Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt
Perú ha sido ejemplo en algunos casos para los políticos guatemaltecos, como cuando tras ver lo que hizo Fujimori disolviendo el Congreso Jorge Serrano quiso hacer lo mismo pero, como generalmente nos pasa, lo hizo mal al punto de que quien terminó saliendo del poder fue él, mientras que los políticos contra los que estaba dirigido el manotazo constitucional no sólo quedaron tan tranquilos sino que tras un remedo de depuración aumentaron aún más su poder y le dieron rienda suelta a esa forma criminal de hacer política en la que venden el alma al diablo, simplemente para gozar de la oportunidad de ser comparsa en el saqueo.
Ahora los peruanos, los ciudadanos y no los políticos peruanos, nos han dado una importante lección porque mediante una consulta popular se manifestaron sobre cambios profundos que deben ser consagrados como reforma constitucional y son justamente muchas de las cosas que en Guatemala nos están haciendo falta con urgencia. Entre ellas la no reelección de los diputados al Congreso de la República para terminar con esos cacicazgos tan lesivos, la modificación de la forma en que se integra el Poder Judicial y un cambio a fondo de la forma en que se financian las campañas políticas para terminar con la influencia que tienen los grupos de poder económico que compiten con el crimen organizado en la cooptación de las autoridades, los primeros a nivel nacional y los segundos más concentrados en el nivel local.
Hubo en Perú una cuarta propuesta que no recibió el abrumador respaldo que obtuvieron las tres ya referidas. Y era la creación de una Cámara Alta en el Poder Legislativo, una especie de Senado, que por supuesto la población entendió como una nueva panacea para esa clase política cuyo poder es el que se trata de mermar para evitar los abusos en que incurren constantemente.
Los tres aspectos, la no reelección de los diputados, la reforma al Sector Justicia para erradicar los vicios que permiten que grupos paralelos controlen al Poder Judicial, y el financiamiento de las actividades políticas, son asuntos esenciales que en Guatemala no podemos pasar por alto, y que si algún día queremos que el país cambie, se deberá empezar por lo menos por ese mínimo de reformas que abrirán las puertas al establecimiento de un verdadero Estado de Derecho y una auténtica democracia.
Yo sostengo que mientras no tengamos ese nivel de reforma vamos a seguir llevando quebrones de cara como el que se dieron los que votaron por Jimmy Morales porque, aunque de verdad hubiera sido ni corrupto ni ladrón, de todos modos el modelo está hecho y servido para prostituir a cualquiera. Muchos de los que han llegado al poder lo han hecho con la intención de pasar a la historia como grandes gobernantes y terminan siendo los peleles de siempre de los poderes fácticos que viven de la maraña de la corrupción. Sin cambios profundos y reales, todo será puro espejismo porque no serán solo los dinosaurios los que aún estarán allí cuando abramos los ojos, sino serán los mismos diablos que han sabido cómo sacar provecho de nuestra estupidez política.







