Kazán/Moscú
DPA
La victoria sobre Brasil no sólo descorchó el champagne de la «generación de oro» de Bélgica, candidata ya a todo lo que se proponga, sino que elevó también de categoría al técnico español Roberto Martínez.
El seleccionador de Bélgica se doctoró en el Kazán Arena. Se jugaba el billete a las semifinales ante la selección más poderosa de la historia del fútbol, Brasil. Y lo que hizo fue cambiar el esquema táctico, sentar a dos jugadores que habían sido titulares fijos hasta ahora y mover de posición a otros. Fue valiente, arriesgó y ganó. Su caché sube como la espuma justo cuando algunos medios le relacionan con el futuro de la selección española.
«Tengo una trayectoria de 13 años como entrenador, sé cómo hay que jugar ante equipos que te quieren dominar con el balón», señaló en el Kazán Arena tras el 2-1. Posiblemente fue el único momento en el que destacó su propia figura.
No es Roberto Martínez un técnico egocéntrico. El protagonismo, en las buenas y en las malas, para los jugadores. «El fútbol es de los futbolistas», suele responder cuando le preguntan por su trabajo.
«Era un riesgo cambiar la táctica a mitad del torneo, pero los jugadores han creído en la idea. El fútbol no es un juego de táctica: es un juego de corazón, de creer, de todo lo que tienes que mostrar si quieres ganar», indicó el técnico de 44 años. «Ahora mismo soy el hombre más orgulloso del mundo”.
Discreto futbolista, Roberto Martínez desarrolló toda su carrera como técnico en Reino Unido. Su batuta ha dejado una huella profunda en todos los clubes que ha dirigido: desde el «Spanish Swansea», para el que fichó a seis españoles, hasta su regreso triunfal al Wigan como técnico -con el que alzó la FA Cup en 2013- o su paso por el histórico Everton.
«Ir al Swansea, cambiar el estilo de juego, y creer en una filosofía de club; ir al Wigan, cambiar la mentalidad, competir con los cuatro de arriba y ganar un título; y conseguir en mi primera temporada en el Everton el récord de puntos», enumeró sus logros en una entrevista con «El País» a finales de 2016.
Todo ello lo tuvo en cuenta la federación belga cuando le llamó en 2016 para ofrecerle el puesto de seleccionador. La derrota en los cuartos de la Eurocopa de Francia ante Gales supuso el fin del técnico Marc Wilmots. Bélgica necesitaba un cambio de rumbo para aprovechar a la mejor generación de su historia.
Y llegó Roberto Martínez. Su debut no fue esperanzador y perdió 2-0 con España, pero después arrasó en las eliminatorias hacia Rusia con nueve victorias y un empate con 43 goles a favor. En el Mundial ha mantenido ese idilio con el gol y lleva 14 en cinco partidos.
Su propuesta y sus cambios tácticos no convencieron en un principio e incluso Kevin de Bruyne, peso pesado en el vestuario, llegó a cuestionarle. «Sus declaraciones no van a cambiar mi forma de trabajar, está claro», respondió entonces el entrenador.
De Bruyne fue declarado ayer como mejor futbolista del partido. El jugador del Manchester City fue un terror para la defensa de Brasil jugando como falso 9. Idea de Roberto Martínez. No hubo reproches.
«Cambiamos un poco la táctica y generamos muchas ocasiones», señaló De Bruyne antes de abandonar el Kazán Arena. «Hemos jugado un buen fútbol».








