El Diccionario de la Lengua Española nos define “ilusión” como esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo, y eso era lo que se vivía en Guatemala hace un año tras los destapes de casos emblemáticos como el de “La Línea” y que continuaron este año con otros tan ilustrativos como el de Cooptación del Estado y el de TCQ. Pero resulta que el mismo diccionario, en su primera acepción, nos dice que ilusión es “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”, la cual corresponde más con lo que realmente se ha vivido a partir de la captura de Pérez Molina y de Baldetti.

En otras palabras, ahora algunos sienten perdida la ilusión que se tuvo hace un año, pero la verdad verdadera, como le gustaba decir a Vinicio Cerezo en los albores de este sistema democrático cooptado por los financistas, es que el cambio de Guatemala (el concepto, imagen o representación de nuestros anhelos) nunca tuvo una verdadera realidad y fue simplemente producto de nuestra imaginación y, de remate, por el engaño de nuestros propios sentidos.

Explicado semánticamente el problema en que estamos los habitantes de este bello pero desigual país, es bueno que veamos cómo es que los poderes fácticos se han ido reagrupando de manera eficiente y están ahora a punto de concretar, con la elección mañana de la Junta Directiva del Congreso, otro pacto de impunidad que se suma a los que históricamente han operado con toda eficiencia. Este pacto llega después de que los poderes fácticos asumieron el control pleno del poder judicial y del ejecutivo donde tienen como eficiente peón al mismísimo presidente de la República que está desesperado por las investigaciones a su entorno familiar. La finalidad inmediata del pacto es revertir los avances de la Comisión Internacional Contra la Impunidad y el Ministerio Público, objetivo que se proponen concretar lo antes posible.

Cuando se vive de ilusiones se termina volviendo a la realidad de manera muy cruel y dramática porque los espejismos mentales que nos hacemos sobre fantasiosos cambios (como los que nos vendió Taracena), terminan desapareciendo. El sistema no se movió ni un ápice en los casi 19 meses desde que nos anunciaron la implicación de Baldetti en el contrabando aduanero porque los ciudadanos se conformaron con la prisión de ella y de Pérez Molina y eligieron a alguien que se durmió al sueño mientras se enviaba de nuevo al Congreso a la misma calaña de siempre. Y como no hicimos nada, pues es lógico que tampoco hayamos logrado nada.

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