Patadas de ahogado de Jimmy Morales y sus secuaces

Claudia Escobar

claudiaescobarm@alumni.harvard.edu

Es juez guatemalteca, reconocida internacionalmente por su labor en contra de la corrupción. Recibió el reconocimiento “Democracy Award”. Escobar ha sido fellowen la Universidad de Harvard y Georgetown University.  Doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona; Abogada por la Universidad Francisco Marroquín. También tiene estudios en ciencias políticas de Louisiana State University

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Claudia Escobar. PhD.
claudiaescobarm@alumni.harvard.edu

Cuando los guatemaltecos decidieron dar su voto de confianza a un cómico de tercera categoría, no se imaginaron que Jimmy Morales resultaría ser un verdadero cafre como presidente. Su incapacidad para dirigir la administración pública es evidente. En los dos años y medio que lleva en el poder, su gestión ha sido patética.

La única política pública que claramente promueve su gobierno, es la de neutralizar la lucha contra la corrupción y atacar a quienes trabajan por combatir ese flagelo. El retirar a veinte agentes de la Policía Nacional Civil asignados a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala -CICIG-, es una muestra irrefutable de su torpeza y necedad.

Sumado a lo anterior, abundan las denuncias penales en su contra, por hechos criminales de diversa índole: financiamiento electoral ilícito, enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad, resoluciones violatorias a la Constitución y tráfico de influencias, entre otros. Recientemente, un excanciller lo acusa de cometer abusos sexuales en contra de mujeres jóvenes que trabajan para el Estado. No recuerdo un mandatario que haya sido tan señalado. ¿Será que el Presidente tiene una predisposición para delinquir?

En una cultura machista, abundan ejemplos de hombres que aprovechan su posición de poder para seducir al sexo opuesto. Algunos recordarán los abusos y la violencia desatada en contra de las mujeres en República Dominicana, durante la época del dictador Rafael Trujillo (1930 – 1961). Mario Vargas Llosa relató los hechos –magistralmente-, en la novela titulada “La fiesta del chivo”. El laureado escritor advirtió que, no se debe ver el gobierno de Trujillo como un caso arqueológico, porque “Hay trujillos allí, a nuestro alrededor, frente a los cuales existe la misma ceguera que rodeó a este dictador.”

Pero si Morales pretende emular a Trujillo, debe saber que Guatemala no es la ciudad de Santo Domingo de mediados del siglo XX. De ser ciertos los señalamientos de acoso sexual a empleadas del sector público, seguramente alguna de las víctimas encontrará el valor de denunciarlo y presentará las pruebas en su contra. Por su parte, el Ministerio Público y los tribunales tendrían la ardua labor de llevar el caso con la objetividad e independencia requerida, para que se haga justicia y él reciba el castigo merecido.

Cada día surgen nuevos señalamientos en contra de mandatario y sus más cercanos colaboradores. La semana anterior, la embajada de Estados Unidos dio a conocer que, en el transcurso del año, su país ha cancelado más de dos docenas de visas a funcionarios y exfuncionarios por participar en actos de corrupción, abusos contra los derechos humanos, tráfico de drogas, lavado de dinero, tráfico o contrabando de personas, viajes inapropiados a los EUA u otras actividades ilegales.  Parece que los millones de dólares que, los defensores del status quo, se gastan en lobby no han sido del todo efectivos.

Para el gobierno de EE. UU., la CICIG es una pieza clave de la lucha contra corrupción y respaldan abiertamente la gestión del Comisionado Iván Velásquez, como bien lo dijo Helen Aguirre Ferré, funcionaria de la Casa Blanca. Los miembros de comunidad internacional intuyen que, sin la presencia de la CICIG, Guatemala sería un Estado Fallido; de manera que seguirán apoyando a la Comisión Internacional, aunque el Presidente quiera eliminarla. Por eso los distintos esfuerzos, de Morales, sus ministros y los grupos que lo apoyan para frenar la lucha contra la corrupción, no son más que patadas de ahogado.