Los milagros de La Negrita

Guillermo Paz Cárcamo

La Virgen de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, llamada popularmente La Negrita, es una Virgen que se le apareció a una campesina, mulata, sobre una piedra a la orilla de un manantial, cuando recogía leña. Ella vivía en un barrio discriminado, La Puebla de los Pardos, en las afueras de Cartago, en ese tiempo capital del país. Ese barrio solo lo habitaban mulatos, negros liberados, mestizos pobres y unos pocos indígenas. Corría el año 1635.

La mulata se llevó el hallazgo a su casa pensando en la suerte de haberse encontrado una estatuilla. La colocó sobre un estante y se dedicó a sus quehaceres. Al día siguiente volvió a la rutina de recoger leña, y de nuevo, en el mismo lugar, encontró otra figurilla igual, la tomó y se la llevó, pero cuando la colocó en el estante se dio cuenta que la otra estatuilla no estaba, lo cual extrañó, aunque no le puso atención al asunto.

Al siguiente día, la misma rutina, pero antes de recoger leña, intrigada, fue ver la piedra conocida y ahí estaba la estatuilla. Pensativa se la llevó, pero al ponerla en el estante se dio cuenta que la anterior no estaba. Turbada por el prodigio se la llevó al cura a quien le contó lo sucedido. El cura la guardó en el sagrario, pero al siguiente día cuando la buscó no estaba. Se dio la voz de alarma de la desaparición, pero al rato fue encontrada en la misma piedra a la orilla del manantial.

Fue entonces cuando el suceso fue considerado como un mensaje milagroso de la Virgen, de manera que en el lugar de su porfiada aparición se levantó una capilla para alabarla. Con el pasar de los años y los numerosos milagros prodigados por La Negrita, se construyó una magnifica Basílica, donde peregrinan cientos de miles de feligreses, a pie, a caballo, en bicicleta, tren, carro, cada 2 de agosto. De regreso, llevan agua del manantial, que no tiene ningún contaminante, es pura y se considera bendita.

La Negrita, es de jade verde oscuro, de apenas veinte centímetros, incluido el manto y el vestido. Una talla excepcional, pues el jade después del diamante es la piedra más dura que existe y no hay en Costa Rica –jade solo hay en la cuenca del río Huijo en Guatemala–. Con rasgos de mulata, la imagen de la Virgen de los Ángeles, carga en sus brazos un niño que también tiene una fisonomía de los llamados pardos, o sea mestizos de negro e indígena sobre todo, siendo así, la imagen un reconocimiento a la identidad cultural indígena y afrodescendiente de los costarricenses.

315 años habían pasado de su milagrosa aparición, cuando sucedió lo impensable: el santuario fue asaltado, el sacristán que se dio cuenta de la profanación fue asesinado y La Negrita fue despojada de sus joyas de valor incalculable. La población estalló en furia, tras lo cual se desató una febril cacería para dar con el profanador y criminal.

Lo encontraron con las joyas de la Virgen, pero le achacó el robo y crimen a José León Sánchez, un familiar joven, campesino, analfabeto, originario de un rancherío de indígenas huetares, llamado Cucaracho del Río Cuarto, e hijo de una campesina que ejercía la prostitución para mantenerse. Fue calificado como el crimen más abominable de toda la historia costarricense.

En la furia social, nadie se puso a indagar la veracidad del acusador, simplemente a José León lo apresaron, lo torturaron salvajemente, la iglesia lo excomulgó y el cuerpo de abogados firmó un documento donde se hacían cargo de cualquier sanción antes que defender al Monstruo de la Basílica, como le endilgaron a José León Sánchez.

Nadie lo defendió. Solo, sin entender, porque además su lengua era el huetar, fue condenado a cadena perpetua, marcado con el número 1713 y enviado a la prisión de la isla de San Lucas, la peor, en medio del océano, donde lo metieron en una bartolina bajo tierra, por años.

