POR MARIELA CASTAÑÓN
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Romper el silencio puede ser la diferencia entre la vida y la muerte

Según el Ministerio Público (MP), entre 2011 y 2015, conoció 291 casos de femicidio en grado de tentativa, mientras que el Organismo Judicial (OJ) emitió en el mismo periodo de tiempo 166 sentencias, sin embargo, más allá de cada número, existen vidas reales de mujeres que sufrieron la violencia originada por sus esposos o parejas sentimentales. A criterio de diferentes sectores de la población, la denuncia oportuna es la clave para evitar la muerte de mujeres.

“LA PRIMERA VEZ QUE ME GOLPEÓ ESTABA EMBARAZADA”

Alejandra Guerra es una sobreviviente de la violencia física. Su denuncia rompió el círculo de la impunidad. Guerra concedió una entrevista a La Hora y autorizó la publicación de su nombre, con el objetivo de recordar a otras mujeres la importancia de no callar la violencia y evitar la propia muerte.

Alejandra se casó cuando tenía 19 años, estaba embarazada de su hija, que hoy tiene 4 años. Su única ilusión era tener una familia que se amara y respetara, sin embargo, ese no fue su caso, ya que según ella, su esposo la empezó a agredir físicamente desde que estaba en estado de gestación.

“Cuando nos casamos él empezó a ser más obsesivo, más celoso. Yo soy balletista y él supuestamente iba a verme y apoyarme, pero era para estar con mis amigas. La primera vez que me golpeó fue cuando estaba embarazada, tenía siete meses y medio. Me enteré de que tenía una hija y tuvimos una discusión fuerte. Me lanzó en una cama, la cabecera tenía un tubo y me golpeé la cabeza. Uno piensa: fue una vez y va a cambiar porque me quiere y me ama. Regresé con él y seguimos nuestra relación”, dice.

De acuerdo con Guerra, aparte de que era agredida físicamente, tenía que tener dos trabajos porque su cónyuge no aportaba recursos económicos en el hogar.

La entrevistada dice que la violencia fue como una espiral que empezó con un empujón y trascendió a las patadas e intentos de asfixia. La primera denuncia la interpuso en 2013, pero desistió del proceso porque tenía la esperanza de que su pareja cambiara.

“Empezó a volverse más violento, ya no era solo un empujón, sino que varias veces me agarró del cuello. Una vez tuvimos una discusión porque tenía que recogernos a la nena y a mí. Tenía que pasar a las ocho de la noche y llegó a las tres de la mañana por estar jugando con un amigo –videojuegos. Tuvimos una discusión, me sacó del apartamento y me pateó. Me fui de la casa. Mis papás lo denunciaron, ahí pusimos la primera denuncia, pero después cambió y pensé que ya no iba a ser violento, duró tres meses más; después fue más fuerte –la violencia–”, dice.

De acuerdo con el testimonio de Guerra y la denuncia interpuesta en el MP en 2014 por violencia contra la mujer, su esposo le desvió el tabique nasal por una mordida, esto provocó que la joven decidiera tratar de alejarse de él, junto con su hija, que también fue afectada en esa ocasión.

“La última vez me mordió y desvió mi nariz, cuando tenía a la bebé en brazos. Fue cuando dije ‘ya no’ y tomé la decisión de denunciarlo porque ya no fue contra mí, sino contra la nena, porque me lanzaba puñetazos que también la alcanzaron a ella. Dije ‘no más’, pero él sabía cómo manipularme. Él me dañó física y psicológicamente. Tontamente me sentía inferior a lo que realmente era. Podía ser lo máximo en donde trabajaba, donde estudiaba, donde bailaba, pero me importaba mucho su opinión, creía que –yo– no valía la pena”, explica la sobreviviente.

La joven expresa que a pesar de que su esposo no puede acercarse a ella, comenzó a “servir” en la iglesia donde ella labora. Su intención es que desista de la denuncia de violencia que interpuso, sin embargo, ella no lo hará, afirma.

“Ahora él está sirviendo ahí, pero me han aconsejado que vaya a hablar con los pastores de la iglesia porque me busca y me habla. Me molesta porque me pide que regresemos y dice que ya cambió y no se ha querido divorciar –de mí–”, refiere.

