Jorge Santos

Hace dos o tres años recibimos en casa una invitación del colegio de uno de mis hijos, la cual no podíamos rechazar, dado que se trataba de un conversatorio titulado “Las amenazas de las nuevas ideologías”. La tarjeta electrónica reenviada por la Asociación de Colegios Privados, venía firmada por una Asociación autodenominada la Familia Importa. Llegamos puntual a la cita, dado que no queríamos dejar pasar un minuto de la exposición de lo que ya había sido anunciado, un evento que nos conduciría de manera directa, pero sin pretenderlo, al medioevo.

El salón que había sido reservado para el efecto, no estaba ocupado ni siquiera en un cuarto de su capacidad, lo cual confieso fue de mi mayor agrado. Dio inicio el conversatorio y a lo largo de la media hora que soportamos estar ahí, se refirieron falacias profundas, se desarrollaron con toda tranquilidad llamados xenófobos, homofóbicos, misoginia, discurso del odio y hasta lo que pudiera haber sido apología del delito, en la medida que se presentaron algunos casos de “pobres personas” que guardaban prisión “injustificadamente” producto de haber realizado llamados de violencia contra la población LGBTI en sus iglesias. En sus exposiciones todos los males del mundo eran resultado de la nueva ideología de género, promovido por “esas mujeres feministas” y la “intromisión extranjera” de las Naciones Unidas.

Salimos muy disgustados del salón, como era de esperarse, producto de la falta de argumentos válidos, científicamente comprobados, las reiteradas mentiras y el uso del discurso de odio. No lográbamos creer cómo tanta ignorancia podía darse en un grupo tan reducido de personas, dado que muchas de ellas y ellos contaban con los suficientes recursos económicos como para instruirse, ilustrarse, comprar literatura pertinente e incluso conocer otras realidades distintas a la constreñida burbuja en la que sin lugar a dudas viven. Esta misma sensación la volví a experimentar, el 8 de marzo, cuando luego de la procesión de la Poderosa Vulva, tanto la Asociación en cuestión, como un grupo de hombres profundamente misóginos, autodenominados Conferencia Episcopal de Guatemala emiten pronunciamientos públicos contra las mujeres trasgresoras que reivindican los derechos sexuales y reproductivos que durante siglos, han sido negados a la humanidad y en particular a las mujeres.

Estos irresponsables, ilógicos y doble moralistas pronunciamientos han producido una avalancha de llamados al odio, a profundizar la histórica violencia contra la mujer y como si fuera poco a restringir aún más los derechos humanos conquistados por las mujeres a lo largo de la historia. Para algunos grupos de fanáticos religiosos las mujeres deberían estar recluidas en los confines del hogar, sin derecho alguno. Por ellos y ellas las mujeres no tendrían hoy voto, derecho al trabajo, a la libertad expresión, a la manifestación pública y a los derechos humanos en general. Así que mujeres y hombres que aspiramos a otra sociedad, atrevámonos a seguir el ejemplo de la hermandad de la Poderosa Vulva, a trasgredir el orden establecido y a romper con los doble moralismos que nos atan y oprimen.

Artículo anteriorTomar las riendas del país
Artículo siguienteLecciones de Perú y Kuczynski