La vindicta pública estaba satisfecha, pero se dice que La Negrita, no. Ella sabía que era inocente y siendo sus caminos largos, son también de gracia. Resulta que, al cabo de los años, José León, fue un preso más sobreviviendo en la Isla-presidio. Otro reo le enseñó las primeras letras que luego le permitieron escribir cartas a otros presos: especie de ensayos vivenciales que sudaban anhelos y esperanzas imaginadas en aquellas soledades. También escribía cuentos, uno de ellos: El poeta, el niño y el río, ganó el primer lugar de los Juegos Florales, pero no se le permitió salir de la prisión para recibir el premio en el Teatro Nacional. En papel sobrante de sacos de cemento y con tucos de lápiz, escribió la obra que llegaría a ser cumbre de la literatura: La isla de los hombres solos, novela testimonial carcelaria que ha sido traducida a muchos idiomas, llevada al cine y de la que se han tirado más de tres millones de ejemplares.

Treinta años pasó encarcelado. Salió porque se revisó la causa, pero pasaron muchos más años para que fuera declarado inocente por la Corte de Constitucional y la Iglesia, que por primera vez en su historia pidió perdón por la condena a José León.

Su formación fue la cárcel. Además de La Isla de los hombres solos, publicó más de treinta libros. Escribió teatro, guiones de cine, cientos de artículos y muchos ensayos. En el transcurso de sus 90 años de vida, se hizo acreedor a múltiples condecoraciones y homenajes, incluyendo el Doctorado Honoris Causa de la UNAM de México, respaldado por su novela histórica: Tenochtitlán, la última batalla de los aztecas, con varios millones de ejemplares impresos.

José León Sánchez, el Monstruo de la Basílica, en el camino tortuoso de la gracia se convirtió en el costarricense más conocido y leído en el mundo, es el escritor tico universal por antonomasia. No hay otro. Esa transfiguración, la feligresía solo la ve como un prodigioso milagro de La Negrita.

A principios de este 2018 se realizaron en Costa Rica elecciones para elegir al nuevo presidente del país. En la contienda participaron trece candidatos nominados tanto por partidos tradicionales, como otros de distintas denominaciones, incluyendo los que sin tapujos se declararon vehículos políticos de iglesias neopentecostales, de la “Prosperidad”, que predican los ideales del neoliberalismo económico, acaramelado con pasajes bíblicos.

Pues bien, uno de esos partidos, llamado Renovación Nacional, dirigido por un autodenominado apóstol, postuló a su único diputado, pastor, cantante y animador de música cristiana, Fabricio Alvarado, como su candidato a la Presidencia de la República. En los primeros sondeos de opinión, Fabricio no apareció en el listado, pues no llegaba a superar el 3% del margen de error de las encuestas.

En el fragor político, un suceso inesperado, azaroso, enturbió el proceso electoral, dándole un sorprendente giro a la correlación de fuerzas políticas. Los primeros puestos se derrumbaron y el pastor Fabricio pasó a ocupar el primer lugar, con un 26% de la intención de votos. ¿Qué había sucedido para un cambio tan súbito, brutal e inédito?

Resulta que días antes del cotejo electoral, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un fallo que obliga a los países suscritos a la Corte, entre ellos Guatemala, a que las parejas de homosexuales contaran con los mismos derechos que tiene una pareja heterosexual. Por ejemplo, casarse oficialmente, participar del seguro social, compartir bienes, heredar, etcétera.

Fabricio, se montó sobre el fallo de la CIDH, propalando que de ganar las elecciones desconocería el fallo de la Corte, lo cual era falso, porque tendría que denunciar el tratado, un proceso de años. Pero, además, aprovecharon el tema homosexual para vilipendiar otras obsesiones neopentecostales como la educación sexual en escuelas y colegios, el aborto terapéutico, la ideología de género, las agrupaciones LGBTI, etc., enmarcado en el ideal de familia cristiana.

“De la mano de Dios lucharemos para que no se metan nunca más con la familia, no estamos dispuestos a impulsar una agenda LGBTI, quieren destruir los valores”

Frases de ese talante eran repetidas incansablemente. Emisoras radiales y televisoras evangélicas, se lanzaron en cruzada político-religiosa, nunca antes vista. Las 488 asociaciones evangélicas representadas en 3 mil 752 iglesias se unieron en una sola voluntad para llevar el evangelio de la prosperidad y a Fabricio a la presidencia.

Todas las encuestas le daban a Fabricio la ventaja para la segunda vuelta. La menos favorable daba un empate técnico, pero siempre con tres puntos arriba sobre el segundo contendiente, Carlos Alvarado, un periodista, administrador, exministro de trabajo y escritor.

