Nuevo puente incorpora sensores sísmicos en California

Por CHRISTOPHER WEBER
LONG BEACH, California, EE.UU.
Agencia (AP)

Un puente bajo construcción en el segundo puerto más activo de Estados Unidos no solo representa un paso vital para camiones de carga y automóviles del sur de California sino que también constituye un importante experimento de cemento y acero para ingenieros y sismólogos.

El puente, que tendrá una extensión de 2 mil 680 metros (8 mil 800 pies) sobre el Puerto de Long Beach, contendrá 75 sensores sísmicos que medirán las fuerzas que registra ese tramo cuando una o varias de las fallas de las inmediaciones desata un temblor. El puente reemplaza al Gerald Desmond Bridge y debería estar listo el año que viene.

“No se construyen puentes nuevos con demasiada frecuencia, de modo que esto es muy importante”, declaró John Parish, director del Departamento de Topografía (Geological Survey) de California. El Programa de Instrumentación de Grandes Movimientos de esa dependencia será una de las oficinas que analizarán la información reunida por los sensores.

Los puentes y otras obras de infraestructura de California tienen sensores llamados “acelerómetros” desde la década de 1970. Uno que empezó a funcionar entre San Francisco y Oakland en el 2013 cuenta con más de 200.

Pero esta es la primera vez en que los sensores son incorporados al diseño del puente de entrada, según Duane L. Kenagy, ingeniero y subdirector ejecutivo interino del puente.

Señaló que el puente original “fue muy golpeado” desde su construcción en 1968. Un indicio de ello es la red que fue colocada debajo hace poco para contener pedazos de cemento que se desprenden. La vía “ya casi no tiene vida útil”, pero se considera que puede seguir siendo usada hasta que se concluya la construcción del nuevo puente, señaló.

Aproximadamente el 15% de la carga que llega a Estados Unidos en contenedores para por el puente a diario y es un punto de acceso clave para los vehículos que cubren el trayecto entre Long Beach y San Pedro, un barrio humilde al sur de Los Ángeles.

El nuevo puente, cuyo costo es de 1 mil 500 millones de dólares, es histórico no solo por la tecnología sismológica incorporada, sino porque es el primer puente atirantado (sostenido por cables) para vehículos en California. Estos puentes se distinguen de los puentes colgantes en que el puente en sí es sostenido en su totalidad por cables que se desprenden de dos torres de 157 metros (515 pies). Es un diseño muy sólido, que, según se ha comprobado, resiste fuertes terremotos y ataques terroristas.

“No puedes derribar el puente cortando uno o dos cables”, dijo Parrish. Este tipo de diseño, muy usado en Asia y en partes de Europa, está ganando popularidad en Estados Unidos ahora que nuevas maquinarias más grandes y materiales de alta tecnología abaratan sus costos. Además, es más fácil construirlos.

Diseñado para durar 100 años, el nuevo puente tiene suficiente altura como para permitir el paso de barcos de carga grandes y “puntos de aislamiento” elásticos que permiten que sus tramos se muevan independientemente sin dañar otros sectores. Las coyunturas y sostenes están diseñados de modo tal que no sucede nada si se rompen y pueden ser reemplazados fácilmente, permitiendo que el puente reabra rápidamente tras ser cerrado por un fuerte sacudón.

El puente viejo será demolido. No tenía sensores, de modo que los sismólogos e ingenieros están ansiosos por estudiar la información que suministrarán los sensores.

El puente se encuentra a pocos kilómetros de dos fallas activas –las de Newport-Inglewood y Palos Verdes– capaces de provocar temblores de magnitud de 6.5 a 7. Un temblor de magnitud 6.4 destruyó Long Beach en 1933. A 80 kilómetros (50 millas) se encuentra la famosa falla de San Andreas.

No se construyen puentes nuevos con demasiada frecuencia, de modo que esto es muy importante.
John Parish, del Geological Survey