Giselle Carlos Villela, es la mente creativa detrás del concepto de Orquiholic. Foto La Hora.
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Diseña mascarillas y joyas únicas, estéticamente bellas, pero que empoderan a las mujeres, con las orquídeas como protagonistas.

Posiblemente crecer entre plantas, específicamente rodeada de orquídeas, hizo que Giselle Carlos Villela, de 30 años, la mente creativa detrás de la firma Orquiholic, desarrollara su gusto por la belleza y los detalles y fue precisamente su padre Jorge Carlos, quien le inculcó esta pasión desde niña, porque recuerda cuando lo acompañaba a las exposiciones de orquídeas y a diferentes bosques a recolectarla.

En principio, Giselle se define a sí misma como una “mezcla”, y dice: “soy una mujer inquieta, estudiosa, emprendedora, yo me llamo por fe empresaria. Que ama los estudios, pero también los detalles, es una razón por las que trabajamos con orquídeas, porque trabajamos detalle a detalle”.

Y a esto añade, “soy una mezcla: soy ingeniera en alimentos, pero también mercadóloga, uno de mis fines principales es ser un ente del desarrollo local, por eso me fui a especializar para trabajar en seguridad alimentaria con el proyecto de Orquiholic”.

La historia de la empresa nace a partir de 1990, cuando su padre Jorge Carlos se une a la Asociación Altaverapacense de Orquideología.

En 2000 comienza a hacer pruebas para poder encapsular la belleza de las orquídeas en resina, y crea las joyas. “Las amaba tanto que empezó a fotografiarlas –tenemos infinidad de imágenes–, que fueron publicadas en varios lugares”, cuenta la joven.

En ese tiempo la empresa se llamaba Joyas del Bosque, pero poco a poco, fue modificando su técnica porque en ese entonces la resina aún no se trabajaba en Guatemala.

“Como es químico farmacéutico comenzó a ensayar; a prueba y error, salieron. Él quería profesionalizarse, acudió a Agexport donde lo redireccionaron con el doctor Jack Schuster, en la Universidad del Valle. El doctor lo remitió con un experto de Alta Verapaz, y resultó que era mi propio papá”, sonríe mientras describe la anécdota.

Giselle Carlos Villela habló con La Hora y relató como en el proyecto involucraron a mujeres de la aldea Sehubub de San Pedro Carcha. Foto La Hora.

NACE EL PROYECTO

Fue hasta el año pasado, justo al inicio de la pandemia, cuando Giselle se involucró de lleno en la empresa.

“No quería que la hermosura de las orquídeas se quedara solo en joyas, así que propuse que se expusieran en varios artículos. Buscando nombres, surgió Orquiholic, una mezcla de inglés y español, que significa amor por las orquídeas”, recuerda.

Justo en marzo de 2020 comenzó la difusión del nuevo concepto en redes, y en ese mes también inició la pandemia.

“Allí surgió mi toque femenino, porque mi papá lo trabajaba manual. Desde las bolsas, el empaque, los listones, todo pensando al detalle, con estrategia. Incluso, comenzamos a autenticar cada producto para los clientes porque son piezas únicas, así que obtuvimos la certificación del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP). Ellos verifican desde la plantación, reproducción y distribución de las orquídeas; control de calidad hasta al ciclo final”, describe la empresaria.

En aquel momento, alguien le sugirió confeccionar mascarillas. “Quería algo de calidad, que protegiera, no solo para “miquear”. Después de varias pruebas, trabajamos con una cooperativa y con mujeres artesanas de la aldea Sehubub, San Pedro Carchá, algunas de ellas vienen y laboran con nosotros”.

Cuenta que su padre impulsó en ella el interés por las orquídeas. Foto La Hora

EL PROCESO

La tela de cada mascarilla es sublimada, basada en las orquídeas, todas son diferentes, hay en acuarela, otra monocromática, por ejemplo.

“Me encantan estas plantas porque son versátiles, finas, hermosas, elegantes, sutiles. Depende como las trabajes, te pueden hablar de amor, pero también de simplicidad. Quería plasmar eso en los diseños, que no fueran aburridos”.

Unido a la parte estética, Giselle también quiso que cada pieza empoderara a las mujeres al usar algo lindo y único para protegerse del Covid-19.

“Quiero que digan “me siento guapa con esto”. No portar una orquídea como tal, sino dejar huella”, expresa.

La tela de las mascarillas que ofrecen es sublimada y por supuesto basada en las orquídeas. Foto La Hora

SU PRINCIPAL RETO

Considera que uno de sus principales retos ha sido asumir el papel de liderazgo frente a los diversos cambios y formas de pensar, lo que la ha hecho más resiliente y la ha ayudado a desarrollar su lado creativo y estratégico.

Otro reto fue lograr el equilibrio entre el negocio y los diferentes roles que desempeña como mujer.

“Trabajaba al lado de mi papá, él con su forma de pensar, y yo con la mía. Cuando le propuse la idea, al principio me dijo que no se iban a vender”, dice.

Pero tuvo fe. Crearon 600 mascarillas para el primer lanzamiento y se vendieron todas en 2 días, inclusive llegaron hasta Nueva York, República Dominicana, Honduras, Ecuador y España.

Luego de esto, su padre le expresó su orgullo. “Esto me ha servido para que él crea en el producto y en lo que somos. Me dio seguridad, porque a veces el proceso de emprender es bien difícil, y más en pandemia. No era solo yo, éramos un equipo y no despedimos a nadie. Cada orquídea se trabaja una por una. En el encapsulado trabajamos una técnica especial para que se conserven, y no aplican a todas las especies. Trabajamos principalmente con Epidendrum verrucosum, Arpophyllum giganteum, Prosthechea ochracea, Prosthechea panthera y Nidema boothii”.

“Lo interesante de esto –reflexiona–, fue la resistencia al cambio, porque mi papá era más simple, pero luego incorporamos detalles, nuevos materiales. Hemos ido mejorando. Es un mundo este de emprender. Es una satisfacción tan linda, cuando a veces ni tú crees en ti. Que a la gente le guste, te empodera”, remarcó.

LO QUE VIENE

Además de enfocarse en expandir el proyecto, también se dedicará a colaborar con las mujeres de San Pedro Carchá, tanto en el proceso de manufactura como en seguridad alimentaria. “Queremos darles apoyo económico, que su trabajo sea valorado y que sepan que pueden hacer las cosas”.

Luego de estudiar en España, retorna a su tierra natal, Cobán. “Guatemala me ha dado tanto, no solo España ha creído en mí, así que deseo aportar desde aquí. Si quiero cambiar el mundo, comienzo desde aquí”, concluye.

MUJERES LA HORA

Reconoce en Giselle Carlos su perseverancia y deseo de superarse.

Aplaudimos también el proyecto de Orquiholic que busca apoyar a las mujeres de la aldea Sehubub, San Pedro Carchá, tanto en la capacitación para la manufactura de piezas como en el tema de seguridad alimentaria, para ellas y sus familias.

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