Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
Al conocer la historia del joven de doce años de quien fue descrito, que pandilleros le dejaron como propia la decisión de morir de las siguientes maneras: lanzado de un puente o hecho cuadritos. Cualquiera de estas opciones suenan trágicas. Pero su verdadera decisión la tomó al decir no. Al ser fiel a su forma de ver la vida y al negarse a matar a otro ser humano. Y ante su negativa los mareros le ofrecieron la muerte, de las formas antes descritas.
Es de imaginar la angustia de este muchacho, tal vez su incredulidad ante lo que le estaba tocando vivir, atónito, enmudecido, gritando o llorando o de manera exacta ninguna de estas. Esperando, tal vez, que alguien surgiera de algún lado y pudiese parar ese momento. Con lágrimas o sin ellas, su corazón acelerado, su pensamiento paralizado, sintiendo una soledad profunda ante el encuentro de él y de sus enemigos. Tal vez, llegó a pensar o a decir, pero si no les he hecho nada a ustedes, ¿Por qué ustedes sienten pasión por hacerme sufrir? ¿Por qué ustedes se encuentran contentos y disfrutan de mi miedo, de mi soledad y mi vulnerabilidad? Además, algunos son mayores y en número, más que yo.
A lo mejor en la perturbación de ese momento tuvo un atisbo de imágenes de personas de momentos vividos, tal vez, se acordó que alguna vez hizo un relato dirigido a su vejez. Sintió compañía espiritual, siendo o no creyente de Dios, lo pudo haber visto y creerlo a su lado. O de manera contraria, pudo haber sentido que Él, se encontraba molesto con él, porque tenía culpas, y esto le permitió justificar para sí mismo, la brutalidad de los otros contra su persona.
No cabe duda que lo anterior es producto de la especulación y de la imaginación. Porque sólo este joven nos podría comentar su vivencia. La Gente se encuentra hablando de él, sienten temor, de que cualquiera de sus hijos o hijas sean los próximos. Pero lo observan valiente, se refieren a él como “el muchacho Valiente”. El que enfrentó a los mareros con un NO, el que tuvo más fuerzas para no destruir y prefirió la muerte y resguardar sus valores.
En la vida cabe pensar que existen muchas decisiones difíciles, pero la decisión de este joven más que difícil fue trágica. Las decisiones difíciles han sido definidas como las que traen consigo la muerte o consecuencias imperecederas, por lo cual, son acompañadas de una gran carga emocional. Al mismo tiempo, parece costar, el ubicar a sus acompañantes, posibles torturadores de oficio o de vocación o ante su primera vez. Considerarlos en su propia humanidad, darles una identidad. No es fácil asumirlos sintiéndoles felices, pero tampoco, sintiéndoles culpables o tristes por el devenir de este muchacho.
Al parecer este joven tuvo tanto apego a la vida, que ha seguido sobreviviéndola pese a las intenciones de segarla por parte de sus torturadores. La historia de este joven deja en claro, la indefensión de la juventud, la falta de respeto a la vida y a la dignidad del ser humano que existente en la sociedad. Así como, la necesidad de muchos, de cortar las alas a nuestros niños y jóvenes para impedir su crecimiento y suspender sus vuelos en la persecución de sus sueños.
Nuestro muchacho valiente tendría que ser honrado por sus valores, ser atendido y ayudado para que pueda apreciar que en la vida, así como existe la maldad, la gente también puede proceder con armonía y solidaridad. Y ello con la finalidad de recuperar esa parte de su vida, que ante este lúgubre suceso, la muerte se llevó.
Las autoridades del Hospital San Juan de Dios, obtuvieron colaboración de la población guatemalteca para la obtención de los medicamentos necesarios para su tratamiento, ya que se carecía de éstos en la Institución estatal. No nos queda más, que desde todas las concepciones religiosas y espirituales, nos aunemos a la intención de desear su pronta recuperación y extender nuestros mejores deseos a su familia.