Las consecuencias de la experiencia de maltrato físico y psicológico provocaron en Alejandra baja autoestima, desubicación y cansancio, pero finalmente logró recuperarse por terapias psicológicas, por el apoyo de su familia y el acompañamiento legal que le ha proporcionado la Fundación Sobrevivientes.

“Me deprimí y dejé de comer, me desubicaba siempre, estaba cansada y no daba lo mejor de mí en el escenario. Pero al ocuparme logré hacer otras cosas, busqué otros empleos y empecé a relacionarme con otras personas. Me di cuenta de lo que realmente valgo y lo que puedo llegar a ser”, indica.

Alejandra insta a todas las mujeres afectadas por violencia a no callar y terminar con el círculo de la impunidad.

“Aparte de no rendirse, no deben callar. Es necesario hablarlo y decirlo, uno puede ayudar a otras personas que se encuentran en esta situación. Uno piensa que no va a salir adelante o que es mejor quedarse donde está, pero no es así”, reitera.

PROCESO LEGAL

La Fundación Sobrevivientes asesora legalmente a Alejandra y también le brinda apoyo psicológico para que pueda superar la violencia que sufrió. Actualmente hay un proceso legal abierto en contra de Juan Diego Antonio Cotero Mendizábal, esposo de Guerra, quien, aunque fue detenido, fue beneficiado con una medida sustitutiva. Hay medidas preventivas para que no se acerque a Alejandra y si lo hace podría perder su libertad.

De acuerdo con Rodolfo Díaz, abogado de la Fundación, la mordida que le dio Cotero a Alejandra ocurrió el 17 de abril de 2014. Ella buscó a la Fundación varios meses después de interponer la denuncia. El caso estaba por vencer, pero fue tomado por la Fundación, debido a la magnitud de las agresiones sufridas.

Según Díaz, afortunadamente la joven presentó la denuncia el día que fue agredida físicamente, y por lo tanto, en el MP lograron documentar las fotografías de la agresión.

“Una de las ventajas que presenta el caso es que la víctima denunció el mismo día –de la agresión. Cuando ella acude a la Fiscalía, presenta la denuncia y es examinada por el médico forense para determinar las lesiones que tenía y también existió álbum fotográfico, donde se aprecian las heridas que le causó el sindicado, dentro de las tantas agresiones que fueron bofetadas, la ahorcó y las mordidas en la nariz”, indica Díaz.

De acuerdo con el abogado, las pruebas fueron sustentadas y congruentes con el relato de la joven, por lo que se logró tipificar el delito de violencia contra la mujer. (Lea el recuadro ¿Qué dice la Ley contra el Femicidio?).

“Existió un reconocimiento médico legal. Por ejemplo, en la cabeza se observa una herida de 0.5 centímetros; en el área nasal izquierda de la nariz, con desviación del tabique nasal hacia la derecha. Eso da credibilidad a lo relatado por Alejandra de que él fue quien la mordió. En el cuello hay una equimosis roja del lado posterior derecho y una equimosis lineal de tres centímetros, eso concuerda con lo que dice Alejandra en su declaración, que no solamente la abofeteó, la mordió, sino que también la estaba ahorcando. Esa herida en el cuello es el surco o la marca que deja la violencia que una persona ha ejercido para tratar de ahorcar”, explica.

El entrevistado agrega: “Él es bastante alto –el esposo– y la facilidad de cometerlo fue muy fácil. Está documentado el lugar donde ocurrieron los hechos y la certificación de matrimonio, con lo que se logra establecer el verbo rector del delito de violencia contra la mujer en el ámbito público o privado por ser esposos”, dice.

Díaz indica que el pasado 15 de abril se llevó a cabo la audiencia de fase intermedia del caso, donde el juez, luego de escuchar los argumentos de la Fiscalía, de los querellantes y de la defensa, abrió juicio por violencia contra la mujer en su manifestación física. En tanto, el 26 de mayo se realizó el ofrecimiento de prueba, el cual será útil para el debate oral y público. Actualmente está pendiente que se designe tribunal y fecha de cuándo iniciará el debate.

La Fundación Sobrevivientes espera que este caso obtenga una sentencia condenatoria por el delito de femicidio en grado de tentativa o violencia contra la mujer; romper el muro de impunidad y, con la sanción impuesta, salvar la vida de otras mujeres. (Lea el recuadro casos y sentencias por femicidio en grado de tentativa).

