Víctor Ferrigno F.

Jurista, analista político y periodista de opinión desde 1978, en Guatemala, El Salvador y México. Experiencia académica en las universidades Rafael Landívar y San Carlos de Guatemala; Universidad de El Salvador; Universidad Nacional Autónoma de México; Pontificia Universidad Católica del Perú; y Universidad de Utrecht, Países Bajos. Ensayista, traductor y editor. Especialista en Etno-desarrollo, Derecho Indígena y Litigio Estratégico. Experiencia laboral como funcionario de la ONU, consultor de organismos internacionales y nacionales, asesor de Pueblos Indígenas y organizaciones sociales, carpintero y agro-ecólogo. Apasionado por la vida, sobreviviente del conflicto armado, luchador por una Guatemala plurinacional, con justicia, democracia y equidad.

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Víctor Ferrigno F.

La corrupción y la impunidad nos desgastan, nos empobrecen y frenan nuestro desarrollo en todos los órdenes, además de obnubilarnos. Por ello no se le ha dado atención a las propuestas que, el pasado 11 de marzo, presentó Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), las cuales abordaré en esta columna, con las limitaciones que el espacio editorial me impone.

La propuesta se denomina “Financiamiento para el desarrollo en la era de la pandemia de COVID-19 y después”, en la cual Bárcena define las “Prioridades de América Latina y el Caribe en la agenda de políticas mundial en materia de financiamiento para el desarrollo”. La ponencia postula que América Latina y el Caribe (ALC) es la región en desarrollo en la que el covid-19 ha tenido el peor impacto, lo que agrava la carga de la deuda y los desequilibrios de pagos (economías de menor tamaño), aportando datos que generan gran preocupación.

Según la CEPAL, ALC representa el 8.4% de la población mundial, pero registró el 28.7% de los fallecimientos mundiales por COVID-19. Acusa la mayor contracción económica en 120 años: menos 7.7% en 2020; las exportaciones cayeron alrededor de un 13%, y más de 2.7 millones de empresas (en su mayoría Pymes) cerraron. Cuarenta millones de hogares carecen de conexión a Internet, por lo que la brecha digital se agiganta. La tasa de desempleo aumentó al 10.7% (44.1 millones de personas). Acusa un marcado descenso de la participación laboral; 209 millones de personas se encuentran en situación de pobreza y 78 millones en situación de extrema pobreza (33.7% y 12.5% de la población total).
Pero nuestra tragedia, expresada en números, no termina allí: ALC es la región más endeudada del mundo en desarrollo (79% del PIB); tiene el mayor servicio de deuda externa en relación con las exportaciones de bienes y servicios (57%); y el déficit externo en el Caribe crecerá del 4.5% al 17% del PIB regional.

Casi a nadie le gusta leer estadísticas, cifras y porcentajes, pero la economía es la base de la democracia y de la libertad. A qué futuro podemos aspirar en la región, si casi la mitad de los ciudadanos vive en la pobreza (46.2%), nuestras deudas superan el 79% de nuestra riqueza y, además, somos el subcontinente más desigual del mundo.

Desde esa aciaga perspectiva, la CEPAL propone cinco medidas de política destinadas a hacer frente a las necesidades de liquidez y los problemas de deuda de los países de ALC a fin de crear el marco idóneo para construir un futuro mejor:

1. Ampliar y redistribuir la liquidez desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo. 2. Fortalecer la cooperación regional aumentando la capacidad de préstamo y respuesta de las instituciones financieras regionales, subregionales y nacionales, y estrechando los vínculos entre ellas. 3. Llevar a cabo una reforma institucional de la arquitectura de la deuda multilateral. 4. Ampliar el conjunto de instrumentos innovadores destinados a aumentar la capacidad de reembolso de la deuda y evitar el endeudamiento excesivo. 5. Integrar las medidas de liquidez y de reducción de la deuda en una estrategia de financiamiento para el desarrollo encaminada a construir un futuro mejor.

Entre otros objetivos, estas medidas promueven que los fondos multilaterales, que suman 516,000 millones de dólares, puedan redistribuir la liquidez desde las economías desarrolladas hacia las economías en desarrollo.
Estos son los temas que las y los guatemaltecos deberíamos estar discutiendo para definir nuestro futuro, pues como Alicia Bárcena nos advierte: “la acción colectiva y la solidaridad son la única manera de responder a la urgencia y a los retos de mediano y largo plazo que plantea una crisis sistémica como la del Covid-19”.

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