Eduardo Blandón
Interpretar la protesta ciudadana como una expresión de la izquierda que busca el poder, es tan equivocada como creer que con el cambio de gobierno acabará la corrupción. Y me parece que la intención de semejante lectura o es retorcida y malévola o inocente y llena de candor. No hay para más.
No se puede negar que algunos de quienes asisten religiosamente los sábados a la plaza pública compartan de principio a fin cierto ideario de izquierda. Posiblemente sean los más azuzadores y los más activos en las páginas sociales, pero ese grupo no constituye el universo de los indignados. Hay que presumir que hay una variedad de asistentes que lectores incautos o malintencionados no atestiguan.
Esa es la razón de meter a los manifestantes en el mismo saco: son activistas de izquierda. Ignorando que a algunos les viene del norte eso de “izquierdas o derechas”. Pasando por algo que en medio de esos extremos hay una coloratura que bien harían los analistas tomar en cuenta. Luego, se puede postular también cierta pereza intelectual que produce una comprensión alejada de la realidad.
La protesta ciudadana integra, me parece, un universo de indignados que coinciden en el rechazo al orden establecido. Entre ellos, usted encuentra tanto a militantes de izquierda e ideólogos de derecha, como a trabajadores que por primera vez participan en una actividad pública. Hay gente también sin mayor interés ideológico cuya personalidad política es indefinida y poco clara incluso para ellos mismos.
Como he dicho arriba, juzgar las recientes expresiones ciudadanas de protesta como actividad militante de izquierda, solo tendría el propósito de deslegitimar las campañas cívicas. Es una empresa que solo tiene cabida en ideólogos cuya tarea fundamental consistiría en la defensa de los intereses de quienes les pagan.







