Por: David Quiroa, analista cívico-polític
Nunca antes en la historia moderna política de los Estados Unidos de Norteamérica se había hablado tanto de los migrantes como se ha hecho de los “Soñadores” (Dreamers como se les llama en inglés). En junio del 2015, el entonces presidente Barack Obama instaló el programa Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA, por sus siglas en Ingles), el cual es una política que protege de la deportación a unos 800 mil inmigrantes indocumentados, sobre la base de que entraron en EE. UU. de forma ilegal cuando todavía eran niños.
Para poder empezar a entender la coyuntura del dilema que nos presenta el DACA, hay que ver cómo llegamos al DACA en primer lugar. Hay que tratar de asimilar si el presidente Obama tenía buenas intenciones con los migrantes o si Obama solo actuó por presiones y el voto duro de las minorías hispanas dentro del partido Demócrata.
Las expectativas no podrían haber sido más altas dentro de la comunidad inmigrante y sus familiares indocumentados cuando Barack Hussein Obama II fue electo el Presidente número 44 de los Estados Unidos de Norteamérica.
Muchas familias indocumentadas estaban tan emocionadas que hasta empezaron a planificar visitas y vacaciones a sus países de origen. Pero esas familias no se imaginarían que Obama se ganaría el apodo de “El Deportador Comandante y Jefe”. Sí, el presidente Obama deportó a más de tres millones de inmigrantes en su gobierno y sólo en sus dos primeros años en el poder. Como Deportador Comandante y Jefe deportó más inmigrantes que el presidente Bush en sus dos períodos presidenciales.
Claro, los medios de comunicación torcidos a la izquierda, ni pío dijeron. Pero las familias inmigrantes sí rodaron lágrimas por los traumas derivados de la separación forzada de sus familias por un sistema quebrado migratorio y las políticas en el extranjero de los Estados Unidos de Norteamérica.
En una democracia tan dinámica, todo programa tanto federal como estatal está íntimamente ligado al proceso electoral de los Estados Unidos. En este contexto, el capital político del Ejecutivo se mide en el control de las Cámaras baja y alta del Congreso federal para que un Presidente pueda ejecutar su agenda nacional sin obstáculos partidistas dentro del Congreso.
Los Demócratas tuvieron total control de ambas Cámaras durante el Congreso Legislativo número 111 del 3 de enero del 2009 al 3 de enero del 2011. Durante estos dos años, que coincidieron con los dos primeros años de la Administración Obama, el Congreso le ayudó al presidente Obama a pasar muchos proyectos de ley, en especial la reforma de salud que llegó a ser conocida como Obamacare (o programa de Salud de Obama en español). La pregunta elemental que hay que hacer es, ¿por qué Obama decidió abandonar a los millones de inmigrantes y familias indocumentadas y no gastar ni un sólo centavo de su capital político en una reforma migratoria amplia e integral para más de 15 millones de indocumentados y sus familias?
La respuesta puede resumirse en que los Demócratas no son la “Salvación” de los migrantes como el partido Demócrata lo aclama. Hay que hacer un hincapié histórico y recordar que en el año 86 el Presidente Republicano, Ronald Reagan brindó una Reforma Migratoria para más de un millón de familias migrantes. Los efectos positivos de la reforma migratoria del 86 fueron evidentes en la aceleración económica que vino después de ella. Si en los años 2009 y 2010 Obama y los Demócratas hubieran pasado una Reforma Migratoria para más de 15 millones de migrantes, la economía hubiera tenido un efecto multiplicador sin precedentes. El sector inmobiliario hubiera visto una explosión en ventas de casas, pues los migrantes hubieran repatriado todos sus capitales que tienen ahorrados en sus países de origen. Los indocumentados, ya dejando de no tener papeles, tramitarían sus licencias de conducir en la legalidad, comprarían carros y seguros, así estimulando sus economías locales.
Obama trata de limpiarse la cara con la creación del DACA. Por presiones internas del ala progresista del partido Demócrata, se vio forzado a hacer algo por los migrantes indocumentados y lo único que se le ocurrió fue crear el DACA y así proteger a casi un millón de jóvenes migrantes. Muy poquito, Muy tarde – Dice el dicho Norteamericano.
El DACA tiene dos grandes problemas: Primero, la creación del programa no tiene fundamentos legales sólidos desde el principio, así convirtiéndolo en una bomba de tiempo cruel dejada por Obama. Segundo, no cubre a los restantes 14 millones de familias indocumentadas que necesitan regularizar su situación migratoria, dejando a la comunidad indocumentada al borde de un abismo obscuro e incierto.
El año pasado, en septiembre del 2017, la Administración del presidente Trump empezó a desmantelar el DACA, para así dejar que el Congreso Federal le diera la legalidad debida al programa. Como ya pudimos ver, el Congreso, liderado por los Republicanos, no se ha podido poner de acuerdo en cómo darle legitimidad institucional y legislativa al DACA. Mientras tanto, el 13 de febrero, 2018, el juez federal, Nicholas Garaufis del Distrito del Este del estado de Nueva York, dictaminó una orden judicial para suspender – valga la redundancia – la suspensión del programa DACA. El juez Garaufis se extendió en su dictamen y declaró que el DACA no era ni inconstitucional ni viola la ley de Procedimientos y Administración (APA por sus siglas en ingles).
Lo mejor que les puede pasar a los Dreamers y al resto de los millones de indocumentados que no cubre el DACA, es que la Corte Suprema dictamine de forma favorable y deje vigente el programa de DACA. Recordemos que todo lo que la Corte Suprema decide se convierte en ley federal y parte del estado de derecho de la nación americana. De esta manera, el Congreso podría trabajar en una legislación que reforme las leyes migratorias actuales del país y saque de las sombras a millones de familias que están sin estatus migratorio regular.
El 2018 es un año electoral no presidencial, donde se eligen a los 435 representantes de la Cámara baja y al 33% de los senadores (de un total de 100 senadores, 2 por estado) federales del Congreso de los EE. UU., en el cual los Republicanos estarán tratando de mantener el control y los Demócratas de tomar el control total de ambas Cámaras.
Si el tema del DACA llega a la Corte Suprema de los Estados Unidos y los Republicanos siguen en el poder Legislativo, se abre la posibilidad que la historia se repita y sea la derecha norteamericana la cual regule a los migrantes indocumentados una vez más. De ser así, los que estarán en contra de una reforma migratoria serán los Demócratas, pues no van a querer que el legado histórico de inclusión de las minorías indocumentadas se lo lleven los Republicanos y mucho menos el rey del muro: Donald Trump.