Cuando parecía perdida la proverbial paz y armonía social tica, por el radicalismo religioso de los neopentecostales de la prosperidad, sucedió el milagro. El periódico conservador más leído de Costa Rica, La Nación, sacó un reportaje donde el autoproclamado profeta y apóstol Rony Chaves, a quien Fabricio reconoce como su guía, tutor y padre espiritual, destapó parte del contenido de su libro titulado “Las Líneas Ley ¿Realidad o ficción? Manual de Guerra Espiritual Estratégica sobre los alineamientos satánicos”. En el capítulo 14 escribe:

“El tema de la virgen de Los Ángeles es un verdadero tabú en Costa Rica… personaje religioso, que según nos enseña La Biblia no es ni más ni menos que un espíritu inmundo de alto nivel disfrazado en medio de un sistema religioso…Debemos reprender el poder de ese demonio…la Basílica de los Ángeles en Cartago es de vital importancia para Satán…”. Y de la romería al Santuario, apunta: “es una renovación anual de un pacto con el diablo que postra a gran parte del país ante los poderes del infierno”.

Al conocer semejantes improperios contra la milagrosa Virgen de los Ángeles, el pueblo católico y cristiano se indignó, pues La Negrita encarna el ser costarricense. Así que, a la hora del sufragio, ese pueblo, votó masivamente contra Fabricio y los neopentecostales de la prosperidad. El anunciado gane de Fabricio, dio un giro sorprendente: Carlos Alvarado sacó un 20% más de votos que Fabricio, algo inédito en la historia política de Costa Rica.

Pero, además, para sellar la voluntad de La Negrita, la vicepresidenta electa, es una descendiente de aquellos mulatos y negros libertos donde apareció la Virgen. Epsy Campbell se llama. Es la primera vicepresidenta afrodescendiente en América Latina y será la primera presidenta negra cuando sustituya al presidente en su ausencia.

Doble fue el milagro de La Negrita en esta ocasión: salvó la centenaria democracia costarricense y una descendiente de su origen afro gobernará ese designio.

Como dicen los “Tiquillos”: Al que no quiere caldo… dos tazas. Parafraseando: al que no quiere milagros, pues dos milagros.


PRESENTACIÓN

Los textos de historia de la Iglesia relatan la conversión milagrosa de Constantino al cristianismo.  Llenos de fantasía, algunos de esos libros, describen al hombre malvado que, tocado por Dios, concede en Roma la libertad de culto a lo largo del imperio. La verdad quizá no sea tanta rosa. El emperador romano no hizo sino una movida política por razones de conveniencia personal.

A partir de ese momento, siglo IV después de Cristo, las relaciones entre Iglesia y Estado, han sido complicadas. Las vicisitudes históricas han estado marcadas por intrigas y conspiraciones, en donde mueren Papas y se apuñalan Príncipes en una lucha entre las fuerzas del bien y el mal. Hasta nuestros días.

El texto de Guillermo Paz Cárcamo, nos muestra un nuevo capítulo histórico de esas relaciones pasionales de poder.  Esta vez ubicado no en la Roma eterna de Constantino, sino en la “Suiza Centroamericana”, en Costa Rica.  El escritor presenta un artículo complejo en donde sobresalen los actores políticos de las recientes elecciones ticas, la religiosidad de un pueblo entregado a la veneración de la Virgen de los Ángeles y la injusticia cometida contra un hombre que a la postre resultara uno de los escritores más famosos del país.

El Suplemento presenta, además, como ya es costumbre, un texto de creación literaria, a cargo de Adolfo Mazariegos, así como la crónica de Miguel Ángel Car, “Domingo de arena y ceniza…”, donde relata el acontecimiento reciente de la erupción volcánica en San Martín Jilotepeque.  Mención especial merece el artículo de José Manuel Monterroso, dedicado a la memoria de Eugenia delCarmen Cuadra, una académica ejemplar por su humanismo y testimonio de vida, que vale la pena registrar en estas páginas.

Con el deseo de que pueda disfrutar la lectura de nuestra presente edición, deseamos para usted un feliz fin de semana.  No olvide comentar los artículos en las páginas digitales del periódico y, Dios mediante, nos encontraremos de nuevo hasta la próxima.