APLICAR LA LEY ANTES DE LA MUERTE

Hace algún tiempo, La Hora entrevistó a Miriam Ambrosio, jefa de sección adjunta de la Fiscalía de Delitos contra la Vida del MP, y a Erick Quintanilla, subjefe de la referida sección, para conocer los desafíos que enfrentan al investigar las muertes violentas de mujeres.

Quintanilla explicó la importancia de denunciar la violencia y no desistir, pues regularmente las agresiones vuelven con más intensidad y terminan en muertes.

“Las personas denuncian, pero al final desisten y ya no se presentan a ratificar, por ejemplo, para que les hagan un dictamen pericial, para determinar si hay daño psicológico. La otra Fiscalía que conoce los casos de violencia contra la mujer ha conocido que, en vez de que la violencia pare, continúa y termina con muertes. Es una alarma que se enciende, pero ellas no acuden a seguir el proceso que tendría que ser lo más sano, porque un hombre, al aplicarle la Ley talvez recapacitaría antes de que cometa otro delito más fuerte”, afirmó.

Actualmente la violencia contra la mujer es uno de los delitos más denunciados ante el MP y la Policía Nacional Civil (PNC). (Lea el recuadro Más de 142 mil denuncias por violencia contra la mujer).

¿Qué dice la Ley contra el Femicidio?

Artículo 1. Objeto y fin de la Ley. La presente ley tiene como objeto garantizar la vida, la libertad, la integridad, la dignidad, la protección y la igualdad de todas las mujeres ante la ley, y de la ley, particularmente cuando por condición de género, en las relaciones de poder o confianza, en el ámbito público o privado quien agrede, cometa en contra de ellas prácticas discriminatorias, de violencia física, psicológica, económica o de menosprecio a sus derechos.

El fin es promover e implementar disposiciones orientadas a la erradicación de la violencia física, psicológica, sexual, económica o cualquier tipo de coacción en contra de las mujeres, garantizándoles una vida libre de violencia, según lo estipulado en la Constitución Política de la República e instrumentos internacionales sobre derechos humanos de las mujeres ratificados por Guatemala.

Artículo 2. Esta ley se aplicará cuando sea vulnerado el derecho de la mujer a una vida libre de violencia en sus diferentes manifestaciones, tanto en el ámbito público como en el privado.

Artículo 7. Comete el delito de violencia contra la mujer quien, dentro del ámbito público o privado, ejerza violencia física, sexual o psicológica, valiéndose de las siguientes circunstancias:

a. Haber pretendido, en forma reiterada o continua, infructuosamente, establecer o restablecer una relación de pareja o de intimidad con la víctima.
b. Mantener en la época en que se perpetre el hecho, o haber mantenido con la víctima relaciones familiares, conyugales, de convivencia, de intimidad o de noviazgo, amistad, compañerismo o relación laboral, educativa o religiosa.
c. Como resultado de ritos grupales, usando o no armas de cualquier tipo.
d. En menosprecio del cuerpo de la víctima para satisfacción de instintos sexuales, o cometiendo actos de mutilación genital.
e. Por misoginia.

La persona responsable del delito de violencia física o sexual contra la mujer será sancionada con prisión de cinco a doce años, de acuerdo a la gravedad del delito, sin perjuicio de que los hechos constituyan otros delitos estipulados en leyes ordinarias. La persona responsable del delito de violencia psicológica contra la mujer será sancionada con prisión de cinco años, de acuerdo a la gravedad del delito, sin perjuicio de que los hechos constituyan otros delitos estipulados en leyes ordinarias.


Más de 142 mil denuncias por violencia contra la mujer

Datos del MP indican que en los últimos tres años, recibió un total de 142 mil 488 denuncias por violencia contra la mujer, en sus diferentes manifestaciones.

Los datos oficiales refieren que en 2014 registraron 54 mil 831 denuncias; en 2015, 56 mil 704 y en 2016, 30 mil 953.

Las formas de violencia más denunciadas son la física, psicológica y sexual, principalmente en los departamentos de Guatemala, Quetzaltenango, Alta Verapaz, Escuintla, Huehuetenango y Suchitepéquez.

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