avión, en lo alto.

Hago pedacitos la caja de preservativos.

Un sordo pasajero altera mi consciencia,
algo interno y doloroso me llama por mi nombre.

El suicidio resplandece en lo alto, como una virgen.
Como una soga. Inaccesible.

Yo no entiendo nada.
Mañana es lunes:

Ella en Europa,
Y yo colgando una soga de la manecilla más grande.

Selección de textos. Roberto Cifuentes

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