50 años de Apolo 11: Primeros pasos en otro mundo

El astronauta Buzz Aldrin acompañado por el primer oficial Brad Meier y el capitán Travis Church vuela en un Flexjet Challenger 300, el 17 de julio de 2019. Foto la hora: Mark Von Holden/AP Images for Flexjet/Ap.

Por MARCIA DUNN
CABO CAÑAVERAL, Florida, EE. UU.
Agencia (AP)

Hace medio siglo, en un año caracterizado por guerras, hambrunas, violencia en las calles y una brecha generacional creciente, hombres del planeta Tierra tocaron por primera vez otro cuerpo celeste, y la gente alrededor del mundo se unió como nunca antes ni después.

Centenares de millones de personas, sintonizaron radios o contemplaron las imágenes borrosas en blanco y negro cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin, los astronautas del Apolo 11, pusieron sus pies en la luna el 20 de julio de 1969, en una de las hazañas tecnológicas más gloriosas de la humanidad.

El astronauta Michael Collins, quien orbitaba la luna a solas en la nave matriz mientras Armstrong proclamaba, “un pequeño paso para un hombre, un salto gigantesco para la humanidad”, observó con asombro cómo se unían todos los habitantes de la Tierra.

Esa sensación de unidad resultó efímera. Pero 50 años después, el Apolo 11, la culminación de ocho años de trabajo arduo en el que participaron 400,000 personas y se invirtieron miles de millones de dólares todo con el fin de ganar la carrera espacial y llegar a la Luna antes que la Unión Soviética sigue provocando emoción.

En ocasión del aniversario, la NASA, poblaciones, museos y toda clase de instituciones realizan ceremonias, desfiles y fiestas. Se lanzarán simultáneamente 5,000 modelos de cohetes frente a las instalaciones en Huntsville, Alabama, donde nacieron los colosales cohetes Saturn V. Se probarán modelos Apollo 11K y Saturn 5K en el Centro Espacial Kennedy de la NASA.

Armstrong, quien condujo el módulo Eagle al alunizaje cuando quedaban pocos segundos de combustible, murió en 2012 a los 82 años. Aldrin, de 89 años, el segundo en tocar la superficie gris y polvorienta, estuvo enredado recientemente en una demanda legal en la que dos de sus hijos trataron de que se lo declarase mentalmente incompetente, pero desistieron. Ha mantenido una presencia discreta en los días previos al aniversario.

En 1961, la NASA tenía apenas 15 minutos de experiencia en vuelos suborbitales el histórico vuelo de Alan Shepard cuando el presidente John F. Kennedy lanzó el reto de enviar un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década.

Ese año, la Unión Soviética llevaba la delantera en la carrera espacial con el primer satélite, el Sputnik, y el primer vuelo espacial tripulado, el de Yuri Gagarin.

John Tribe, uno de los primeros científicos especialistas en cohetes de Cabo Cañaveral, consideraba imposible cumplir el reto de Kennedy.

Al proyecto Mercury de la NASA siguieron los vuelos Gemini con dos tripulantes. El programa Apolo de vuelos con tres tripulantes sufrió un terrible revés en 1967 con la muerte de tres astronautas en un incendio durante un ensayo en la plataforma de lanzamiento. Pero los trabajos continuaban sin descanso entre temores de que los soviéticos llegarían antes a la Luna.

Bill Waldron recuerda que en Cabo Cañaveral se trabajaba “siete días a la semana, 12 horas por día durante seis meses” en los módulos lunares.

La presión en los días anteriores al vuelo era tan intensa que Collins tuvo tics en los dos ojos.

Al amanecer del día del lanzamiento, miércoles 16 de julio de 1969, un día de calor intenso, alrededor de 1 millón de personas atestaban las playas y caminos de lo que entonces se llamaba Cabo Kennedy en honor al presidente asesinado.

A las 9.32 hora local, el cohete Saturn V de 11 metros (363 pies) de altura se alzó con un rugido de la Plataforma 39A, transportando a los astronautas a su destino a 386,000 kilómetros (140,000 millas) del planeta. El módulo de mando Columbia y el módulo lunar llegaron a la Luna tres días después. Al día siguiente, 20 de julio, Armstrong y Aldrin descendieron sobre la superficie de la Luna en su módulo.
El alunizaje de los dos astronautas no era lo que más preocupaba a Collins. Más bien se preguntaba sobre el despegue de la luna y el regreso a la nave matriz. No expresó sus temores.

El presidente Richard Nixon había preparado un discurso para la eventualidad de un desastre: “El destino ha dispuesto que los hombres que fueron a explorar la Luna en paz se quedarán en la Luna descansando en paz”.

Sin embargo, el descenso fue más alarmante que la partida.

Faltando minutos para el alunizaje, una sucesión de alarmas de la computadora remeció al Eagle. Se encendieron las luces indicando precaución. Pero los controladores de vuelo habían ensayado esa situación hipotética antes del vuelo, y la misión continuó.
Entonces apareció un cráter lleno de piedras en el lugar indicado para alunizar, y Armstrong tuvo que prolongar el vuelo hasta encontrar un sitio seguro.

Poco después se escuchó la voz de Armstrong: “Houston, aquí la Base Tranquilidad. El Eagle ha descendido”.

Eran las 16.47 horas.

“Hay un montón de tipos cianóticos aquí. Hemos vuelto a respirar”, respondió el Control de Misión.

Armstrong fue el primero en descender los nueve escalones y tocar la superficie lunar a las 22.56 horas. Aldrin lo siguió 18 minutos después.

En una gravedad la sexta parte de la terrestre, recogieron rocas, instalaron experimentos y plantaron una bandera estadounidense con un armazón de alambres para que pareciera ondear en el vacío.

Habría cinco misiones más a la superficie de la luna una explosión obligó a abortar Apolo 13 antes de que se abandonaran los últimos tres vuelos y se pusiera fin prematuro a todo el proyecto.

En todo caso, el primer alunizaje elevó la moral de Estados Unidos y del planeta cuando más lo necesitaban.