Juan José Narciso Chúa
La protesta social continúa, las movilizaciones siguen mostrando fuerza, se sigue hablando de indignación, se sigue pidiendo cambios en el modelo político. La movilización del 30 de mayo nos concitó a mostrar mayor fuerza, nos condujo a mayor protesta. Los mensajes en las pancartas constituyó una muestra palpable de creatividad, cada una tenía significados de profundidad, de compromiso con las reformas del sistema político, ahora también se distinguió por la falta de credibilidad en las candidaturas actuales. Cuando se cantó el himno, el sábado pasado se consiguió el silencio necesario para que todos entonáramos con mucha emotividad nuestro himno. Me llamó la atención que en la última estrofa, la mayoría de personas levantaron el brazo con la mano empuñada dándole énfasis a esa parte final del himno, pero mostrando una señal de fuerza colectiva que resultó impresionante.
Es indiscutible que la exigencia para cambiar la Ley Electoral y de Partidos Políticos hoy es consenso y constituye una coincidencia total, principalmente después del Foro de la Fundación Esquipulas, en donde prácticamente todos los participantes coinciden en tal reforma, con aportaciones que seguramente modificarán la práctica política de cara al futuro. Varios elementos importantes en este evento fueron: Primero, no se vale no hacer nada; segundo, las reformas se deben implementar en esta elección; y tercero, los diputados deben responder al clamor del pueblo, nada de trucos, nada de falsedades; de otra forma, otra de las reflexiones del evento, el estallido social sería inminente.
Sin embargo, ante todo este conjunto de coincidencias de distinguidos analistas de diferentes ideologías, parece que la embajada mantiene una lectura completamente contraria e insisten en pretender darle estabilidad a un régimen que ya no tiene ninguna posibilidad de conducir ni siquiera el postrer período de gobierno. Mal hace la embajada en contener la caída de un militar corrupto y falso; se equivoca al considerar que esta persona asegura la estabilidad. La lectura y comprensión de la coyuntura política por parte de la embajada es sesgada, equivocada y de espaldas al pueblo.
El soberano sabe bien lo que quiere, reconoce que la clase política nos engañó a todos y que los cambios deben ser de fondo. El pueblo quiere apertura para las mujeres, los pueblos indígenas y los jóvenes; el pueblo quiere que no haya reelección; el pueblo quiere servicios públicos decentes; el pueblo quiere seguridad, el pueblo no quiere más corrupción.
El pueblo debe seguir en la movilización y la protesta social. Ahora hay que moverse al Congreso de la República hasta que se traduzcan en una nueva ley lo que el pueblo quiere. El pueblo quiere enfáticamente que las reformas sean para estas elecciones, así de claro, no para las próximas, esto sería renunciar a una de las reformas más importantes. Hoy se debe obligar a los diputados a que aprueben la reforma, tal como se exige por la ciudadanía. Los diputados se deben poner a trabajar, como nunca lo han hecho, hoy en el foro mencionado se hizo mención que en el Congreso se entretuvo la reforma a la Ley Electoral por espacio de 12 años, sin cambios importantes. Por ello, como dijo otro de los participantes, los diputados quedaron excluidos de foros de discusión, porque se ganaron su exclusión, pues se olvidaron de la esencia de su representación y se dedicaron al negocio, al tráfico de influencias, a la manipulación de la obra pública y a hacer negocios por acción u omisión.
Esta es la gran oportunidad para cambiar el modelo político, es imprescindible la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. General, tenga dignidad, renuncie. La embajada debe reevaluar su lectura original. Este es el tiempo del pueblo, las decisiones son del soberano, nada más.







