Luis Fernández Molina

En este primer semestre de 2017 estamos en situación ideal para actuar. Una coyuntura propicia que deben aprovechar los principales actores en aras de esta sufrida patria nuestra. ¡Algo que hagan desinteresadamente por Guatemala! Digo momento ideal porque nos situamos a la mitad de los períodos eleccionarios. Al día de hoy las próximas elecciones «no tienen dueño». No se asoma una cara dominante ni se vislumbra candidato en el horizonte electoral; no aparecen líderes. ¿Quién? No hay partido político que anticipe arrasar con las elecciones. ¿Cuál? En pocas palabras no sabemos a qué gobierno le habrían de impactar, muy directamente, los cambios que ahora se gesten y eso es lo bueno. Las reformas que se hagan no tendrán «dedicatoria», ni positiva ni negativa, como tampoco se acomodarán a determinado proyecto. Puede ser para cualquier y en eso radica la ventaja del actual momento porque restarían padrinazgo o subjetividad a las reformas.

Ha sido práctica inveterada que cuando un nuevo gobierno asume quiere ajustar las leyes a su antojo, a su visión, a sus intereses. Por lo anterior el Ejecutivo despilfarra mucha de su energía en las maniobras políticas en vez de encausarlas para cumplir su cometido. El partido oficial de turno trata de extender su influencia en el Congreso, alinear al parlamento con su hoja de ruta y de allí el desgaste y la lucha digna de mejores causas. Procuran tener una aplanadora, o al menos fuerte presencia y de allí la admisión de diputados que engrosen la bancada oficial. Estos ejercicios distraen el quehacer político y crean fricciones innecesarias que marginan las prioridades de todo gobierno. A ello se suman los intereses ideológicos o de grupo que por lo mismo desean condimentar las leyes a su especial sazón.

Por todo lo anterior nuestras leyes son «temporales», vanas, poco consistentes; se cambian en el periodo. Por ejemplo, todo gobierno procura modificaciones fiscales para mejor captación. Para gestionar esos cambios entablan compromisos (negociaciones) con otras bancadas, ofrecen espacios políticos (plazas, proyectos, carros, casas y puntos).

Es claro que algunas leyes surgen en determinadas coyunturas y por circunstancias emergentes, acaso imprevistas y el Congreso debe atenerse a su cumplimiento, pero existen leyes que deben ser más estructurales. Normativa que contribuya a crear un ambiente de confianza para fomentar la inversión nacional o extranjera. Los capitales son aves migratorias que procuran los mejores climas y huyen de situaciones confusas. Con la mudanza de normativa el inversionista emprende en otros países. Es necesario consolidar la inversión y permitir que los emprendedores obtengan ganancias legales. Ellos van a generar empleos ya que no hay otra forma de generar empleos. El Estado no crea trabajos salvo para los ungidos del partido gobernante.

Hay reformas urgentes, como las del sector justicia, que solo vía reforma constitucional se pueden materializar, pero en tanto, están las reformas necesarias -que el propio Congreso podría aprobar- de las leyes tributarias que son elementales para crear estabilidad y certeza, para consolidar una plataforma firme, consistente y técnica que promueva la inversión (que empiece a regir a principios de 2019); las leyes inmobiliarias que son concomitantes con las tributarias: revisar los valores de los inmuebles y las tasas del IUSI; las reformas de fondo de la normativa electoral: votación nominal y participación de comités cívicos en propuestas de candidatos a diputados; la ley de Servicio Civil para modernizar el sistema y limitar los nombramientos y despidos arbitrarios; las necesarias reformas al código de trabajo.

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