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“La guerrilla narrada: acción, acontecimiento, sujeto” – Juan Duchesne Winter

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“La guerrilla narrada: acción, acontecimiento, sujeto” – Juan Duchesne Winter

Eduardo Blandón

En esta artículo presento algunas ideas entresacadas de la obra de Juan Duchesne Winter, titulada “La guerrilla narrada: acción, acontecimiento, sujeto”.  Se trata del esfuerzo por valorar un trabajo en el que el autor estudia el significado de la lucha guerrillera a través del relato de escritores guatemaltecos.  El texto fue presentado en el mes de diciembre del año pasado.

Tengan todos, muy buenas tardes.  Un saludo cordial a cada uno de ustedes que han decidido compartir con los organizadores, algunas reflexiones del texto que nos convoca, titulado “La guerrilla narrada: acción, acontecimiento, sujeto”, del profesor Juan Duchesne Winter.  Una obra que de entrada tiene el valor de ofrecer una síntesis de la producción literaria de autores inspirados en los años del conflicto armado interno.

El estudio tiene el propósito fundamental de hacer un análisis crítico que, superando lo literario, explora la experiencia vital de lo narrado por quienes fueron protagonistas en la lucha guerrillera a partir de la década de los 70.  Es un trabajo de disección en donde queda evidenciado las paradojas de una vivencia polivalente.

Duchesne clasifica las narraciones examinadas en tres grupos: normativas, heteronormativas y mixtas. Las normativas, dice el autor, se inclinan por un mensaje de carácter pedagógico, inspirador y modélico.  Las heteronormativas, son irreverentes, críticas y heréticas, apartadas de la línea ideológicas que aunaba a los primeros. Por último, las mixtas, que comparten características de ambos.

Son narraciones normativas, “la guerrilla fue mi camino” (1997) de Julio César Macías (César Montes); “La hora cero” (1997) de Miguel Ángel Cantú; “Los años de resistencia” (1998) de Miguel Ángel Sandoval; “Mujeres en la alborada” (1998) de Yolanda Colom; e “Insurgentes” (2004) de Santiago Santa Cruz.

Entre las heteronormativas están en primer lugar, tres obras de Marco Antonio Flores, “Los compañeros” (1976), “En el filo” (1993) y “Los muchachos de antes” (1996).  Se agregan, “Los que se fueron por la libre” (1998) de Mario Roberto Morales; “Naufragio de las palabras”  (1998) de Edmundo Urrutia y “La guerra de los 36 años vista por una mujer de izquierda” (2001) de Chiqui Ramírez.

Por último, entre las narraciones mixtas están, “El trueno en la ciudad” (1987) de Mario Payeras; “Ese obstinado sobrevivir” (2000) de Aura Marina Arriola y “El sueño quebrado” (2004) de Plinio Eduardo Cortés.

Si bien el autor dice que cada estudio es en gran medida independiente, las líneas trazadas en su conjunto dan cuenta de vivencias en las que lo originario fue la ilusión de una generación inconforme dispuesta a cambiar la sociedad guatemalteca.

A partir de ahí, cada protagonista interpreta los acontecimientos, los analiza y expone, tratando de darles una unidad explicativa que fundamente la propia conducta.  El resultado está en la lectura de textos que dan fe de posturas críticas, ortodoxas o esforzadamente equilibradas.

Duchesne sostiene su edificio textual, a partir de la obra de Alain Badiu y Paul Ricoeur, citados recurrentemente, en el sentido del análisis del sujeto que emerge en la articulación del acontecimiento.  Además, dice “(sé parte) del principio de que la acción humana, dado su carácter temporal, se tiende a articular como trama narrativa”.

En este sentido, dice el autor, “el acto de testimoniar es tan verbal como transverbal, tan histórico como antihistórico y tan ligado a la experiencia como liberado de ella”.  O sea, la lectura de los textos debe recogerse como momentos interpretativos de acciones nunca definitivos, pero orientadores de horizontes para la comprensión de las vivencias.

Por otro lado, el libro sigue la inspiración de John Beverley, que convoca al análisis de textos con la intención de recuperar la memoria en un período fundamental de los países que tuvieron conflictos armados.  Según Beverley “hace falta hoy más que nunca recuperar la herencia de la lucha armada, no sin un sentido de distancia, a la vez histórica y crítica -no se trata de idealizar o repetir fórmulas anticuadas- pero sí con espíritu de admiración, amor y respeto”.

  • alfonso villacorta

    el libro se tuvo que llamar “La guerrilla narrada: luces, cámaras, acción! porque es más figurada que, como diría, ivan, jor dicho.
    lo que nos enseña, aún sin leerlo es que es una verguenza que tengan que ser extranjeros los cerebros analíticos y ni entre varios “telentosos” académicos chapines se han unido para hacer una especie de seminario que explique la guerrilla que degenero en pazilla y por eso seguimos peor que antes

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