Edith González
“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Albert Einstein
“Mi papi le disparó a mi mamita” (Nuestro Diario páginas 2,4-11-16), fue la lapidaria declaración de un niño de cinco años, testigo presencial del asesinato de su madre, del ataque armado a otra mujer, quien también murió y el suicidio del padre.
Dolorosa tragedia que seguramente estará en la memoria del niño por el resto de su vida, pero la coyuntura de estos hechos se encuentra en lo que conocemos como “policías privadas”, que de manera recurrente, son noticia por estos crímenes.
Una funcionaria municipal fue asesinada en una farmacia de la 7ª. avenida entre 18 y 19 calle, zona uno, por un “policía privado” que declaró que creyó que la víctima era asaltante.
Un fotógrafo de Prensa Libre, Roberto Martínez, fue pasado a perdigones de escopeta del pecho a la espalda, durante unos disturbios por el policía privado que cuidaba un negocio, en el mismo rumbo del caso anterior y que “pensó que la cámara era una pistola”.
Estos asesinatos se producen cada cierto tiempo, pero ninguna autoridad se preocupa por encontrar una solución, lo que será muy difícil porque los propietarios de estas “policías privadas”, no tienen interés en mejorar el servicio, únicamente venderlo, y lo demás…
Oficialmente se conoce que hay 50 mil guardias de seguridad privada que laboran en 173 empresas autorizadas, una cifra que sobrepasa la cantidad de agentes de la Policía Nacional Civil, que llega a los 28 mil 500 agentes.
Sin embargo, el tema pasa porque estos “agentes” carecen de una educación básica, de un conocimiento real y de una cultura aceptable. Igualmente la vigilancia hacia las agencias de seguridad privada y su personal, es cero.
Funciona una dependencia en el Ministerio de Gobernación encargada de estas agencias de seguridad privada, pero eso y la “carabina, de Ambrocio,” (hablando de armas) es lo mismo. No sirve para nada.
Un claro ejemplo, es el del guardia que comentamos en el primer párrafo. Se supone que es prohibido llevar las armas y municiones a sus residencias, pero en este caso, el arma homicida es de la agencia para la cual trabajaba y se la llevó a su casa y con ella perpetró la tragedia. ¿Quién lo vigilaba…?
Usted se encuentra en el día a día con agentes uniformados de policías privadas portando escopetas o llevándolas en las mochilas en calles y avenidas, pero la Policía Nacional Civil, no se da cuenta o ¿no quiere darse cuenta?
En un país en donde mueren mensualmente asesinadas con arma de fuego cien personas, promedio, resulta altamente peligroso que los policías privados vayan por la calle armados y sin ninguna preparación.
¿Cómo podemos exigir policías privados bien entrenados, cuando el salario mensual no responde por lo menos al salario mínimo? ¿Cuál es el grado de escolaridad? ¿Qué entrenamiento tienen? ¿Cómo manejan la tensión? ¿Tienen seguro? ¿Cuánto entrenan en la semana? Y cuántas otras preguntas deberían de tener respuesta sobre este tema.







